CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 23/11/2017, 22:02

Economía cubana 2017: de los pañales a la emisión digital de la televisión

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Se trata de noticias que en cualquier país del mundo libre no tendrían referencia en los medios: alcanzar un 60% del territorio con la señal de la televisión digital o construir una fábrica de pañales desechables y almohadillas ocupan, en cambio en Cuba, un espacio destacado en los medios de la prensa oficial del régimen. Podríamos preguntarnos por qué. Y sobre todo, cómo hemos llegado a aquí.

El funcionamiento de una economía es sencillo, y complejo a la vez. Cuando alguien decide por su cuenta y riesgo interferir en las decisiones de los agentes que libremente deciden lo que quieren producir y lo que desean comprar, empiezan problemas realmente graves. Y en Cuba, desde 1959, cuando se dieron los primeros pasos hacia la estatalización de los medios de producción, la prohibición del mercado como instrumento de asignación de recursos y la creación de complejos entramados burocráticos para la planificación, intervención y control de la economía, comenzó el desastre que nos lleva a la situación actual.

Ni más ni menos que es una noticia digna de los medios “alcanzar con la televisión digital al 60% del territorio nacional”, además, anunciar quedándose tan tranquilos, que el 100% no llegará hasta 2023, si es que finalmente se produce. Esto se escuchó en un Foro sobre la televisión digital, al que asisten, además de autoridades castristas, representantes de empresas chinas como Haier, Compunicate, Huawei y Kitking, interesadas lógicamente en la adopción por parte de Cuba, de la norma DMTB, creada por el país asiático. Un Foro que coincide con el hecho de que en Cuba todavía funciona la televisión analógica, un paquidermo del pasado que ha desaparecido de la mayor parte de países del mundo. Ese atraso en los medios audiovisuales es un ejemplo del control económico por el estado y de la ausencia de intereses privados en el funcionamiento de la economía.

No es un problema tecnológico, ni de cualificaciones profesionales. Tampoco es de inversiones o de diseño de una red adecuada para alcanzar toda la población, que tampoco se encuentra tan dispersa en el territorio como para plantear problemas a la emisión digital de televisión. El problema es de atraso, de falta de interés por parte del estado de dar servicio a los cubanos, del hecho triste que no es hasta 2013 que la señal digital empieza a verse en la isla.

Y como siempre, el gobierno, que es responsable de todo en la economía, hablará de la necesidad de “superar limitaciones físicas en los centros de transmisión; de eliminar la saturación del espectro radioeléctrico, ocupado hoy, entre otros factores, por la transmisión simultánea de las señales digital y analógica; de mejorar la programación de los canales de alta definición, hoy semivacíos, así como la radiodifusión de datos, y superar las escaseces registradas en el mercado en cuanto a cajas decodificadoras y componentes para la instalación de las mismas se refiere”. Problemas que de buen seguro, compañías privadas competitivas no tendrían y que habrían resuelto de forma brillante hace décadas.

Conviene recordar, haciendo un poco de historia, que en los años 50 Cuba ya tenía unos niveles de televisión superiores a los de la mayoría de países de Europa, y además, se preparaban las instalaciones para la emisión en color, cuando aún en EEUU ni siquiera estaba previsto. De aquel mundo avanzado, competitivo, creativo, en el que los empresarios privados como Gaspar Pumarejo, eran capaces de organizar estructuras de televisión privada rentables, de audiencias masivas que han servido de inspiración a muchas cadenas con posterioridad, se ha pasado a una sociedad en la que alcanzar el 100% de cobertura de la digital no sólo se considera un hito memorable, sino que se reconoce que plantea no pocos problemas económicos, de organización, de filosofía.

La otra noticia de impacto mediático en la prensa oficial castrista hace referencia a una fábrica de pañales desechables y almohadillas sanitarias de la compañía vietnamita Thai Binh Investment Trading Corp, que está previsto que se construya en la Zona Especial de Desarrollo Mariel. La inversión alcanzará 9 millones de dólares para producir 210 millones de unidades de culeros anualmente, encaminados a satisfacer las necesidades del mercado cubano y de otras naciones de la región.

La obra de la fábrica se deberá iniciar antes de finalizar el año y suministrará pañales para recién nacidos, así como tallas para adolescentes, adultos y personas de la tercera edad. Productos que, por otra parte, atienden necesidades de los consumidores, y que se encuentran fácilmente disponibles en los establecimientos comerciales en la mayoría de los países del mundo. Fabricar desde Cuba estos artículos para el mercado interno me parece una magnífica noticia. Nada que objetar.

Los cubanos tienen derecho, los primeros, a no pasar privaciones y tener atendidas sus necesidades de forma prioritaria con las empresas que operan en su territorio. Pero me temo que esto no será lo que acabará ocurriendo. Y que por mucha demanda interna que hayan detectado los inversores vietnamitas para estos productos en Cuba, la obtención de ingresos y por ende de beneficios para esta inversión estará en el exterior, si el nivel de poder adquisitivo de las familias cubanas no mejora de forma importante.

Los vietnamitas han demostrado con creces que no se andan con boberías. Con un sistema político comunista, han mejorado de forma notable su despliegue agrícola e industrial en las últimas décadas y de ser un país con hambrunas periódicas por falta de productos agropecuarios, ahora son una potencia exportadora a los mercados asiáticos. Las transformaciones producidas en los derechos de propiedad de la tierra, el Doi Moi,que han ido mucho más lejos que las castristas, son responsables de esa ejecución positiva de la economía. Cierto es que faltan libertades democráticas, pero las clases medias de la nación asiática se ensanchan y mejora notablemente su nivel de vida y prosperidad. En Cuba, como inversores globales, vienen a fabricar pañales y almohadillas. Una paradoja de la llamada revolución castrista que ha consumido todos sus esfuerzos en un sistema político y económico dominado por principios ideológicos que quedaron muy atrás en el tiempo a finales de los años 80 del siglo pasado.

Noticias como éstas no tendrían atención en los medios de comunicación del mundo libre. En Cuba si. A lo mejor nos acaban convenciendo que la culpa de todo es del embargo. Ja.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 03/12/2017, 21:58

Dejando para 2019 lo que no pueden hacer hoy

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¿Quién dijo que iba a ser fácil? Granma ofrece una noticia que muestra el deficiente proceso de atracción y desarrollo de la inversión extranjera por el régimen castrista. Una tarea que se está convirtiendo, por mor de las trabas burocráticas comunistas, la falta de experiencia y el escaso atractivo que surge de muchas de estas iniciativas, en un auténtico calvario. Cómo si no entender que un proyecto integrado en la primera Cartera de Oportunidades de Inversión Extranjera, que se presentó hace casi tres años, en 2014 por la multinacional suiza Nestlé, anuncie que para 2019, es decir, dentro de dos años, empezará a desarrollar sus operaciones en la zona del Mariel.

En total, habrán sido 5 años, un largo lustro, para que una fábrica torrefactora dedicada a la producción de café y otras cosas (no se trata de un proyecto de alta tecnología espacial) empiece a dar sus frutos. En cualquier otro país de América Latina, una inversión de estas características, se pone en funcionamiento en menos de un año. En Cuba, exige 5 y bueno, ya veremos qué pasa al final.

Tras los proyectos de inversión extranjera que se interesan por operar en la isla, como éste de Nestlé que ya funcionaba en Cuba antes de 1959 y fue víctima de la ola salvaje de confiscaciones y expropiaciones de los mismos que mandan todavía en el país (cada uno ya sabe lo que tiene que hacer con su dinero) pasan un auténtico calvario de negociaciones, contactos, presentaciones, idas y venidas con la maraña de empresas estatales del régimen en ese sector y los funcionarios y burócratas del gobierno, que hacen ciertamente difícil llegar a concretar algún resultado práctico. No es extraño que Granma, en el día después del recuento de votos de las selecciones del domingo, dedique un espacio a tratar este asunto. No son muchos los proyectos que llegan a un final, sobre todo, si la producción no comienza realmente hasta 2019.

Este proyecto ejemplifica, igualmente, de qué modo se están organizando las inversiones extranjeras por el régimen castrista que, lejos de lo que muchos creen, se convierte en árbitro y controlador del proceso, dejando muy poco margen a los empresarios privados al frente de sus negocios. La intervención estatal llega, incluso, a canalizar el tipo de producción que se debe realizar, alterando los planes iniciales de los inversiones, como ha ocurrido con este proyecto de fábrica de café, ampliado más tarde a la producción de galletas saladas, dulces y cremadas, productos culinarios y alimenticios en polvo, englobados bajo la etiqueta Maggi que actualmente se importan con un elevado coste para la economía nacional. Lo que no es claro, es que esta inversión extranjera en las condiciones actuales de poder adquisitivo de la población cubana, vaya a alcanzar unos umbrales de rentabilidad si se ve obligada a concentrar sus ventas en el mercado interno sustituyendo importaciones por valor cercano a 100 millones de dólares. Ya se verá.

En todo caso, estamos en 2017 y los responsables del proyecto insisten en que habrá que esperar a 2019 para que la empresa pueda comenzar sus operaciones, teniendo en cuenta, dicen y cito textualmente, “la complejidad del proceso inversionista”. Más preocupante será la disponibilidad de materia prima obtenida en el interior del país, sobre todo si se pretende igualmente reducir la dependencia del exterior. Es muy posible que este tipo de cuestiones continúen sin estar resueltas en 2019, al menos actualmente no es posible.

Granma señala igualmente que otros proyectos de inversión extranjera llevan el mismo camino. Se trata de “cuatro proyectos en fase de negociación adelantada” con inversores italianos, españoles y eslovacos en la creación de empresas mixtas para la fabricación de pastas frescas, confituras, aguas, refrescos y cerveza, igualmente dirigidos al mercado interno.

Este tipo de noticias de Granma, en momentos como el actual, suenan más a propaganda para hacer frente a la tensión interna de una población asolada por la falta de alimentos en los mercados estatales, que otra cosa. Jugar a pensar siempre en el futuro, sin prestar atención a los problemas del día a día, es una mala opción, pero que al régimen castrista le ha funcionado razonablemente bien durante 58 años. Mientras los mercados estatales están vacíos y los de oferta y demanda experimentan las elevaciones de precios derivadas de una oferta limitada por la distribución logística, hay quiénes están pensando en el coste del proceso seleccionador en que llevan los cubanos varios meses. ¿Alguien del régimen ha dado alguna cifra de lo que cuesta esta farsa que solo sirve para mantener en el poder a los que ya están? Tal vez, si hubieran datos económicos del coste de los procesos seleccionadores nos llevaríamos alguna sorpresa. No en 2019, sino ahora mismo.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 10/12/2017, 21:18

¿Por qué escasean los medicamentos en las farmacias cubanas?

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Granma ha publicado una información en la que señala que funcionarios y dirigentes de Biofarma y MINSAP aseguran que se estabiliza paulatinamente la disponibilidad de medicamentos en las farmacias cubanas. Un problema de la industria farmacéutica que “ha provocado numerosas faltas y bajas coberturas de fármacos en la red de farmacias del país”, convirtiéndose en un asunto de la máxima preocupación para los cubanos.

Lo cierto es que con datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información de Cuba y entre 2014 y 2016, se ha producido una evolución nada favorable en las ventas de productos farmacéuticos en la isla. Así, de un valor total de 1.519 millones de CUP en 2014, que aumentaron a 1.564 millones de CUP en 2015, el dato de 2016 refleja un descenso muy significativo, situándose en 1.487 millones de CUP, de modo que en los tres años se ha producido una reducción del 3% que aumenta al 5% si se compara con el año anterior. La situación en 2017 puede ser incluso peor, aunque no se disponen datos. No es extraño que aumente la preocupación. Ello ocurre, además, en un momento en que el indicador general de circulación minorista de la economía crece continuamente, a tasas modestas, de año en año.

La discrepancia entre la evolución del sector farmacéutico y la economía en general, ha llevado a Granma a investigar sobre las causas que han producido la situación. Un aspecto fundamental se refiere a la elevada presencia de productos fabricados por la industria nacional en el conjunto de los medicamentos que configuran lo que denominan “cuadro básico”, unos 800. Como consecuencia de ello, cuando la industria se encuentra en situación de dificultades, su peso en el total se nota, dada la escasa dependencia de las importaciones de medicamentos.

¿Y por qué la industria atraviesa problemas? La respuesta aquí no va a ser muy distinta de la que se podría obtener en otras actividades de la economía. Un primer factor explicativo está en la falta de financiación para pagar a los proveedores, el tradicional problema de falta de liquidez de la economía, lo que impide abonar el precio de adquisición de las materias primas, materiales de envases, e insumos que necesita la industria, altamente dependiente, aquí si, de las importaciones (China, India, Europa) para todos estos bienes intermedios que se incorporan en el proceso productivo.

Así que la falta de financiación está detrás de la paralización de las fábricas durante el año 2016 y parte del 2017, al no disponerse de los recursos a tiempo, pero también, una absurda dependencia de bienes intermedios (materias primas, envases, etc) que tal vez deberían ser producidos de forma prioritaria por la industria cubana, pero que actualmente no lo son. Habría que preguntarse por qué.

Granma, señala, ¿cómo no? que otro ámbito de la responsabilidad se encuentra en el “bloqueo norteamericano”, que justifica “elevados gastos por la no utilización del dólar en las transacciones, dificultades en los bancos, tener que utilizar terceros países para lograr adquirir equipos, piezas de repuesto de fabricación americana, reactivos químicos y otros insumos, y adquirir las materias primas en mercados muy lejanos con largos periodos de entregas, donde los fletes muchas veces son aéreos, lo cual provoca tener que erogar más divisas de lo que cualquier otro país gastaría para poder obtenerlas”, etc, etc. Como si el único mercado de suministro de bienes intermedios del mundo fuera Estados Unidos.

Granma apunta que para resolver el problema, los dirigentes del Minsap y BioCubaFarma han estado trabajando para “lograr la disponibilidad de al menos un medicamento por grupo farmacológico”. En cierto modo, no se resuelve el problema de fondo, financiación y dependencia de importaciones.

Entonces, ¿qué han hecho? Primero, proponer soluciones parciales y coyunturales que solo sirven para producir algo de optimismo en cuanto empiezan a “entrar un volumen importante de materias primas, lo que permite fabricar más medicamentos”. No obstante, el problema se mantuvo porque lejos de dar una solución integral, los parches rara vez funcionan.

Algunos medicamentos esenciales, como los diuréticos tiazídicos o el Enalapril y el Captopril, empezaron a entregarse de forma racionada, pero las entregas fueron muy limitadas y en muchos casos “o no se encontraban en la red de farmacias, o la disponibilidad que había era inferior a las necesidades de la población”, estimada en 1,4 millones de cubanos en tratamiento.

La llegada a cuentagotas de los medicamentos a las farmacias cubanas explica el bajo nivel alcanzado por la venta de productos farmacéuticos en 2016. Las autoridades consideran que, con ello, “la industria se ha ido recuperando, manteniendo estable la mayoría de sus producciones”. Con todo, se destaca que “la mayor afectación se produce con la entrega de la Dipirona, producto altamente demandado por la población cubana, que requiere más de 1.000 millones de tabletas de este analgésico al año”. Un producto con una cobertura muy inestable, porque las plantas no tienen capacidad para producir los niveles demandados.La autarquía económica tiene sus consecuencias. Esta es una de ellas.

Segundo, centrar la vigilancia y el control en las farmacias. El Minsap lanzó un control sobre el 100% de las farmacias (comunitarias, y del estado igualmente) en un intento de asumir las insatisfacciones de la población en relación con la falta de medicamentos.

Asombroso: el control de las farmacias dio como resultado un “grupo de insuficiencias en el funcionamiento de muchas de ellas, relacionadas con la propia solicitud de medicamentos a los almacenes proveedores, el proceso de mantenimiento y reparación de la infraestructura de las propias farmacias, la falta de preparación del personal y con la falta de compromiso y responsabilidad que de alguna manera podían conducir a ilegalidades y a hechos de corrupción, muchos de los cuales fueron identificados en esa visita”.

Ilegalidades y corrupción en las farmacias. La salud, uno de los “logros” de la revolución, no funciona bien, o al menos eso se reconoce. Y por ello, el régimen hace lo de siempre y se lanza a una campaña de “control y fiscalización en las farmacias, preparación del personal, aseguramiento material, aseguramiento y atención a los trabajadores”. En suma, más de lo mismo. El resultado, el previsto: “sanciones y represalias a un grupo importante de trabajadores de los servicios farmacéuticos, algunos de ellos llevados incluso a procesos penales, por estar involucrados en la venta ilícita de medicamentos”. El peor rostro represivo del régimen en la venta de medicamentos.

La solución está clara, pero en Cuba es inviable al menos hoy. Yo les recomiendo que visiten alguna de las farmacias que regentan cubanos en Hialeah o New Jersey, e incluso en Madrid, y verán lo que es eficiencia, buena gestión y control. La realidad es que la propiedad estatal de los medios de producción acabará siendo abolida de la economía cubana. Es un desastre. No tiene sentido. En los medicamentos, hay razones para pensar que todos estos problemas se podrían haber resuelto con la receta que precisa Cuba: más empresa privada, más mercado y libre elección. Sin embargo, el régimen va en sentido contrario, con más burocracia, represión y control. Ya verán, en poco tiempo volverán a escasear las medicinas.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 17/12/2017, 12:25

Lo que necesitan de verdad los empresarios de Cuba

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Orlando Hernández Guillén, presidente de la Cámara de Comercio de la República de Cuba, instó a "elevar la capacitación del empresariado cubano, imperativo para lograr el paulatino desarrollo económico del país" (periódico Guerrillero 1 de diciembre). Hace falta tener poca vergüenza para decir este tipo de cosas, o haber perdido la memoria histórica de lo que se denomina como “revolución”, para proclamar algo así en la república socialista de Cuba, donde en la constitución, de forma clara, no sólo está proscrita la propiedad privada de los medios de producción, sino que conceptos como emprendedor, empresa o empresario, ni se mencionan. Incluso, en los documentos oficiales hasta se orillan de manera falsaria, utilizando términos como “nuevas formas productivas” o en el peor de los casos, “cuenta propistas”.

El régimen comunista instaurado por los Castro en 1959 destruyó la base social y económica del empresariado privado cubano que tantos esfuerzos había costado en los primeros años de existencia de la República. Empresarios que habían sido líderes en sectores tradicionales como el azúcar, pero también en las nuevas tecnologías que en los años 50 del siglo pasado se iban abriendo camino, como la televisión, las finanzas y la banca, eran cubanos, nacidos y formados en Cuba, y habían surgido del éxito de aquella nación perdida en la memoria histórica. Muchos de ellos, que tuvieron que exiliarse por la presión del nuevo régimen comunista, ejercieron trayectorias profesionales de éxito en el exterior que asombraban allí donde el destino los llevó a establecerse.

Mientras tanto, en Cuba, en menos de dos años y a base de leyes confiscatorias sin expropiación, buena parte de los negocios y empresas de Cuba pasaron a manos del único que podía concentrar la propiedad: el estado comunista. No fue hasta 1967 que, no contentos con la primera fase de expolios generalizados de la riqueza nacional, los dirigentes del régimen acabaron con los restos de actividad privada que habían sobrevivido a la quema inicial, al poner en marcha la nefasta “ofensiva revolucionaria” que sancionó un modelo estalinista de control total de la economía, sin mercado, basado en la planificación estatal directiva y en el que empresa, empresario o propiedad privado fueron arrancados de la vida de los cubanos para siempre.

Ahora, cuando el régimen se encuentra más necesitado que nunca de financiación para mantener el caduco estado intervencionista y los llamados “logros de la revolución”, este dirigente cameral sale al paso con “la necesidad de ganar en preparación para avanzar en la inversión extranjera, tema que amerita una mejor asimilación por el sector empresarial”, con motivos de la asamblea territorial de los asociados en Holguín. Una vergüenza y una ofensa histórica para los cubanos.

Las cámaras de comercio castristas se nutren, actualmente, de las empresas estatales propiedad del régimen y sus dirigentes son funcionarios que obedecen las consignas trasladadas desde los ministerios y organismos creados para el control de estas empresas. Conceptos como autonomía de gestión, creatividad, innovación, riesgo, que son esenciales para la actividad empresarial están muy lejos de la agenda de estos gestores. Los únicos privados que podrían asemejarse a las empresas que conocemos tienen muy difícil formar parte de estas corporaciones, y en caso de hacerlo, se someten a un control externo nada beneficioso para sus prácticas.

Conviene tener presente que estos “cantos de sirena” del dirigente cameral van acompañados de consignas políticas que mantienen la firmeza del régimen en sus planteamientos erróneos. Por ejemplo, esto es lo que se desprende de su alegato a favor de “fomentar la inversión de capital foráneo sin que ello signifique vender el país ni retrocederlo al capitalismo, sino ampliar las posibilidades de recursos, tecnologías y mercados para contrarrestar el bloqueo estadounidense y concretar las aspiraciones económicas”. Planteamientos que pueden sonar muy bien en la cúpula dirigente comunista del país, pero que tienen que sentar realmente muy mal a los inversores y empresarios extranjeros que acuden a interesarse por la aburrida cartera de oportunidades que el castrismo ofrece a la inversión extranjera.

Además, el dirigente cameral hizo referencia a “la falta de conocimientos del empresariado cubano, lo que limita la explotación de recursos y capacidades, por lo que es primordial erradicar esas ineficiencias mediante una superación continua”. En este punto, alguien debería haber tomado la palabra y ejercer el sentido crítico que recoge la constitución castrista de 1992 para tratar de explicar que esa falta de conocimientos y experiencia de los gestores se debe, fundamentalmente, al abandono durante 58 años de la enseñanza empresarial en Cuba y cualquier técnica relativa a la misma que, en algunos casos, se consideraba como una amenaza a la seguridad nacional del país en los tiempos de mayor extremismo.

A mi todo esto me parece un absoluto despropósito. Hablar de insuficiencias en los empresarios y carencias en sus conocimientos y competencias en el régimen castrista no sólo es aburrido, sino que pasa por convertirse en un nuevo eje de distorsión de una realidad que se pretende camuflar. Y me explico. Si de verdad quieren empresarios, ya saben cuál es la solución. Dejarse de tanta empresa estatal controlada burocráticamente y autorizar el ejercicio de la libre empresa por los cubanos en todos los sectores de la economía, bien por sí mismos, o por medio de joint ventures con foráneos.

Libertad de ejercicio empresarial para todos, empresas estatales y privadas, acompañada de un régimen garantista de derechos de propiedad privada que permita la acumulación de riqueza, la legítima obtención de rentabilidad junto al crecimiento sostenible. No hay otro camino, incluso bajo el asfixiante control político comunista y totalitario, chinos y vietnamitas ya han indicado por dónde debe ir el camino. Negar la evidencia es hacer el ridículo una vez más en foros nacionales e internacionales, como este de las cámaras.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 21/12/2017, 20:27

¿Sirven para algo las reformas de las empresas estatales castristas?

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Lo cierto es que sorprende que en Cuba todavía alguien pueda creer que se logren empresas eficientes, bien organizadas y eficaces, con la publicación de unas “Bases programáticas del partido comunista o unos lineamientos más o menos inconcretos”. En diversas ocasiones, he reflexionado en este blog sobre este tipo de cuestiones que, a la larga, terminan siendo un obstáculo para que la economía cubana mejore, y sea eficiente y productiva.

El peso hegemónico del estado en la economía, la apuesta principal de la llamada “revolución” y responsable directo del desastre económico en estos 58 años de castrismo, es un gran error sistémico que debió ser eliminado hace décadas. Un buen momento habría sido el denominado “período especial”, tras el derrumbe del muro de Berlín, cuando las fuerzas productivas de la economía mostraron que treinta años de intervencionismo estalinista no habían eliminado el deseo de emprender de los cubanos, ni mucho menos.

No se quiso hacer entonces, y por el contrario, la recentralización de poder económico del estado castrista beneficiado por el petróleo chavista, terminó de liquidar cualquier expectativa de libertad en la economía cubana. Lo peor fue que en esos años, Fidel Castro, a título personal, destruyó el principal sector de la economía, el azúcar, que desde entonces pasó a ser marginal e insuficiente.

La llegada al poder de Raúl, y su afán por extender el llamado perfeccionamiento empresarial que se había implementado en la economía controlada por el ejército desde los años 80, hizo que algunas iniciativas reformistas fueran viendo la luz. Casi siempre a cuentagotas, y con el resquemor a enterrar la herencia ideológica de Fidel, al menos en vida.

Lo cierto es que en todos los enunciados de política económica de estos últimos años, en la llamada “Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista”, así como en las “Bases del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030. Visión de la Nación, Ejes y Sectores Estratégicos” y en el documento de los “Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución para el período 2016-2021” se insiste, una y otra vez, en lo que llaman “perfeccionamiento del sistema empresarial, otorgando gradualmente a las direcciones de las entidades nuevas facultades, definiendo con precisión sus límites, con la finalidad de lograr empresas con mayor autonomía, efectividad y competitividad, sobre la base del rigor en el diseño y aplicación de su sistema de control interno; mostrando en su gestión administrativa orden, disciplina y exigencia. Evaluar de manera sistemática los resultados de la aplicación y su impacto”.

Un enunciado que ofrece una idea bastante sorprendente de lo que el régimen castrista considera que necesitan las empresas de propiedad estatal, sus empresas, para ser más eficientes. Y es verdad que “autonomía, efectividad y competitividad” necesitan más flexibilidad, pero no es suficiente. Digamos que, siendo condición necesaria para cualquier mejora del sistema empresarial, no basta con este tipo de enunciados. Hay que ir más allá.

La respuesta es clara, pero los dirigentes castristas no lo acaban de implementar. No les queda otro remedio, como a chinos o vietnamitas. El estado debe apartar sus manos de la dirección de las empresas de la economía. Como máximo, su papel de regulador debe quedar bien definido, pero nunca se debe encargar de la gestión directa de la producción de bienes y servicios, salvo casos concretos.

El régimen castrista se ha ido despojando de determinadas funciones de intervención directa en las empresas. Eso es cierto, pero ese proceso no ataja el problema principal relativo a la titularidad de los activos y el sistema de derechos de propiedad. Mientras que los cubanos no tengan derecho a acceder a la propiedad privada y sigan dependiendo de un estado intervencionista que dirige sus vidas en todos los aspectos sociales, económicos y personales, en Cuba no habrá nada que hacer.

Así de claro. Ni con estímulos a los trabajadores, ni facilitando a las empresas la venta de sus eventuales excedentes, ni ensayando mercados minoristas o mayoristas para la distribución de insumos, ni propiciando acuerdos con empresas del exterior, ni cambiando las funciones de la UEB, la OACE, la OSDE y demás mecanismos de intervención, ni modificando las órdenes y encargos estatales a las empresas, ni separando o uniendo organismos y dependencias ministeriales, ni incorporando actividades de seguros, evaluación de activos, auditorías, estudios de factibilidad y consultorías, ni tampoco facilitando el pago por resultados, ni toda la panoplia de parches y medidas más o menos inconexas que la propaganda oficial se empeña en presentar como cambios reales. Nada de eso sirve. Insisto. Se trata de soluciones puntuales a problemas mucho más generales de la economía, y así no hay solución posible.

Existe un camino alternativo, que la ideología comunista bloquea a todos los cubanos: la propiedad privada de la economía. No tiene sentido que Cuba aparezca en las estadísticas mundiales como un país en el que el estado es dueño del 80% de los activos y derechos de propiedad de la nación, cuando la media internacional rara vez supera un 20%. Esa diferencia en la titularidad de los derechos de propiedad de los activos económicos se tiene que trasladar de forma ordenada y masiva e integral a los agentes privados, a los cubanos para que puedan ejercer con libertad absoluta sus derechos económicos, hasta ahora proscritos y sometidos a control.

La libertad económica arranca de una distribución de los derechos de propiedad en la economía a favor de los agentes privados, reservando al estado las funciones de distribución, estabilización y asignación de los recursos, así como la regulación de actividades, dentro de esquemas y formatos compatibles con los que existen en otros países con los que se compite. Cuba y su economía no pueden continuar siendo un agujero negro de ineficiencia en la globalización mundial competitiva. Cuando quieran en el régimen explicar por qué las inversiones extranjeras no se dirigen hacia la famosa “cartera de oportunidades”, que reflexionen sobre lo que significa tener explícitamente en un texto constitucional la supeditación de la propiedad privada al estado y la libertad de expropiación. La conclusión no les va a gustar, pero es la única que sirve.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 24/12/2017, 13:20

Cabrisas ante la Asamblea Nacional: 2017 un año de tensiones

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La verdad es que no hacía falta esperar a la Asamblea Nacional, ni tampoco a las declaraciones vacilantes de Cabrisas ante la Comisión de economía, que se han divulgado en la prensa oficial del régimen, para saber que la economía castrista en 2017 ha vuelto a registrar uno de los peores ejercicios de su historia. Con las estimaciones de CEPAL ya sabíamos que el crecimiento económico apenas había alcanzado un 0,5% uno de los más bajos de toda América Latina. Ahora el pésimo escenario se confirma, y el máximo responsable de la gestión económica en Cuba declara que "ha habido grandes retos en las actividades productivas y de servicios, dadas las tensiones financieras y materiales". Lo mismo de siempre.

Retos en las actividades productivas. Primera pregunta, ¿para quién? No hemos quedado que el estado posee más del 80% de los activos existentes en la economía nacional y es el directo responsable de hacer que funcione la maquinaria económica. Pues bien, ya tenemos un responsable directo de la parálisis: el estado castrista y su maremágnum de directrices, reglas, imposiciones y frenos a la libertad económica, que no son otra cosa que la expresión más clara del bloqueo que el régimen mantiene sobre los cubanos. La receta parece simple pero las resistencias ideológicas pesan, y mucho. La propiedad de los medios de producción debe ser devuelta a los agentes económicos privados, y ellos deben ser los protagonistas del funcionamiento de la economía.

Segunda cuestión, ¿tensiones financieras y materiales? Las primeras no parecen estar claras. Tras la condonación de deudas del Club de París, el régimen había obtenido un valioso salvavidas para afrontar el futuro desde una mejor posición de solvencia. Entonces, ¿dónde ha quedado todo eso? ¿De dónde vienen las tensiones financieras? ¿No se están pagando los plazos de la deuda?

En cuanto a las tensiones materiales, Cabrisas reconoce que sin petróleo de la Venezuela chavista, la economía intensiva en combustible de los Castro no puede funcionar. El dato oficial es alarmante: “la producción de petróleo equivalente, se ha incumplido en 38.000 toneladas. La importación de combustible ha sido muy tensa y al cierre de noviembre las entregas se incumplen en 431.000 toneladas”. La cuestión es quién va a sustituir a Venezuela en los suministros de petróleo semi gratuitos para que el régimen siga produciendo derivados de petróleo para reexportar. No lo se.

Con una economía al borde de la bancarrota, incapaz de generar producción suficiente para las necesidades de sus nacionales, y completamente endeudada con el exterior, Cabrisas defiende que para “proteger las principales prioridades, ha sido posible garantizar la sostenibilidad de los servicios básicos a la población y los principales niveles de actividad contemplados en el plan”. Y pienso que una vez más, el que empieza una casa por el tejado acaba viendo como se derrumba. Lo hemos dicho en tantas ocasiones que una vez más tampoco se pierde nada. No es posible mantener servicios básicos ni nada parecido, si la economía es improductiva, ineficiente y carece de competitividad. Las bases de la economía productiva deben servir para financiar la actividad del estado, y no viceversa. Aunque el dueño de todos los activos de la economía sea el estado, el despilfarro y el déficit no son la mejor receta en tiempos difíciles. Lo que suele ocurrir es que se tiendan a empeorar los indicadores de referencia. Y eso es lo ocurrido.

Me imagino que las declaciones de Cabrisas ante la Comisión de Asuntos económicos de la Asamblea Nacional del Poder Popular habrán agotado la paciencia de algún diputado, sobre todo, cuando volvió a decir, por otro año más, “no significa que podamos sentirnos satisfechos”. Los cubanos de dentro de la isla deben ser conscientes, que en cualquier país democrático esa resignación del ministro, debería ir acompañada de una petición de dimisión. Y si ésta no se produce, el cese fulminante. En Cuba, eso no ocurre, y me temo que el año que viene, la eterna combinación de factores que impactan en la economía van a seguir siendo los mismos, y que las explicaciones de Cabrisas, también.

Lo demás, ya lo saben. Una vez más, salió “la persistencia del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos”, el asunto de “los incumplimientos por exportaciones de bienes y servicios, la disponibilidad de combustible, así como la inejecución de programas inversionistas y las afectaciones derivadas de la sequía y el huracán Irma”. Con la excepción del huracán o la sequía, que podría ser atendida si se realizaran adecuadas obras de infraestructura hidráulicas, el resto de los problemas tienen un responsable más que evidente: el dueño de los activos de la economía, el estado, que no gestiona bien, que incumple.

Más ejemplos. Cabrisas hizo referencia a “las dificultades en la utilización de los créditos, pues al cierre de noviembre se han ejecutado solo el 70,1%”, una evidencia del pésimo funcionamiento del sistema bancario en manos del estado.

De igual modo, las inversiones en infraestructuras, tan necesarias para corregir el deterioro del capital productivo nacional, vuelven a quedar por debajo de lo planificado, “el plan de inversiones debe cerrar en el orden del 90,8%, debido a atrasos en las importaciones de insumos y recursos e incumplimientos en los cronogramas de ejecución”, lo mismo que el transporte de cargas por debajo de lo establecido, “se cumple al 94,6% en tanto que la de pasajeros mejora discretamente” sin datos.
En ese sentido, Cabrisas explicó la importancia de las inversiones asociadas al desarrollo de infraestructuras, potenciación de ingresos en divisas, obras en la Zona Especial de Desarrollo, turismo, transporte ferroviario, fuentes renovables de energía, así como ampliación de capacidades de almacenamiento, pero es evidente que sin liquidez ni financiación, todo puede acabar en lo mismo. En nada.

En el lado contrario, Cabrisas destacó “los resultados positivos obtenidos en las actividades de la construcción, comercio y turismo, así como suministro de electricidad, gas y agua”, que como ya he señalado al evaluar el informe de CEPAL, no son suficientes para estimular el crecimiento que necesita la economía.

La industria alimentaria también va “a cumplir los niveles productivos fundamentales, y los renglones agropecuarios principales reportan cifras favorables, entre ellos, el tabaco agrícola, hortalizas, frijoles, viandas, carne bovina y de cerdo; aunque decrecen las producciones de huevos y leche”. Los últimos datos de ventas de productos agropecuarios dados a conocer en la ONEI así lo atestiguan, si bien las ventas en las tiendas estatales han descendido notablemente con relación al resto de puntos comerciales que funcionan en el país.

De lo expuesto por Cabrisas, destacar el pésimo negocio que tiene el régimen en relación con la estadía de barcos en la isla. Parece que esta es otra actividad que explica las resistencias a la llegada, por ejemplo, de cruceros. Según el ministro, “los gastos asociados al pago por estadía de barcos asciende a 10,5 millones de dólares aproximadamente. En ese sentido, resulta totalmente contradictorio que los gastos relacionados con la disponibilidad de transporte suman 385.500 dólares, mientras que por problemas en la gestión de los organismos receptores se han erogado más de 3 millones”. Una vez más, la misma pregunta, ¿a quién corresponde resolver esos problemas de gestión de los organismos receptores que son de propiedad estatal?¿no sería mejor y más eficiente que esa actividad la realizaran operadores privados?

Y para concluir, lo que ya nos temíamos. Si 2017 ha sido un mal ejercicio para la economía cubana, Cabrisas en un ejercicio de realismo pesimista anuncia que lo peor está por llegar y que “la tensa situación del 2017 repercutirá, sin dudas, en los resultados del año venidero”. Nadie dijo nada. Habría que preguntar a Murillo, por cierto, ¿dónde está?
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 26/12/2017, 19:43

Murillo y los "Lineamientos"

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Apareció Murillo. Al fin. Y lo hizo para presentar en la Asamblea Nacional un informe relativo al estado de la implementación de los "Lineamientos" del partido, que dirige la economía nacional. Es lo suyo.


Básicamente, vino a decir que desde el 7º congreso comunista hasta el presente, ha estado trabajando “en la culminación de los cuatro documentos programáticos discutidos allí, cuya consulta abarcó a más de un millón de personas” para un total de “100 políticas aprobadas, divididas en tres grupos: las que habían cumplido los objetivos planteados, las que lo hicieron parcialmente y las que mostraron mayores problemáticas y no habían alcanzado los propósitos”.

Una ingente labor. Sin duda. Fundamental para lograr el funcionamiento eficiente y la competitividad y productividad que necesita la economía cubana para romper su círculo vicioso. No conozco país alguno que sus responsables económicos dediquen tanto tiempo a poner en orden todo este volumen de información. Para algo debe servir.

Murillo señaló que del ingente trabajo realizado “se aprobaron ocho prioridades”. Básicamente, las siguientes: “acabar de resolver el ordenamiento monetario, en el entendido de la unificación monetaria y cambiaria; terminar la elaboración del Plan de Desarrollo a largo plazo; garantizar el desarrollo de la empresa estatal socialista como forma primordial de la economía y lograr mayores incrementos de la inversión extranjera dentro del proceso de desarrollo del país”.

Para la unificación monetaria, que duerme el sueño de los justos, sin que se tenga ni la menor idea de lo que va a ocurrir, se crearon 13 subgrupos de trabajo integrados por más de 200 personas, a los que se ha encargado, y cito textualmente, “que laboren con toda intencionalidad en este tema”.


Murillo declaró ante la Asamblea que “la dualidad monetaria y cambiaria tiene un efecto en toda la sociedad y la economía. Tiene que ver con la formación de precios, los ingresos de las personas, la capacidad de compra del salario…”. Yo creo que tiene que ver con muchas más cosas. Sobre todo con la credibilidad de una economía y el impacto negativo que tienen las decisiones políticas e intervencionistas en la economía de planificación central, cuando el objetivo no es la eficiencia, sino recaudar y recaudar más y más, para gastar. Resolver este problema no será fácil.

Ojalá que haya algún avance a resultas de los trabajos y estudios que se estén haciendo en estos asuntos porque, y en eso coincido con Murillo, “no se logra un verdadero orden económico y monetario si el trabajo no se convierte en la primera fuente de ingresos de la población”. En Cuba, donde el nivel salarial es de los más bajos del mundo, va siendo hora de que los salarios empiecen a remontar aproximándose a los niveles de productividad. Ya se que es difícil, porque el estado intervencionista detrae una parte muy importante de las rentas para financiar sus desorbitados gastos sociales, pero no queda más remedio si se pretende conseguir ese “orden económico y monetario” del que está tan necesitada la economía castrista.

En relación con las empresas del estado, Murillo señaló que “el entorno monetario no las favorece”. Cierto. Pero no lo es menos que las decisiones adoptadas, en el sentido de más autonomía y facultades, la creación de las OSDE y las UEB, las juntas de gobierno, o las relaciones de las empresas con el Presupuesto permitiendo una retención de las utilidades del 50% después de impuesto, no ayudan demasiado a mejorar la situación de mal funcionamiento, ineficacia y costes.
Lo cierto es que las empresas estatales carecen de visión estratégica, no pueden capitalizar sus beneficios en favor del crecimiento y están sometidas a un asfixiante control por parte de burócratas que no son capaces de liderar los indicadores directivos con éxito.

Al final las viejas prácticas estalinistas en las empresas estatales subsisten a pesar de los lineamientos y todas las reformas, como las “desviaciones, sobre todo en la aplicación de los sistemas de pago” o las desigualdades en relación con “los salarios y los pagos sin respaldo productivo”, asuntos que preocupan a Murillo porque ya no tiene dinero para subsidios.

Más grave fue lo que dijo respecto a “las fórmulas no estatales”, como las cooperativas no agropecuarias y los trabajadores por cuenta propia, al señalar “desviaciones de la idea inicial para lo que fueron diseñadas”, sin avanzar mucho más. Para corregir esta situación, el régimen aprobó una nueva política para este sector, que no supone retroceso, según Murillo, y que pretende atacar lo que calificó como “indisciplinas, corrupción y desviaciones”. Al final, una vez más, el estado castrista que interviene en la economía para someterla a control, no admite que los emprendedores abran espacios de libertad. Lo hicieron desde 1959, en 1967 y en distintos momentos de la historia. Y lo volverán a hacer. Los derechos económicos en Cuba nunca serán respetados por este régimen.

De ese modo, en relación con las cooperativas no agropecuarias, se limita su número, se les obliga a tributar a nivel territorial (sin duda para tener un mayor control de su actividad), se limita su ámbito de actuación a nivel espacial, se limita el número de trabajadores contratados, y se establecen “límites de ingresos” para que la diferencia “entre el socio que más gana y el que menos lo hace, solo pueda ser de tres veces”. Con estas medidas, el futuro de las cooperativas no agrarias está comprometido, y pueden acabar pasando a la historia sin pena ni gloria.

Peor aún con relación a los trabajadores por cuenta propia. En este caso, Murillo anunció que “solo podrán tener una autorización; se reduce la cantidad de autorizaciones, pues hay licencias que se integran; se redefinen los alcances de las actividades y las cargas tributarias”. En definitiva, un golpe directo en la línea de flotación de este colectivo que lucha por sobrevivir frente a la presión de agentes de la seguridad del estado, inspectores tributarios, policías, etc. El objetivo de poner orden, como dice Murillo, ha ido demasiado lejos. La reducción que cabe esperar de la oferta tendrá consecuencias nefastas sobre los precios.

Murillo declaró ante la Asamblea, que las “80 políticas, 18 aprobadas, concluidas 15 y en diferentes fases de elaboración 47” en las que se ha trabajado en los últimos años confirman que “los problemas que hemos enfrentado en la actualización del modelo han sido más complejos de lo que pensamos”. Tal vez porque el sistema económico no necesita “actualización” sino reestructuración, como hicieron chinos y vietnamitas hace años. Actualizar lo que no funciona ni sirve, carece de sentido. Lo que se tiene que hacer es devolver a la economía cubana al modelo que existe en el resto de países del mundo, y todos estos problemas complejos desaparecerán porque los agentes económicos privados se encargarán de resolverlos.

De las inversiones extranjeras o del plan de desarrollo, los medios no recogen información alguna. Eso si, se habló de mercados mayoristas para abastecer a los cuenta propistas y evitar “acaparamientos”, de los agentes de telecomunicaciones que compran tarjetas en Etecsa con un descuento de hasta un 10% que a Murillo le pareció bien porque cuenta con aceptación de la población, de eventuales experimentos con el transporte público en La Habana para no se sabe bien qué, y la creación de un mercado mayorista para la actividad gastronómica para “los insumos más masivos, llámese arroz, harina para masas de pizza…”. Adiós a las mulas y sus “viajes de negocios”. Tienen sus días contados. Tanto trabajo para esto.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 26/12/2017, 19:49

Guajiro. ha scritto:Murillo y los "Lineamientos"

Para la unificación monetaria, que duerme el sueño de los justos, sin que se tenga ni la menor idea de lo que va a ocurrir, se crearon 13 subgrupos de trabajo integrados por más de 200 personas, a los que se ha encargado, y cito textualmente, “que laboren con toda intencionalidad en este tema”.

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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 31/12/2017, 13:08

¿Por qué no va bien la inversión extranjera en Cuba?

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Alguien debería explicar a los dirigentes comunistas de La Habana que la “cartera de oportunidades” es un instrumento poco adecuado para captar inversiones extranjeras. Demasiada es la confianza que se otorga a la cartera para “dinamizar los procesos inversionistas, en especial los vinculados al capital extranjero”. No es oro todo lo que reluce en el ámbito de la globalización económica y, en general, el inversor internacional es poco proclive a seguir recomendaciones de gobiernos intervencionistas y poco favorables a la libertad económica.

Si a ello se unen las preocupantes “dilaciones excesivas del proceso negociador” y la necesidad de “superar la mentalidad obsoleta llena de prejuicios contra la inversión foránea”, según proclamó el mismo Raúl Castro ante la Asamblea Nacional del Poder Popular en diciembre de 2016, preocupado por la deficiente marcha de la política de inversiones extranjeras, el círculo vicioso queda cerrado.

Insisto, si los dirigentes comunistas, como Déborah Rivas Saavedra, directora general de Inversión Extranjera, del Ministerio de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera (Mincex), creen que con la “cartera” y acelerando trámites van a conseguir superar el marasmo y retraso de las inversiones extranjeras en Cuba, por otra parte necesarias para suplir la carencia de divisas de la economía, están equivocados porque resulta evidente que se requiere hacer otras cosas y además, muy distintas.

Deberían saber, por ejemplo, que a mayor intervención y regulación, trámites, normativas y demás, menos interés tendrán los inversores extranjeros en Cuba. Generalmente, se trata de empresarios que van buscando economías para apostar por proyectos de los que esperan obtener réditos superiores a los que obtienen en su país de origen. Nadie cambia de lugar de residencia si no es para mejorar. Lo mismo ocurre con el capital. Si no consiguen esos objetivos en un país, o no los ven claros, simplemente se van a otro.

El fenómeno de la “reversión tecnológica”, bien conocido por los economistas, está detrás de estos procesos. Las tecnologías que se van quedando obsoletas en los países más avanzados, se trasladan a otros con menores costes y vuelven a ser rentables alargando su ciclo vital. En última instancia, son las empresas y sus dirigentes, los responsables de adoptar las decisiones de deslocalización, y los gobiernos, a lo sumo, deben responsabilizarse de crear un entorno estable para que esos negocios se puedan realizar normalmente.

Cuando se analiza la política del régimen castrista para atraer inversores internacionales, es fácil concluir sus pésimos resultados. ¿A quién se le puede ocurrir crear nada más y nada menos que un Ministerio, el Mincex, como organismo rector de la política de inversión extranjera? Generalmente, la burocracia ideológica no sólo espanta a los inversores, sino que los lleva a desconfiar de los intereses que mueven estas operaciones. Más práctico, e incluso rentable, sería crear una agencia privada independiente de captación de inversiones, con autonomía y capacidad para relacionarse con potenciales inversores.

A pocos inversores extranjeros gusta que les digan en qué tienen que poner su dinero, y además, con quién tienen que hacer el negocio que, además se reserva la acción de oro (el estado así lo hace en Cuba). Tampoco es de su agrado comprobar que en el cálculo de los valores mínimos del suelo para los negocios con capital extranjero por sectores y zonas aparecen diferencias que resultan incomprensibles, más aun en un país en que el estado es el único dueño en que pueden materializar los proyectos de inversión. Nada fácil de entender.

Por si fuera poco, estar hablando siempre del “impacto negativo del bloqueo, la dualidad monetaria y cambiaria, así como las restricciones de liquidez”, tampoco es bueno para atraer el capital extranjero porque genera incertidumbre. Se trata de problemas cuya solución está al alcance del régimen, y si no lo hace, sus razones tendrá.

A pesar de todo ello, las autoridades parecen optimistas por haber logrado alcanzar en 2017 un importe de capital comprometido que supera los 2.000 millones de dólares, para un conjunto de 80 proyectos que todavía no se han concretado, y “otros 15, con un volumen de inversión superior a los 900 millones de dólares, que andan en fase avanzada de las negociaciones”. Curiosa manera de informar a la Asamblea nacional sobre un sector y una actividad, a la que el régimen otorga la máxima relevancia, llegando incluso a aprobar una Ley específica que raya con la constitución de 1992 en algunos preceptos.

Además, trasladar la responsabilidad del éxito de las inversiones extranjeras a las empresas estatales cubanas no parece sensato. ¿Por qué tienen que ser las empresas estatales los únicos beneficiados de esos flujos de capital foráneo? ¿Qué impide a los arrendatarios de tierras, a los cuenta propistas o a las cooperativas, por ejemplo, formalizar operaciones de inversión extranjera?

La solución es fácil, si las empresas estatales se muestran poco proclives a atraer capital del exterior, bien por capacitación o por estar acostumbrados a una penosa obediencia vertical que limita su capacidad de gestión, la solución es ampliar la base de potenciales receptores de capital extranjero. Estoy seguro que muchos cuenta propistas verían cómo sus negocios prosperan atrayendo franquicias extranjeras, por ejemplo, o asociándose en joint ventures con startups que aprovechen el capital humano existente en el país. Y para todo esto, la realidad es que la “cartera de proyectos” sobra. Créanme.

De los cambios de mentalidad de las empresas estatales, de lo que hablan estos días en la Asamblea Nacional, a una plena liberalización de los movimientos de capital existe un largo trecho por recorrer, que nada tiene que ver con el ritmo titubeante de la llamada actualización del modelo económico. La libertad de empresa en Cuba combinada con los derechos de propiedad y la integralidad del mercado como instrumento de asignación de recursos, son la receta para el desarrollo económico del país y la mejora de su prosperidad. Otros que se encontraban atrapados por la ideología comunista, como Estonia, han apostado por estas recetas, y ahí están, viviendo su milagro durante más de una década.

La liberalización de las fuerzas productivas de la economía cubana no tiene nada que ver ni con “jerarquizar el tema de la inversión extranjera, cambiar las mentalidades, actualizar la economía para ser eficiente, capacitar a los gestores de las empresas estatales, agilizar los plazos o cambiar las normas". Condición tal vez necesaria, pero no suficiente.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 07/01/2018, 12:55

El verdadero interés de La Habana en Mogherini

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El régimen castrista, en su urgente necesidad de encontrar financiación exterior para la economía, ha desarrollado una estrategia de acercamiento a la Unión Europea que ha llegado a su fin, al menos de momento, con la reciente visita de Federica Mogherini a La Habana. El acuerdo es un texto vago, de líneas generales en las que cabe cualquier cosa, pero no engaña a nadie en cuanto a sus objetivos.


Detrás de este escenario de propaganda, Cuba desea acceder a los fondos económicos, ciertamente sustanciosos, del denominado Acuerdo de Cotonú, eje central de la colaboración entre la Unión Europea y sus estados miembros con otros 79 países pertenecientes a tres continentes,África, Caribe y Pacífico, países ACP en las siglas, que habían sido, en su día, colonias de los estados de la Unión.

El Acuerdo de Cotonú se firmó en 2000, teniendo como objeto principal la reducción de la pobreza para contribuir a su erradicación, ofreciendo apoyo al desarrollo económico sostenible, cultural y social de los países socios y facilitando la integración progresiva de su economía en la economía mundial. Sus antecedentes arrancan del texto fundacional del Tratado de Roma en 1957, ampliado posteriormente la cooperación por dos Convenios de Yaundé y los cuatro de Lomé.

El Acuerdo establece un marco de estrecha colaboración entre los países firmantes, basada en una serie de principios fundamentales:
• Los socios del Acuerdo son iguales
• Los países determinan sus propias políticas de desarrollo
• La cooperación no es solo entre los gobiernos; también los parlamentos, las autoridades locales, la sociedad civil, el sector privado y los interlocutores económicos y sociales también desempeñan una función
• Los acuerdos y prioridades de cooperación varían según algunos aspectos como los niveles de desarrollo de los países


Desde su entrada en vigor, se han creado instituciones conjuntas para apoyar la aplicación del Acuerdo, como el consejo de ministros ACP, que recibe ayuda del Comité de embajadores y mantiene diálogos políticos, adopta directrices políticas y toma decisiones para la aplicación del Acuerdo. Esta institución está encargada de presentar un informe anual sobre los progresos a la Asamblea Parlamentaria Paritaria ACP-UE y como órgano consultivo presenta recomendaciones sobre la consecución de los objetivos del Acuerdo.

No cabe duda que la dimensión política del Acuerdo de Cotonú es importante ya que incluye, entre otros:
• Un diálogo político completo sobre cuestiones nacionales, regionales y mundiales
• El fomento de los derechos humanos y los principios democráticos
• El desarrollo de políticas para la consolidación de la paz y la prevención y resolución de conflictos
• El tratamiento de cuestiones relacionadas con la migración y la seguridad, incluida la lucha contra el terrorismo y la proliferación de armas de destrucción masiva


Hasta la fecha, el Acuerdo se ha basado, principalmente en el impulso y desarrollo de actividades de cooperación cuyos objetivos son: el desarrollo económico de los sectores industriales, agrícolas y turísticos de los países ACP; el desarrollo social y humano para mejorar los servicios de salud, educación y nutrición, y la integración y cooperación regional para fomentar y desarrollar el comercio entre los Estados ACP. Todas estas actividades se financian a través del Fondo Europeo de Desarrollo que entre 2014 y 2020 cuenta con un presupuesto de 33,1 mil millones de euros. No obstante, contiene cláusulas importantes en materia de comercio de servicios, tecnologías de la información y comunicación, así como movimientos de capitales.

Visto desde esta perspectiva, el interés del régimen castrista por acceder al Acuerdo de Cotonú es más que evidente, por cuanto puede actuar como beneficiario, tanto recibiendo ayudas para el desarrollo interno, como participando en los programas de salud, educación y nutrición, que reciben una financiación muy destacada. Además, este Acuerdo depende de la representante de la política exterior europea Federica Mogherini, de ahí la máxima atención recibida en La Habana y las muestras de cariño y afecto como la visita a La Habana vieja con Eusebio Leal y el cardenal. El régimen, que accedió a generosos planes de condonación de las deudas con los países firmantes del Club de París, y su conversión posterior en ayudas al desarrollo, tiene ahora en el ámbito de Cotonú un instrumento esencial para canalizar los programas y darles un formato políticamente responsable. Todo perfecto.

Pero además, tal vez saben en La Habana que el Acuerdo de Cotonú finalizará en 2020, tras la revisión realizada en 2010, que adaptó la colaboración para centrarse más en cuestiones como, el cambio climático, la seguridad alimentaria, la lucha contra el VIH/SIDA, la sostenibilidad de las pesquerías, el refuerzo de la seguridad en regiones frágiles, y la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (sustituidos en 2016 por 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible).

A través de esta puerta de entrada a la UE, Cuba se prepara para participar plenamente en las negociaciones del futuro Acuerdo que la Unión pueda elaborar y, en su momento, firmar con los países ACP. Ocupar una posición activa e integrarse en los más de 100 países que integran el Acuerdo puede servir al régimen para obtener esa financiación que tanto necesita para cerrar sus cuentas con el exterior y evitar los problemas estructurales de liquidez. Agotada la fuente de recursos chavista, La Habana gira su vista a Bruselas. ¿Lo conseguirá?
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