CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 12/01/2018, 21:11

El internet movil y los derechos de los cubanos a comunicarse en redes

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Las limitaciones que existen en Cuba para el acceso a internet son un ejemplo del control que ejerce el régimen sobre la población. El pasado 28 de diciembre, sin embargo, se anunció que en 2018 se espera que los habitantes de la isla tengan acceso desde sus teléfonos celulares, algo que hasta el momento no existía. Una buena noticia, sin duda.

Muchos se preguntan cómo es posible sobrevivir con tanto retraso en la era de las telecomunicaciones y las redes sociales, pero la realidad es que actualmente, en Cuba, el acceso a internet se produce vía satélite, lo que no sólo supone un encarecimiento del servicio, sino una limitación para su desarrollo efectivo. Alternativas como el cable submarino que existe alrededor de la isla no son suficientes para que el servicio aumente sus capacidades. Al final, todo depende de una decisión política del régimen que permita el uso libre de internet para todos los cubanos, un derecho que sigue estando limitado.

Lo cierto es que los cubanos muestran especial interés por todo lo que tiene que ver con las comunicaciones en la red y el acceso a internet. Las autoridades han ofrecido datos de penetración de las redes sociales en Cuba, y así hasta julio de 2017, el régimen aseguró que la penetración de las redes sociales lo hizo en un 346%, obviamente partiendo de niveles muy bajos que difícilmente se observan en otros países. Estos datos son comprensibles si se tiene en cuenta que alrededor de 2 millones de cubanos residen en el exterior y muchos mantienen contactos con sus familias en la isla.

La extensión del servicio del internet móvil en Cuba está asignado al monopolio estatal del régimen, la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba ETECSA, que al parecer sigue preparándose para ofertar el servicio en 2018 sin que se hayan señalado fechas concretas ni plazos para la entrada en funcionamiento. Compromisos con los clientes, cero.

Respecto de la situación de la telefonía móvil en la isla, datos oficiales señalan que en 2017 se activaron 600.000 nuevas líneas móviles, llegando a un total de 4,5 millones en la isla, que cuenta con unos 11 millones de habitantes. Pese a estos datos que parecen significativos, la realidad es que Cuba cuenta con uno de los niveles más bajos de conectividad en el mundo y se encuentra atrasada en casi 10 años con relación a la utilización de las tecnologías móviles.

Como en otros muchos ámbitos de la economía privada familiar, lo que explica este atraso es la responsabilidad del régimen, que actúa como único proveedor autorizado, y las limitaciones que existen para el acceso a internet en los hogares, quedando reducido el servicio a centros de trabajo, empresas estatales, universidades y escuelas. Otro aspecto a tener en cuenta es el elevado precio del servicio de comunicaciones. El internet para hogares tiene un coste que oscila entre 15 y 70 CUC al mes, según informaciones oficiales de la Dirección Central de Comercial y Mercadotecnia de ETECSA. Se trata de un precio demasiado elevado para un país donde el salario promedio de la población ronda los 20 dólares al mes, con una equivalencia del CUC con el dólar.

De ese modo, ante la imposibilidad de disponer de internet en los hogares, la imagen de los cubanos reunidos al aire libre para utilizar los puntos de acceso inalámbrico a internet, en los parques y avenidas públicas de las ciudades, se ha convertido en un referente del deseo y la necesidad que tiene la población de comunicarse y obtener información. Un derecho a reclamar.

El internet en Cuba es, sin duda alguna, uno de los retos que se plantean a la generación que aspira a tomar el mando del régimen castrista, cuando Raúl Castro deje el poder en abril próximo. Y son muchos los que creen que, al igual que en otros países no democráticos del mundo, las protestas sociales en Cuba pueden empezar a emerger en las redes sociales, en las comunicaciones móviles, en el internet en los hogares, fuera del control de delatores de la seguridad del estado que todo lo vigilan.

La modernización efectiva de la sociedad cubana, condición necesaria pero no suficiente para su transición a la democracia, las libertades y el estado de derecho, puede depender del auge y consolidación de las redes sociales. No me cabe la menor duda. Por ello, el régimen ha jugado sus cartas y hasta la fecha no sólo ha asumido públicamente el retraso inexplicable de Cuba con relación a otros países en el uso de internet, sino que mantiene sus costes a niveles muy elevados, inaccesibles para una población que día tras día sufre para resolver.

Otro ejemplo del atraso de las comunicaciones móviles en Cuba es el hecho de que ETECSA esté aprovechando la llegada tardía del servicio, para introducir la opción de realizar pagos utilizando el teléfono móvil, que se encuentra ampliamente extendida en buena parte de los países de África con niveles de desarrollo muy inferiores a los de Cuba. Presentar la banca móvil como un avance espectacular, para pagar servicios como el telefónico, la electricidad o el agua exige que los cubanos utilicen el sistema bancario para manejar cuentas corrientes en las que se paguen sus nóminas y carguen las facturas. ¿Sabe ETECSA que porcentaje de trabajadores cubanos gestionan de este modo sus asuntos económicos? Que lo averigüe. Igual se lleva una sorpresa.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 16/01/2018, 20:54

Una primera mirada al presupuesto 2018 del régimen castrista

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Juventud Rebelde dedica un apartado a presentar las magnitudes principales del presupuesto del estado castrista para 2018, e incluso, se anuncia ya una mesa redonda para analizar su contenido. Interesante. Desde nuestra perspectiva, este presupuesto está mal diseñado, es injusto, insolidario, consolida el poder del aparato del estado sobre la actividad privada, y lejos de contribuir al necesario estímulo de la misma, hace recaer la mayor parte del peso de la tributación sobre los nuevos emprendedores, lastrando así su crecimiento en estas primeras fases.

Los presupuestos de 2018 de la economía castrista se han publicado en la Gaceta Oficial, número 48 ordinaria, de 29 de diciembre pasado. Allí se pueden consultar los datos si se considera necesario (http://www.gacetaoficial.gob.cu). En una economía en la que el estado es propietario y ejerce el control sobre el 80% de los activos productivos e infraestructuras, el peso del presupuesto y su incidencia es muy destacada. Una inadecuada definición del mismo o lo que acaba siendo peor, de la gestión, provoca efectos negativos sobre el comportamiento de los agentes económicos, con consecuencias a medio y largo plazo sobre el nivel de bienestar y calidad de vida de la población.

Lo primero que cabe señalar del presupuesto del régimen castrista es que, como viene siendo habitual, nace en déficit, es decir, los ingresos brutos estimados en 57.200 millones de pesos, son insuficientes para financiar los gastos, previstos en 68.625 millones de pesos. Es decir, la Asamblea nacional en su décima sesión ordinaria de la actual legislatura, aceptó y cito textualmente, que “el resultado del balance de ingresos y gastos muestra un déficit fiscal de 11.725 millones de pesos, concentrado en los financiamientos a la actividad productiva y a las inversiones financiadas por el Presupuesto del Estado”. Mal asunto.

Se avizoran más tensiones de liquidez para la economía como las que mencionó Cabrisas hace algunos días. Un déficit descontrolado es la peor restricción que se puede fijar para el desarrollo de las actividades productivas, más aún, cuando lejos de apostar por la inversión en infraestructuras que son vitales para el crecimiento económico de la nación, lo que hace es sostener el aparato del estado ineficiente y burocrático, como se tendrá ocasión de exponer.

Nada bueno para los cubanos, porque este déficit fiscal exigirá compromisos de pago que van más allá de los ingresos, y que obligará al régimen a asumir un nuevo nivel de endeudamiento más elevado que hará más difícil afrontar la amortización de los pagos de la deuda pública contraída en años anteriores y con vencimiento en 2018.

Dicho de otro modo, la herencia de déficits que año tras año no se cierran por insuficiencia de ingresos, obligará al régimen en 2018 a desplegar una financiación de 15.749 millones de pesos. Desequilibrios que obligan a la nueva emisión de bonos soberanos de deuda que se financian principalmente por el Banco central del país, dadas las limitaciones que tiene la economía para acceder a los mercados internacionales, como consecuencia de su baja credibilidad financiera.

En segundo lugar, y en contra de lo que señalan las autoridades, no es cierto que este déficit sea positivo para estimular la actividad productiva y a las inversiones, potenciar exportaciones y sustituir importaciones, como dicen las autoridades. Por el contrario, este desorbitado desequilibrio de las cuentas tiene su origen en el aumento desmesurado y fuera de control de gastos corrientes que asume el estado, pese a que carece de capacidad productiva suficiente para ello.

Si se analiza el detalle de gastos del presupuesto, se observa que los servicios de sanidad (27%) y educación (21%) que alcanzan un 48% del total, son provistos en su totalidad por el estado. Tal vez una provisión mixta con participación de la iniciativa privada permitiría reducir esta carga y como se viene observando en numerosos países, realizarlo de forma menos costosa. Es difícil estimar el coste histórico que para los cubanos tiene contar con educación y sanidad estatal en régimen de monopolio, pero es fácil comprobar que casi la mitad del presupuesto se destina a estas actividades que en términos de coste de oportunidad se podrían ofrecer igualmente por el sector privado o por medio de un modelo mixto como en la mayoría de países del mundo.

Sin embargo, no es ésto lo más grave del diseño presupuestario. Mucho peor es el peso que tiene una partida que sí que guarda una relación directa con el aparato del régimen, en concreto, administración pública y defensa, que alcanza el 19% del total. Que la seguridad del estado, la defensa y sus correspondientes servicios asociados alcancen estos niveles de gasto en Cuba solo se puede explicar en términos del modelo político e ideológico.

Como lo es, por ejemplo, que en el conjunto de los gastos corrientes de la actividad no presupuestada, las subvenciones a las organizaciones y asociaciones (las que sostienen el régimen, porque son las únicas que pueden participar en ello) experimentan un aumento de 52,4 millones de pesos en 2017 a, nada más y nada menos, que 182,7 millones de pesos en 2018, un crecimiento del 348,7% (acaso tiene que ver con la campaña electoral) muy superior al que se destina por ejemplo a mantener subsidiados los precios de los alimentos, una partida de profundo impacto social en un país de bajo poder adquisitivo nominal de los salarios, y que lejos de aumentar o de mantenerse estable, disminuye un 11,2%, lo que aventura penurias en el acceso a bienes de consumo, ante las restricciones impuestas al desarrollo de los mercados.La financiación de las importaciones es otra partida que apenas aumenta un 9%.

Este tipo de contrastes en la gestión de las partidas de gasto definen el carácter profundamente reaccionario e injusto de los presupuestos que pagan los cubanos con su trabajo y esfuerzo.

Y si en el ámbito de los gastos se observan notables injusticias, cuando se trata de ver qué ingresos son los que más van a crecer en 2018, el régimen lo tiene claro. Por ejemplo, los aportes de las “formas de gestión no estatal” aumentan en 2018 un 19,7% en las cooperativas no agrarias y un 15% los procedentes de los trabajadores por cuenta propia. Una partida sin definición, denominada genéricamente “otros ingresos de formas de gestión no estatal” aumenta hasta un 21% la recaudación.

Incrementos que contrastan de forma significativa con el 4% de crecimiento que se estima para el conjunto de la recaudación tributaria. Si estos colectivos ven como el incremento de recaudación para ellos es claramente superior a la media, es evidente que el régimen crea desigualdades con el presupuesto de ingresos que suponen un efecto de impacto negativo e injusto sobre los sectores más dinámicos de la economía.Además, tal y como se encuentra la economía cubana incrementar la recaudación tributaria en su conjunto es una decisión negativa de consecuencias perjudiciales a medio plazo. Más razonable sería reducir impuestos y ajustar gastos para dar una mayor participación a los agentes privados. Pero esta no parece ser la opción del régimen.

Más gasto de escaso impacto sobre la economía nacional y mayor presión fiscal sobre los sectores más dinámicos y productivos definen un ejercicio presupuestario deficiente, inadecuado para los objetivos de “actualización” que persigue el régimen, y que dejan una pesada herencia en forma de endeudamiento para las generaciones futuras.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 22/01/2018, 19:33

Con la tierra como objeto de recaudación tributaria

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A alguien que debe saber mucho de cómo funciona una economía se le ha ocurrido la brillante idea de aplicar un nuevo impuesto para “desterrar lo ocioso de la tierra”. Este es el titular de una sorprendente noticia publicada en Granma que admite una valoración alternativa. El nuevo impuesto entrará en vigor en el segundo semestre de este año y será perjudicial para el sector agropecuario privado. Espero que den marcha atrás. Ojalá los argumentos que se ofrecen en este artículo sirvan para ello. Lo dudo. Ante un déficit presupuestario inicial del 11%, los márgenes son limitados. La voracidad fiscal está fuera de duda.

La cuestión es si podrán lograr el objetivo de estimular la explotación eficiente de la tierra, ponerla a producir. Las autoridades se cubren la espalda y afirman que no se trata de un impuesto de vocación recaudatoria, aunque esa segunda derivada siempre está ahí.

Este nuevo impuesto, que pomposamente se ha denominado “impuesto por la ociosidad de tierras agrícolas y forestales” empezará a aplicarse en las provincias de Pinar del Río y Cienfuegos, y se trabajará para extenderlo a otros territorios. Nada hay que justifique esa aplicación parcial. Mal empezamos. Ni mucho menos la gradual, contemplada en la Ley No. 113 del Sistema Tributario, según la cuál se requiere la “creación de condiciones técnicas y organizativas basadas en los controles de la tierra, la evaluación de su calidad y de su nivel de explotación”. Cuando las tierras estaban ociosas en manos del estado, nadie pensó en impuestos. Ahora que las gestionan agricultores privados, si.

De acuerdo con la letra de la Ley, “se consideran tierras ociosas aquellas que no están en producción agrícola, pecuaria o forestal, con excepción de las que sea necesario dejar en descanso, en pos de la rotación de cultivos; o aquellas que estén cubiertas de marabú, malezas o plantas invasoras; y las deficientemente aprovechadas, de conformidad con lo establecido en la legislación especial”. Conviene recordar que la entrega de tierras a los agricultores, que no la propiedad, se justificó en su momento porque las tierras estatales que habían sido confiscadas por la revolución, sin pago a sus legítimos propietarios, se encontraban realmente ociosas e improductivas, tras décadas de desidia. De ese modo, Raúl Castro acordó entregar tierras a los agricultores para que las desbrozaran y las pusieran en cultivo, en un intento de reducir las gravosas importaciones de alimentos.

Que los arrendatarios hayan abandonado tierras, dejándolas ociosas tras las entregas realizadas por el gobierno es lo que ha llevado al régimen a introducir este nuevo impuesto sobre el sector agropecuario, que según se señala en Granma “ha tenido un tratamiento diferenciado en materia tributaria, a la vez que se señala que están obligadas a su pago las personas naturales y jurídicas que posean tierras agrícolas y forestales ociosas, sean estas de su propiedad o estatales”.

Lo primero que se tienen que plantear las autoridades es por qué las tierras arrendadas, que se supone que iban a ser explotadas por los agricultores para producir alimentos, se quedan ociosas tras un breve período de menos de una década de aplicación de la medida. No se dice nada de esto en el artículo de Granma, pero creo que valdría la pena reflexionar sobre esta cuestión partiendo del supuesto que la vagancia o la desidia no entra en el modelo de comportamiento de quiénes decidieron enfrentarse al espinoso marabú y poner en explotación tierras que habían sido abandonadas por el estado de forma lamentable.

El abandono puede venir motivado por varias razones, y ninguna de ellas se corrige con impuestos.

Primero, la rentabilidad de las explotaciones. Nadie trabaja por gusto. Si arar la tierra, sembrarla, abonarla, cosecharla y vender no genera suficientes ingresos, es lógico que decaiga el interés. Los agricultores cubanos saben que ni siquiera asociándose a las cooperativas pueden afrontar los costes de los insumos o acceder a bienes de equipo que incrementen la productividad. Y lo que es peor, al final del proceso, cuando llega el momento de llevar la producción al mercado, la indolencia de acopio, deja sus productos abandonados en los surcos. Sin seguros ni coberturas de riesgo, la pérdida de ilusión y expectativas puede con cualquiera.

Segundo, el tamaño de las explotaciones. La reducida dimensión de las parcelas que se entregan en arrendamiento y la prohibición expresa de aumentar sus tamaños, impide alcanzar economías de escala a los productores, de modo que la capacidad para producir a bajos precios, queda comprometida. De ese modo, cuando el estado controla los precios y éstos no compensan los costes de producción, no sólo se reduce la oferta y se entra en racionamiento, sino que muchos productores se desinteresan por trabajar la tierra. Los costes de producción deben guardar relación con los precios, incluso cuando el estado los pueda “topar” como ocurre en Cuba con frecuencia.

Tercero, los cambios de actividad. Es normal. La gente prueba y si no se siente a gusto, abandona. Otro vendrá. El tema es que esa circulación en el ámbito de la explotación agropecuaria no resulta fácil en Cuba, ni por el trabajo intenso que se requiere, ni tampoco porque abunde mano de obra interesada en ocupar empleos en la agricultura, ante la falta de expectativas. En Cuba, los procesos de titularidad, entrega de tierras, selección de arrendatarios, puesta en funcionamiento son tan complejos y burocráticos que mucha gente, ni lo intenta.

Cuarto, y tal vez el más importante, la propiedad de la tierra nunca será privada. Los arrendatarios lo saben, porque esa es la base del sistema. Trabajarán tierras que jamás serán suyas realmente. Ni aún cuando pasen 50 años; nunca. Por lo pronto, el estado impide que la pueden vender, alquilar, hipotecar para incrementar sus ingresos y dedicarse a otras actividades empresariales, nada. Todo es girar en el mismo círculo vicioso de ineficacia que impide a la economía prosperar. El pasado mes de junio el régimen alargó el plazo de posesión de las tierras, de 10 a 20 años, alegando al mismo tiempo que jamás cedería a los privados los derechos de propiedad, al tiempo que procedía a endurecer los requisitos para la concesión de nuevas tierras. En concreto, se estableció que "las personas naturales tendrían que trabajar y administrar la tierra de forma personal y directa" así como la aplicación progresiva de "los impuestos previstos en la Ley Tributaria concernientes al uso, posesión y ociosidad de la tierra".

Por todas estas razones, y muchas más, lo raro es que haya habido productores agrarios que acepten las duras condiciones del régimen para trabajar la tierra. Ahora, por si no fuera poco lo anterior, el impuesto se concreta en el pago de una cuantía fija por hectárea según la categoría de la tierra que corresponda. Para ello se establecen cuatro categorías, de acuerdo con la calidad de los suelos, de modo que el máximo valor a pagar por hectárea ociosa es de 180 pesos y el mínimo de 45 pesos.

A los efectos del cálculo del Impuesto, se tiene en cuenta la extensión de superficie ociosa que conste en el Certificado de Explotación de tierras agrícolas y forestales que emita el Ministerio de la Agricultura (Minag) a los propietarios y poseedores de tierras y a la Oficina Nacional de Administración Tributaria (ONAT). Este certificado responde a los datos que se consignen en el Balance de Uso y Tenencia de la Tierra de este año, el cual cierra en el mes de junio de modo que la recaudación empezará en el segundo semestre.

A diferencia de los demás tributos que pagan los emprendedores en la agricultura, este no es deducible, o sea, no se puede descontar a la hora de calcular, por ejemplo, el Impuesto sobre Utilidades, si se trata de una persona jurídica, o el Impuesto sobre Ingresos Personales, si corresponde a una persona natural.

Fijar impuestos sobre tierras ociosas que no pertenecen a quién las trabaja, sino que son de propiedad del estado totalitario, que es el que ahora quiere cobrar el impuesto, es una aberración que solo puede provocar un abandono masivo de las explotaciones, con los daños que ello puede provocar en la producción agropecuaria. Las reformas raulistas a partir de 2008 han creado un limbo en el campo cubano que no permite mejorar la escala de la producción y con ello, producir a costes más bajos para vender más.

Por el contrario, la entrega de tierras estatales a cuenta gotas e incluso su paralización, está provocando que la dinámica sectorial sea mucho más lenta y torpe de lo esperado. No es la solución que se requiere. Tan solo apostando por un marco de derechos de propiedad de la tierra que permita su compra y venta, alquiler y acumulación, traspaso y herencia a legítimos propietarios, puede hacer que Cuba vuelva a ser la potencia agrícola anterior a 1959. Son muchos años de colectivismo e ideología comunista en las políticas de la tierra que no conducen a ningún sitio, solo a miseria y escasez. Ya deberían saberlo.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 22/01/2018, 19:35

Guajiro. ha scritto:Con la tierra como objeto de recaudación tributaria

A alguien que debe saber mucho de cómo funciona una economía se le ha ocurrido la brillante idea de aplicar un nuevo impuesto para “desterrar lo ocioso de la tierra”......

::fuma ;-)
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 29/01/2018, 19:01

El régimen castrista y el premio a la seguridad en FITUR

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Contentos están los comunistas cubanos. Resulta que en FITUR, celebrada hace unos días en Madrid, le han otorgado a Cuba un premio “Excelencia como país más seguro”. Conviene tener en cuenta que en FITUR casi todo el mundo se lleva algún premio. Lo sorprendente es que a Cuba se lo hayan concedido en "seguridad para el turismo", con ciclones y huracanes de destrucción masiva todos los años, picaduras variadas de insectos tropicales con complicaciones, sinuosos tiburones que avecinan las aguas costeras, etc. Sin embargo, no es esto lo que crea inseguridad. Lo que sigue es el resultado de comentarios recibidos de turistas y viajeros a Cuba durante años que narran sus experiencias. Veamos cuáles.

Son muchos los turistas y viajeros que llegan a la isla que se alarman del pésimo estado en que se encuentran las carreteras y vías de comunicación. La falta de inversiones del estado y la desidia durante décadas, han llevado a una situación difícil de observar en otros países. El riesgo de la movilidad es elevado, porque además, por si no fueran poco los baches y deformaciones del trazado, existe una clara deficiencia en la señalética, lo que dificulta la interpretación y orientación, incluso en las ciudades. La seguridad del turismo, en este aspecto fundamental, deja mucho que desear, y además, no parece que se vaya a resolver pronto.

Inseguridad para disfrutar de una comida en condiciones, cuando se comprueba con sorpresa que la carta que se oferta en el restaurante, generalmente del estado, no presenta todos los platos ese día, o inseguridad cuando en un establecimiento comercial no está claro el precio del artículo o servicio que se quiere comprar, bien en CUP o en CUC, la moneda que es obligatoria para el turismo. Más tarde resulta que alguien te avisa que ese mismo producto se puede comprar a mitad de precio en la economía sumergida, tras un callejón en el que varios edificios se han derrumbado.

Inseguridad al observar que el patrimonio monumental y en muchas calles las viviendas, son esqueletos a punto de caer, con avisos de las autoridades de desalojo que la población nativa, envejecida y famélica, se niega a cumplir porque no tienen a dónde ir. El estado comunista que dice que les dio educación y sanidad, es incapaz de atender sus necesidades básicas de vivienda.

Inseguridad del turista a la hora de realizar llamadas telefónicas que no sean violadas por la seguridad del estado o interferidas por la mala calidad de la cobertura existente en el país de la única compañía autorizada por el estado para el servicio.

Inseguridad al encontrarte en la “potencia médica” en la que cierto es que existen hospitales, médicos y ambulatorios por doquier, pero los tratamientos y medicinas dejan mucho que desear, y eso también genera no poca ansiedad en el caso de sufrir algún tipo de herida traumática y complicada.

Inseguridad para llegar como crucerista a algún puerto de los pocos que están preparados y descubrir que, ante la ausencia de muelles adecuados de desembarco, hay que realizar una maroma de alto riesgo para poder bajar del barco y hacer una visita a la isla.

Inseguridad al llegar al aeropuerto de Rancho Boyeros, por ejemplo, y tropezarse con aduaneros que se han convertido en policías que espían y escudriñan hasta el más mínimo detalle en los equipajes para controlar las entradas en el país, incluso de las cosas más inverosímiles. Además, unas entrevistas inquisitoriales con los oficiales de policía y unas tomas de datos e información en control de pasaportes que superan a las de cualquier otro país del mundo, lo que genera no poca ansiedad al viajero.

Inseguridad en las calles al saber que en todo momento existen personas, los delatores comunistas que acechan en los comités de defensa, y cuya misión es saber todo lo que el turista está haciendo en su calle, en qué casa se aloja, con quién ha comido, con quién ha hablado y de qué. Esa inseguridad de los tiempos de la guerra fría que en Cuba acaba convirtiéndose en una pesadilla y que muchos no perciben pero que está ahí, al servicio del régimen.

Inseguridad al encontrar que el ascensor del hotel está averiado, y nadie en recepción sabe decir cuándo volverá a funcionar, e incluso los cinco días que está alojado el turista en el establecimiento tiene que subir por las escaleras. Inseguridad al observar que las cortinas del hotel, la alfombra y la moqueta o los muebles, rezuman de polvo y mal olor.

Inseguridad al sacar dinero de un cajero o cambiar en una cadeca, y no tener claro por qué existen dos monedas en circulación en la isla, cada una de ellas referida a sistemas económicos distintos.

Inseguridad del viajero al pararse en una esquina habanera para acceder a un servicio de taxi y descubrir que son varias las horas de espera bajo un sol tropical antes de que llegue un transporte.

Inseguridad y tristeza, hasta no hace mucho tiempo, al comprobar que los cubanos nativos eran detenidos a la puerta de un hotel o restaurante al no permitir las autoridades su acceso a las zonas de los turistas. Muchos no podían comprender ese apparteid comunista en Cuba.

Y por último, y no por ello menos importante, el turista y el viajero se preguntan qué seguridad existe en un país en que los derechos humanos de los opositores y demócratas que lo único que piden para Cuba es un sistema político similar al que procede la mayoría de turistas, son reprimidos con violencia por el estado, la para policía callejera que van vestidos de paisano o los actos de repudio organizados por los comunistas.

El espectáculo de contemplar cómo un grupo de gente, vendedores cuenta propistas, o cualquiera que se atreve a cuestionar el sistema ideológico impuesto por los Castro, es zarandeado y agitado por otros, es cada vez más habitual, por desgracia, y se está convirtiendo en un lamentable foco de atracción para muchos que no entienden cómo es posible que ocurra este tipo de incidentes, que desde luego, generan inseguridad.

Contentos habrán quedado el ministro cubano de turismo Manuel Marrero y el nuevo embajador en España, Gustavo Machín por el premio que atribuye a Cuba, unos indicadores de “seguridad ciudadana” que están entre los mejores de la región. Me alegro por ellos. Este reconocimiento es otro apoyo más al régimen, que sin embargo, para el el Departamento de Estado de EE.UU, no merece tal consideración, al ubicar la seguridad en Cuba en el nivel tres (de cuatro niveles en el que el cuarto implica que lo mejor es no viajar), con la sugerencia de «reconsiderar las visitas debido a que “existen riesgos graves para su seguridad y protección”. Más o menos los que hemos descrito en este post.

No cabe duda que uno de los principales atractivos del turista para viajar es la seguridad. España que el pasado año atrajo a 82 millones lo sabe bien. Las autoridades del régimen saben que tienen que trabajar y duro si quieren llegar a unos resultados similares, equivalentes a atraer a Cuba a unos 22 millones de turistas (actualmente apenas son 4, luego la distancia es enorme y muy difícil de recorrer en las actuales condiciones). Bueno si se conforman con premios como estos, van dados.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 04/02/2018, 12:58

La dura realidad de los datos de la economía castrista

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La confirmación de que Cuba tiene una economía pobre y atrasada no necesita de complejos modelos econométricos, ni análisis de datos y estadísticas parciales. La estadística castrista, manipulada de forma cruenta a partir de 2011 cuando impuso a Naciones Unidas un crecimiento del PIB del 11%, contrario a todas las previsiones y métodos estadísticos al uso, es una absoluta falsedad al servicio de la propaganda del régimen.

Además, el concepto de pobreza en Cuba es relativo. Los economistas no puede fiarse solamente del resultado de modelos econométricos para sostener sus argumentos. No sólo. Deben observar atentamente la realidad y los procesos inherentes a la misma, antes de lanzarse a una escala de aplausos o críticas sobre los trabajos realizados por otros autores.

Insisto. La pobreza en Cuba es un concepto relativo. ¿Quién es pobre en Cuba? A falta de mejores datos, la pobreza de Cuba está en el "pueblo cubano", al que se engaña con el argumento de que es propietario de los medios de producción existentes en la economía nacional, cuando eso es rotundamente falso. Un propietario reserva para sí, porque la ley le ampara a hacerlo, el uso y disfrute de ese derecho. En Cuba, eso es impensable.

La realidad es que el estado es quién dirige los activos que dice pertenecen al “pueblo”, un término difuso de la verborrea castrista, y gestiona, de acuerdo con un sistema de base estalinista centrado en la planificación e intervención directa en la economía, esos activos que tampoco le pertenecen. Ese es, y no otro, el verdadero origen de la pobreza de Cuba, que como dice el profesor Pavel en un estudio realizado para el BID, “es mucho mayor de lo que indican las cifras oficiales”, centrando esta conclusión básicamente en la sobre estimación por la estadística oficial del valor del peso cubano al equipararlo artificialmente al dólar estadounidense.

Si este fuera el origen de la pobreza en Cuba yo firmaba ahora mismo. Tendría muy fácil solución sacar al país del marasmo. Por desgracia, el juego de las monedas y los cambios no es la explicación de esta situación como otro economista cubano, Triana Cordovi, ha dicho no hace mucho tiempo. La mayor parte de los cubanos que nacieron a partir de 1990, no han visto otra realidad que una economía con dos o tres monedas en circulación. Nada nuevo bajo el sol.

Una pobreza que tampoco viene de los tiempos del ajuste brutal del "período especial", cuando la economía cayó no sólo un 35% sino un “poco más del 50% de su PIB en esos años según el estudio de Vidal. El impacto de esta crisis todavía pesa sobre la economía cubana por cuanto, los cálculos señalan que el PIB cubano se sitúa un 23% menos que los niveles de precrisis en 1989 y hasta un 35% menos que el nivel de 1985. La pobreza se instala en Cuba a partir de 1959 y tras la nefasta "ofensiva revolucionaria" de 1969 acaba imponiéndose a la dura realidad.

El problema de Cuba y su economía es de baja productividad y competitividad, porque el responsable de la gestión de los activos productivos está más interesado en despilfarrar en los llamados “logros de la revolución”, que financia con la exacción directa de las fuentes de renta de la economía nacional (salarios nominales miserables que reciben los cubanos, y beneficios empresariales controlados) de modo que a pesar de contar con ingentes ingresos tributarios se encuentra con que los gastos son netamente superiores y se ve impelido a emitir déficit que se financia con bonos soberanos. Más pobreza y miseria, a costa de un endeudamiento que hipoteca las posibilidades de crecimiento a medio y largo plazo de una economía sin progreso tecnológico ni crecimiento demográfico. Si economistas como Solow o Harrod y Domar analizaran estos datos, no podrían obtener otra conclusión: la economía cubana es pobre y lo seguirá siendo, salvo que ponga fin al modelo que la gestiona.

Una pobreza que se distribuye de forma injusta porque peor lo pasan actualmente los cubanos que no tienen acceso al CUC que aquellos que se mueven en el entorno del sector abierto de la economía, como el turismo o la inversión extranjera. Lo grave de todo esto es que a las autoridades del régimen les importa un bledo los resultados del estudio, y seguirán pensando que Cuba está más cerca de Colombia en términos de desempeño económico, que de Bolivia, El Salvador y Guatemala que son los niveles que resultan del estudio. Lo grave es que no están engañados. Lo saben, pero no lo quieren reconocer.

Y tampoco importa mucho a quiénes dirigen la economía castrista que se cuestionen los datos oficiales. Es algo que han hecho, hacen y harán, por qué iban a cambiar de comportamiento. Sin credibilidad internacional ni acceso a los mercados de capitales o al Banco Mundial por decisión propia, tienen a empresarios dispuestos a apoyar los infumables proyectos de la Cartera de inversiones extranjeras, y al Club de París preparado para renegociar cualquier deuda que se atragante.¿Qué problema hay si el dato de PIB que se ofrece es siempre, de forma sistemática, superior al real? Además, ¿por qué hay que dar tanta importancia al PIB, dicen los castristas, si en otros indicadores de Naciones Unidas, como los indicadores sintéticos de desarrollo humano, Cuba ocupa una posición de liderazgo mundial? En ese juego irresponsable es donde realmente se contrasta la enorme pobreza, sobre todo de argumentos reales, de un régimen que se pasa 58 años justificando su incompetencia por una presunta invasión del vecino del norte que nunca llega, y un bloqueo que es más interno que externo.

Al final, la economía es sentido común. Los guajiros que explotaban la fértil tierra cubana con su esfuerzo antes de 1959 y sacaban varias cosechas de papa y boniato al año, eran capaces de alimentar a toda la población y exportar los excedentes. No hacen falta más ejemplos, son bien conocidos por los lectores de este blog. Lo que se necesita y cuanto antes es otra dirección del modelo económico y que Cuba vuelva al concierto de naciones donde la globalización y las tecnologías de la cuarta revolución industrial la están esperando para situarla en el lugar que le corresponde. Esa y no otra es la realidad de los datos.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 11/03/2018, 12:41

¿Por qué no habrá unificación monetaria en Cuba?

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La circulación de dos monedas en Cuba representa mucho más que un problema contable o de medición de la economía. Si fuera solo eso, la decisión de revertir el sistema actual al que existía anteriormente, sería fácil y probablemente ya se habría adoptado. Con ello, la credibilidad de la economía sería mayor, los costes de gestión para las empresas menores y, en general, la vida de los cubanos se vería facilitada por la eliminación de los cambios obligatorios.

Desde que se adoptó la doble moneda en Cuba, durante el período especial, las bases del sistema económico y del marco jurídico de los derechos de propiedad ha permanecido inalterada. A pesar de la puesta en marcha del denominado proceso de actualización del modelo económico y social hace diez años, los resultados distan mucho de ser favorables.

En 2018 la economía se encuentra constreñida por una asfixiante falta de liquidez, la paralización de la actividad productiva por la reducción de los envíos de petróleo es incuestionable y las fuentes de crecimiento, como el turismo, las remesas o las inversiones extranjeras, dejan mucho que desear. El sistema económico continúa en manos del estado, es decir, del consorcio de la seguridad del estado y el ejército, y el pueblo cubano malvive con salarios nominales y reales cada vez menores que limitan su capacidad de consumo y ahorro.

Las escasas transformaciones en el escenario económico, con la ampliación de los trabajadores por cuenta propia, cooperativas y “nuevas formas de organización” han confirmado que la economía necesita mucho más que simples ajustes superficiales para ser competitiva, productiva y permitir que los cubanos vivan mejor, con más prosperidad y bienestar. El fracaso económico de la llamada “revolución” no admite cuestión alguna a estas alturas de la historia. La incertidumbre sobre el futuro es cada día mayor, y por ello, los cubanos han dejado de confiar en su gobierno.

En contra de lo que algunos afirman, el mercado sigue siendo inexistente, con un papel marginal, pese a que algunas reglas del juego han variado. Donde existen mercados, los precios no reflejan de forma adecuada las decisiones de producción y consumo, por las continuar injerencias del aparato estatal en la economía. Precios topados, por un lado, y subsidios a empresas para abaratar el coste de producción de determinados bienes y servicios, continúan enmarañando el sistema económico, provocando racionamiento, escasez y disgusto en consumidores y productores. Más funciona la economía cuando está presa de la ideología.

Por eso, nadie confía que en las actuales condiciones la economía cubana pueda despegar y alcanzar ritmos de crecimiento sostenibles, del entorno del 5% anual, que le permitan recorrer la distancia que la separa de otros países y mejorar el nivel de vida general de la población.

En la década de Raúl Castro, una década perdida para la economía, el crecimiento medio de la economía no ha sido superior al 2%, lo que implica un avance mínimo, que coincide con etapas de gran tensión en las relaciones económicas y sociales, internas y externas. Las explicaciones ofrecidas por el ministro de economía y planificación, Ricardo Cabrisas, ante la Asamblea Nacional del Poder Popular son recibidas por diputados incapaces de cuestionar la pésima gestión económica de las autoridades. La bola pica y se extiende.

Y en medio de ese escenario de tensiones y errores en la implementación de las políticas económicas, la dualidad monetaria y cambiaria se sitúa como un obstáculo principal en la actualidad para lograr un mayor crecimiento de la economía cubana. La circulación de dos monedas y las transacciones reflejadas en la economía afecta a las operaciones en los mercados agropecuarios, en los datos contables de las empresas, en las actuaciones de los gobiernos territoriales, en las operaciones financieras de la banca, en la actividad turística, en las inversiones. Todo se encuentra afectado por la existencia de dos monedas que tienen un efecto en toda la sociedad y en la economía.


Después de muchas vueltas sobre la cuestión, las autoridades del régimen se han percatado que la unificación de las monedas no es solo establecer una de ellas y ya está, sino que es preciso atender previamente a cuestiones relevantes, como los mecanismos de formación de precios, los niveles salariales de la población, el poder de compra de los salarios, la capacidad de ahorro, etc. Cuestiones para las que la economía cubana, basada en un modelo autárquico de intervención estatal y sin derechos de propiedad en el que no existe el mercado como institución para la asignación de recursos, no tiene respuestas.

Lo peor de toda esta situación es que empieza a difundirse, desde los medios oficiales, una visión de la doble moneda que otorga mayores perjuicios a las empresas estatales que a los trabajadores por cuenta propia y las llamadas nuevas “formas de gestión no estatales”. Evidentemente, es una visión interesada, ideológica y que se inspira en la doctrina oficial comunista.

A las empresas estatales les perjudica tener una contabilidad con dos monedas y realizar transacciones en las dos igualmente. Eso es cierto. Pero de ahí aceptar que esto condiciona la dimensión de los beneficios que obtienen o la estimación de los negocios o inversiones, parece complicado. La gestión de las empresas estatales en Cuba pasa por mecanismos de control e intervención burocrática, los llamados Grupos, que actúan más como un factor que restringe la autonomía en la toma de decisiones y la capacidad para hacer frente a los cambios del entorno. Esta burocracia es mucho peor que la doble moneda, pero lejos de ser eliminada, ha ido en aumento.

No es cierto que en este momento se esté produciendo en la economía cubana una migración de talento hacia puestos mejor pagados pero de menor exigencia. Esto es absurdo. ¿En qué consiste una exigencia en una empresa estatal avanzada en sectores como la biotecnología, la universidad o de salud cuando el sueldo medio mensual no supera los 30 dólares? En algún momento, alguien tendrá que entender en la oficialidad comunista de Cuba que ganar dinero es legítimo, que la acumulación de riqueza basada en el esfuerzo, el talento y el trabajo es legítima, y que además, al funcionar correctamente estos procesos, la economía de un país crece, que es justo lo que no hace la cubana.

Pero incluso aceptando que ello fuera así, no veo cómo esta apuesta por proyectos personales con grandes dificultades de los trabajadores por cuenta propia, les deje en situación de ventaja con respecto a la dualidad monetaria, cuando por ejemplo, algunos de los pagos que deben realizar (los impuestos, tasas y tributos) deben hacerlos en moneda nacional. Es el mismo problema.

En todo caso, es muy positivo que se produzca esta migración de trabajo y talento en la economía cubana, y que en vez de malgastar la vida y el tiempo en puestos de escasa proyección profesional y retribución, los cubanos puedan desarrollar sus potencialidades en ocupaciones que les permitan crecer en todos los aspectos. No hay nada malo en ello, y lo que el régimen debería hacer es liberalizar plenamente todas las ocupaciones para el ejercicio de la actividad por cuenta propia. De seguro le iría mucho mejor.

Raúl Castro es responsable de la parálisis económica. La aplicación titubeante de las reformas contenidas en los llamados “lineamientos” está provocando tensiones en la economía, una mayor complejidad de las relaciones intersectoriales y un estrangulamiento financiero que agrava notablemente los desequilibrios interno y externo de la economía.

La incapacidad para ofrecer una solución a la dualidad monetaria es otro buen ejemplo de sus titubeos, que se justifican en el intento de evitar costes para las empresas y la población sin pensar que la situación actual, mantenida de forma indefinida en el tiempo, es mucho peor. Tanto que incluso ese modelo de socialismo defendido por la oficialidad del régimen se puede venir abajo tarde o temprano.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 19/03/2018, 20:38

¿Por qué no pueden funcionar las remesas en la economía castrista?

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La posibilidad de que las remesas que envían las familias en el extranjero a los cubanos de la isla puedan estimular el crecimiento económico del país es ciertamente remota. La razón se encuentra en que capitalizar las remesas en beneficio del ahorro y la inversión, no es fácil en el modelo estalinista de planificación central y ausencia de derechos de propiedad impuesto en Cuba desde 1959 por la llamada “revolución”. Si en la economía cubana se dieran las mismas condiciones que en otros países de su entorno, ese aporte del exterior podría servir para superar el atraso existente, promover la creación de empresas privadas cubanas y dar una mayor flexibilidad y eficiencia a la economía.

El estudio reciente sobre las remesas realizado por Emilio Morales destaca que el envío de remesas a Cuba ha cambiado notablemente en los últimos años. Según el autor, el dinero que reciben las familias, procedente del exterior, ya no solo se destina de forma prioritaria a atender la cobertura de necesidades básicas de alimentos, calzado o vestido, como ocurrió en los años 1993-2008, sino que está teniendo una orientación distinta.

Según el autor, una revisión histórica de las remesas permite constatar su crecimiento, transformación y diversificación en función de las condiciones del mercado determinadas tanto por factores internos ( una economía con muchas restricciones) como externos que afectan a la economía cubana (el embargo de EEUU). En ese sentido, no deja de ser significativo que la dinámica de las remesas a Cuba ha sido muy dependiente de la situación de las relaciones entre Cuba y EEUU, en la medida que más del 90% de las remesas de la diáspora tienen su origen en EEUU.

De cara al futuro, se espera que las remesas continúen aumentando y, en ese sentido, conforme internet llegue a los hogares, muchas transacciones de los cubanos se realizarán con empresas del exterior, todo ello en la medida que los servicios de apoyo y distribución puedan expandirse en la isla o al menos atender los grandes núcleos de población. La mayor parte de las remesas se reciclarán al exterior en forma de compra de bienes y servicios. Es de suponer que esto no sea del agrado del régimen.

Igualmente, el estudio apunta a que los pagos de servicios domésticos de electricidad, gas o agua se puedan realizar digitalmente, como sucede en otros países. Posibilidad que dependerá de las empresas estatales que en régimen de monopolio prestan estos servicios altamente deficitarios y subvencionados por el régimen, con su efecto negativo sobre nivel de prestación y calidad.

Otra fuente para las remesas se cree que puede venir de la eventual jubilación en la isla de repatriados. Una posibilidad que tampoco parece estar clara, sobre todo, si se tiene en cuenta que muchos de esos jubilados no aceptarán una reducción de sus condiciones de vida con respecto a las zonas en que han desarrollado sus vidas.

En cuanto al potencial que el estudio asigna a los pagos de cruceros y de vacaciones en el turismo, al menos de momento, los cubanos tienen el acceso restringido a algunas de estas alternativas. La posibilidad de que Cuba se convierta en un centro de cruceros en el Caribe no está tampoco clara como consecuencia de las inversiones que se necesitan realizar en los puertos para facilitar el acceso de los cruceristas y pasajeros. Los pagos de alquiler de habitaciones en Airbnb y otras operadoras, han creado expectativas sobre todo para crear más alojamientos privados, pero las restricciones impuestas por las autoridades a estas actividades y las prohibiciones recientes de licencias, han arrojado un jarro de agua fría.

Opciones como compra de automóviles o viviendas, se encuentran igualmente constreñidas por la normativa oficial de autorizar solo dos viviendas como máximo y los déficits derivados de la falta de empresas constructoras. En cuanto a las autos, sus precios están muy por encima de los niveles medios en otros países. No es fácil suponer que los cubanos residentes en el exterior financien la compra de estos bienes de consumo duradero a sus familias en la isla.

Incluso, los servicios de TV por cable o satélite que eventualmente se puedan pagar con las remesas, no tendrán un efecto muy destacado sobre la creación de un mercado de consumo en la isla, si los niveles de vida, salarios y rentas, no evolucionan al alza a partir de los bajos niveles actuales.

Coincido con Morales en que el crecimiento del sector privado en Cuba es fundamental para que las remesas puedan generar estímulos en la economía que la permitan superar el atraso de la misma. Pero el sector privado que se necesita en Cuba tiene que ir mucho más allá de lo que ha permitido Raúl Castro con sus llamados “lineamientos” desde 2008.

Se necesita algo tan fundamental como un nuevo marco privado general para la actividad económica que flexibilice las actividades, los agentes que participan en el mercado y no limite la gestión a un determinado número de licencias de actividad. Igualmente, se requieren bancos privados competitivos, capaces de intermediar en el mercado financiero con eficacia, para lograr que las remesas se canalicen hacia proyectos empresariales rentables, con capacidad de generar empleos bien retribuidos. Por otra parte, se debe constituir un marco estable de derechos de propiedad que permita a los cubanos invertir en bienes raíces, sin límite alguno, en viviendas, suelo, maquinaria, bienes intermedios, etc, en condiciones similares a las que existen en otros países.

En definitiva, la traslación de las remesas a la construcción de un capital productivo cubano exige mucho más que autorizar pagos de teléfonos, televisión por cable, habitaciones de alquiler en casas o estancias en hoteles de playa. Las remesas deben servir, a nivel microeconómico, para que los cubanos puedan también construir patrimonios con los cuáles aumentar su capital, solicitar préstamos, crear negocios en todos los sectores de la economía, bien por cuenta propia o asociándose con otros en organizaciones mercantiles (no solo en cooperativas). Igualmente, las remesas a nivel macroeconómico se pueden utilizar para equilibrar el saldo comercial negativo derivado de unas importaciones superiores a las exportaciones, lo que estimula el crédito internacional en los mercados de capitales. El "milagro español" de la década de los años 60 tuvo mucho que ver con ese papel equilibrador de la balanza por cuenta corriente por parte de las remesas.

Y como cabe suponer, no existe plan alguno en los dirigentes del régimen castrista para evolucionar hacia este modelo. Por lo tanto, el impacto que se puede esperar de las remesas es limitado. No conviene hacerse muchas ilusiones. El estudio de Morales es bienvenido y sus propuestas interesantes, pero algo tiene que cambiar en el diseño de la política económica en Cuba, que no podemos esperar con este régimen.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 29/03/2018, 19:55

El Mariel: la experiencia de 5 años de fracaso

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Hay que ver cómo pasa el tiempo. Si hay algo que caracteriza al régimen castrista en sus 59 años de existencia, es el tiempo. Son expertos en jugar con el tiempo. Los acontecimientos se proyectan sine die hacia un futuro que siempre se espera que sea mejor. Mientras tanto, el mundo cambia y se mueve a gran velocidad, pero en Cuba los comunistas erre que erre.

Me ha sorprendido un artículo publicado en Granma en el que se hace balance oficial de los primeros 5 años del Mariel. Si. Ya han pasado 5 años, aunque parece que fue ayer, y el diario oficial del régimen y partido único realiza un balance de lo que ha ocurrido en este lustro.

Lógicamente, no vamos a estar de acuerdo con Granma aunque podemos coincidir en algunos puntos. La realidad es que otras experiencias de Zonas Especiales de Desarrollo implementadas el siglo pasado en el sudeste asiático, en menos de 5 años ofrecían resultados mucho más alentadores que el Mariel, que sigue siendo, como dice Granma, “una plataforma promisoria para el establecimiento de inversiones, que avanza, quizás aún de modo discreto, en su objetivo de convertirse en referente regional en la captación de capital extranjero”. ¿Promisoria? ¿Avance discreto? Bueno eso es una forma de llamar a las cosas de otro modo. En el Mariel, lo que se puede afirmar es fracaso rotundo, estancamiento y despilfarro de recursos en un país que tiene problemas estructurales para dar de comer a la población.

El balance deja claro que el mundo inversor internacional ha dado la espalda al gran proyecto del régimen castrista. Solo 34 empresas de unos 16 países han apostado por establecerse en este emplazamiento que, sin embargo, posee indudables fortalezas y oportunidades, que por mor del sistema económico existente en la isla, no consiguen atraer al capital internacional productivo. De ese modo, y como reconoce Granma, las inversiones realizadas en el Mariel no han logrado “sus propósitos de sustituir importaciones, incrementar las ventas en el mercado internacional y crear nuevas fuentes de empleo, todo ello en articulación con la economía interna”. Tal vez porque aquellos que programaron el Mariel no tuvieron en cuenta precisamente eso. La articulación de la Zona Especial de Desarrollo con su entorno más inmediato.

Siempre queda la justificación histórica de culpar al "bloqueo norteamericano contra la Isla" del fracaso del Mariel. La verdad es que en los últimos 5 años las relaciones entre los dos países no se puede decir que hayan atravesado un período tan difícil como el que se avecina, por lo tanto, este argumento, una vez más, hay que saldarlo como relleno de tinta escrita, y poco más.

Un buen indicador de cómo va el Mariel es que de los 34 proyectos aprobados por el régimen comunista para operar en la zona, solo 10 están en funcionamiento, “relacionados con los sectores de la industria, biotecnología y farmacéutica, logística, construcción, transporte, agroindustria y la rama inmobiliaria”. Una dispersión que apunta al famoso refrán de "quien mucho abarca, poco aprieta". Además, la cifra de inversión captada, unos 1.191,4 millones de dólares está igualmente muy alejada de las previsiones iniciales, y el nivel de empleo, 4.888 puestos directos no deja de ser una gota en el océano.

¿Por qué el Mariel ha funcionado de forma tan deficiente? Unido al factor de la escasa relación de la Zona con su hinterland y las características estructurales de la economía cubana, es obvio que el proceso administrativo intervencionista y priorizador establecido por el régimen, ha sido un obstáculo para el inversor que trata de lograr posiciones de rentabilidad al colocar su dinero en este tipo de Zonas. Las quejas de los empresarios de los largos y tediosos procesos burocráticos, que nunca acaban en un resultado concreto, y la escasa orientación al cliente de la gestión pública comunista de Cuba, se encargan del resto. Igualmente, la falta de infraestructuras es otro aspecto a tener en cuenta. Por mucho que el régimen haya realizado inversiones en la zona, los empresarios que van a operar en el Mariel necesitan para sus empresas, como dice Granma “viales primarios y secundarios, línea de ferrocarril con todas las prestaciones, incluida la doble vía, para agilizar el proceso de transportación de las mercancías. A ello se unen los servicios de electricidad, agua, alcantarillado, drenaje, gas embotellado, telecomunicaciones, internet de banda ancha”. Servicios que no están disponibles en las condiciones de cantidad y calidad necesarias. No lo están para el resto de Cuba, ¿cómo lo van a estar para el Mariel?

Y como todo lo que ocurre en Cuba, los planificadores del Mariel han errado su programación. En el artículo de Granma se puede constatar este fallo, cuando afirman que “coinciden los directivos, en que se sigue trabajando en paralelo en el desarrollo de infraestructuras básicas y auxiliares, en la captación y aprobación de negocios, así como en los procesos inversionistas para su establecimiento y su producción”. No lo he entendido bien, o quizás este sea el verdadero problema. Al parecer, los planificadores del Mariel empezaron a captar negocios e inversiones antes de atender las inversiones en infraestructuras. Un empresario extranjero interesado en la Zona llegaba y veía el desierto de arena y regresaba a su país, sin más. Como en tantas cosas, la economía de planificación central e intervención, vuelve a errar en los procedimientos. No es la única vez. Ni será la última.

Uno de los problemas fundamentales de la economía castrista es el peso absorbente del estado. Tanto como propietario de todos los medios de producción, como interventor y director en toda actividad de forma directa o indirecta, anulando la actividad privada o sometiéndola a todo tipo de autorizaciones y limitaciones. Sin libertad económica y un marco jurídico respetable para el ejercicio de los derechos de propiedad no puede funcionar una economía. Esta es una cuestión fundamental para Cuba en su futuro inmediato. De nada sirve planificar lo que es libre por naturaleza, y se mueve con criterios que no están bajo el control de los burócratas planificadores.

Y lo veremos en los próximos 5 años si las cosas no cambian. Una lástima porque la Zona del Mariel tiene buenas perspectivas en la Región. Pero hay que darle otro enfoque, y cuanto antes.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda carlo » 31/03/2018, 16:56

Vorrei fare una riflessione cercando una sintesi tra le varie info del barrio,cercando di prevedere quello che potrebbe accadere a breve(chiaramente non domani!)in quel di Cuba;in particolare 4 notizie hanno colpito il mio interesse:1)la quasi totale cancellazione dei voli interni di cubana de aviacion(che segue quella della tratta internazionale Parigi-Santiago)dovuta ufficialmente alla mancanza dei pezzi di ricambio(ma secondo me alla totale diseconomicita di tali voli,ossia erano dei buchi senza fondo). 2)la penuria e scarsezza di medicinali nelle varie farmacie,sia quelle destinate al pubblico,sia quelle interne agli ospedali(ovviamente anche al netto dei vari robos che avvengono all'interno) 3)la volonta da parte dello stato di investire da un punto di vista di monopolista sull'oro(e quindi sulle riserve auree dello stesso,sempre che l'oro estratto arrivi nei forzieri e non rimanga attaccatto nelle mani di qualche funzionario) 4)il dare per imminente ma poi rimandare sempre sine die la tanto decantata riforma monetaria,con l'accorpamento delle due monete
Ecco io credo che se si prendono questi 4 elementi e li si mettono insieme Cuba rischia di essere alla vigilia di una grossa crisi finanziaria,ossia rischia di arrivare alla fine dell'anno con le casse dello stato completamente vuote,il fatto di non pagare i fornitori esterni e di risparmiare negli ambiti della sfera pubblica in maniera cosi drastica non mi fa essere troppo ottimista sulle prospettive economiche dell'isola,e ahime non credo che l'aumento del numero dei turisti e le rimesse siano sufficienti a colmare il vuoto
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