CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Di tutto un po' su Cuba

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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 30/10/2018, 22:08

Los movimientos de capital son de cubanos

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El régimen comunista no ha sido capaz de cortar de raíz los movimientos de capital que surgen en Cuba de forma espontánea. Parece que los necesita. Sin embargo, la ideología impide a la economía cubana sacar provecho de los mismos. Si el capital foráneo no llega, o lo hace de forma limitada, a pesar de la apuesta por la inversión extranjera desde la Ley 118, ahora resulta que el capital cubano empieza a salir de la isla, en grandes cantidades. Esa es la conclusión de un estudio de la consultora The Havana Consulting Group, que concluye que “los emprendedores cubanos sacaron en 2017 de su país alrededor de 2.390 millones de dólares nueve veces más que el capital extranjero invertido en la zona Especial de Desarrollo del Mariel (ZEDM) y una cifra similar a la que el Gobierno comunista dice que necesita para revitalizar la economía de la isla”.

Además, esta forma de sacar capital de Cuba nada tiene que ver con el funcionamiento habitual de las instituciones financieras que operan en el resto del mundo. Se trata de una “fuga de capital", motivada por la "falta de oportunidades" con que cuentan los trabajadores por cuenta propia para "invertir y expandir sus negocios" en la isla y que se materializa con dinero en el bolsillo, en pequeñas cantidades, por miles de cubanos que viajan al exterior, desde que el régimen flexibilizó la salida del país. Dicho de otro modo, el estado comunista no tiene control alguno sobre esos movimientos de capital, que lejos de estimular el crecimiento interno, suponen una pérdida de riqueza para la economía nacional, como consecuencia del permanente bloqueo del régimen a los cubanos.

El estudio explica cómo se distribuyen esos fondos que “salen del país”, y así, “líneas aéreas ($426 millones) que transportan a los cubanos a los destinos donde compran la mercancía, tiendas y almacenes ($1,008 millones) donde hacen las compras para después enviarlas a Cuba, agencias que empacan los productos ($58 millones) y las que se encargan de la logística ($52 millones) para el envío de la mercancía a la isla” se reparten el grueso del pastel, como consecuencia de la inexistencia en Cuba de mercados mayoristas, redes de distribución y de logística capaces de atender la demanda creciente y cualificada de los nuevos emprendedores.

Otra parte, no menos importante “queda en manos de hoteles, hostales, dueños de apartamentos, casas, restaurantes y taxis ($472 millones), que brindan hospedaje, alimentación y transporte a los cubanos durante el tiempo de estancia en estos países para hacer sus gestiones de compras. Por último, un monto aproximado de $366 millones de dólares que los cubanos invierten en el exterior en pequeños negocios y en bienes raíces”, siendo esta una cantidad de difícil determinación, pero que ante la imposibilidad que tienen los cubanos de invertir en su propio país, lo tienen que hacer en el exterior.


Hasta ahora se sabía que los miembros pertenecientes al conglomerado de empresas del estado y el ejército, sus hijos y familiares, salían al exterior y realizaban compras de artículos de lujo que estaban vetadas en Cuba para la mayoría de la población, pero ahora ha cambiado el escenario, y según este estudio, son miles los cubanos que están saliendo al extranjero llevando dinero encima porque en Cuba no pueden disfrutar de los bienes y servicios que desean, y a los que pueden acceder con su trabajo. Este trabajo del HCG que se viene realizando en los últimos años ha ido fotografiando un proceso que, de invertir la tendencia, sería altamente beneficioso para la economía cubana superando así su estrangulamiento externo de falta de divisas.

La cuestión es cuándo despertarán las autoridades comunistas y tratarán de controlar estos movimientos individuales de capital, porque de ocurrir dicha situación, entonces muchos de los pequeños negocios de la isla quedarían desabastecidos y las consecuencias serían mucho peores. Al final ocurre lo que tiene que ocurrir. La mayor parte del dinero que llega a Cuba son remesas familiares para mantener a hijos o nietos que malviven en la isla, y las salidas de capital de cubanos emprendedores que se aprovisionan de productos en el exterior o que desean construir pequeños patrimonios.

Es una situación absolutamente anacrónica que pone de manifiesto la absurda ideología castrista a dónde ha llevado a los cubanos y su economía. Ni saldo comercial positivo, ni entradas de turismo en aumento como se esperaba ni mucho menos inversión de capitalistas internacionales. Los cubanos, con remesas y beneficios de los pequeños negocios, son los que están moviendo el sector externo de la economía. Y los dirigentes comunistas perdiendo la oportunidad de rentabilizar esos flujos en beneficio de la economía nacional. Luego dirán que la culpa es del embargo.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 04/11/2018, 15:34

La FIHAV de La Habana, el bloqueo, el embargo y el no se qué

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Si el régimen comunista de La Habana quiere seguir adelante con el argumento del embargo o del bloqueo, lo tiene cada vez más difícil.

A ver cómo justifican algo así cuando se acaba de conocer que alrededor de unos 2.500 empresarios de más de 60 países asistirán en Cuba a la feria FIHAV, en su edición 36ª, considerada como el "certamen comercial más importante de la isla que cuenta con una amplia participación de los principales socios e inversores de la isla". Siempre nos quedará alguien como Malmierca, que ha dicho al respecto, que la abundante presencia internacional en la FIHAV es "una demostración más de que el mundo está con nosotros y de que el bloqueo (embargo) aísla a Estados Unidos". Para qué comentar más.


No me extraña que el propio Díaz-Canel, se tome unos minutos de su valioso tiempo para inaugurar la feria, e incluso que aproveche la ocasión para explicar a los allí reunidos que Cuba sigue sufriendo las duras consecuencias de un injusto bloqueo de EEUU. Más de uno de los asistentes se va a quedar sorprendido cuando comprueben que en el hotel de lujo de La Habana donde está alojado puede encontrar todo tipo de productos fabricados en aquel país del norte. Y desde luego, los asistentes son empresarios y seguro que tendrán ganas de que se hable de otras cosas, que es lo normal en una feria de comercio.

Cierto es que ni Fidel ni Raúl solían prodigarse por este tipo de eventos. La repugnancia que sentían ambos hacia el mundo de la empresa y de los negocios tenía este tipo de consecuencias. Sin embargo, Díaz-Canel anda buscando un lavado de imagen para su régimen en el que mezcla condonaciones de deudas con proyectos de inversiones a largo plazo, la necesaria búsqueda de socios financieros ahora que ni Venezuela ni Brasil están en condiciones de regalar nada y, al mismo tiempo, enjuagando un lenguaje que sirva de acomodo a la vieja guardia comunista, de la que él es un miembro distinguido, y que no le deja mover ficha sin autorización. Será interesante ver qué dice, si es que finalmente acude al certamen.

La realidad es que FIHAV no tiene nada que ver con el embargo o el bloqueo. Se trata de una feria comercial multisectorial, que se celebra todos los años de manera ininterrumpida desde 1983, antes del derrumbe del muro de Berlín y cuando el régimen comunista todavía recibía generosas donaciones de la URSS para sus planes. La feria se celebra a 25 kilómetros al sureste de La Habana en un recinto que cuenta con 25 pabellones emplazados en un área de 600.000 m2, de los cuales 25.000 m2 corresponden a zonas de exhibición o muestras. Evidentemente, para cualquier observador, nada que ver con embargos o con bloqueos.

Allí se firma todo tipo de contratos de colaboración y de negocios entre empresas estatales y extranjeras. Obviamente, los trabajadores por cuenta propia, que tienen pequeños negocios, o los agricultores con tierras cedidas en arrendamiento, o los artistas independientes, e incluso alguna cooperativa no agraria, tienen absolutamente prohibido participar en el certamen, y eso si que es un bloqueo del régimen a los propios cubanos.


El régimen de Díaz-Canel no quiere que esos agentes económicos, que están siendo los verdaderos protagonistas del débil crecimiento de la economía cubana, un 1,1% según ha confirmado la CEPAL, se puedan beneficiar del contacto, la relación y la transferencia tecnológica con los extranjeros. Las inversiones solo deben servir a los intereses del estado comunista y sus empresas. En total, serán casi 350 empresas “cubanas” distribuidas en un gran pabellón central de unos 5.000 metros cuadrados donde "se mostrarán los bienes y servicios nacionales", como dijo el presidente de la Cámara de Comercio de la isla, Orlando Hernández Guillén. Otra forma de practicar el más cruel e ineficiente de los bloqueos o embargos, los llamen como quieran.

Además, las informaciones que se han facilitado a los medios sobre FIHAV suponen una clara contradicción con la “campaña comunista desplegada en Naciones Unidas contra el embargo", porque a ver si una nación sometida a este tipo de prácticas podría contar con la participación de 2.500 empresarios extranjeros (se espera incluso a algunos de EEUU), alrededor de 30 cámaras e instituciones promotoras del comercio, unas 20 delegaciones oficiales de alto nivel y otros visitantes cubanos y extranjeros, con España a la cabeza, que vuelve a ser el país con mayor representación con la participación de 113 empresas, casi todas ellas pymes, en tres pabellones, uno de ellos dedicado exclusivamente al País Vasco que envía 30 corporaciones a la feria anual cubana. No es extraño, teniendo en cuenta que los días 22 y 23 de noviembre se producirá la visita del presidente Sánchez, tal y como acordó con Díaz-Canel en Naciones Unidas.

El régimen comunista se juega mucho con estos certámenes. Más aún en la coyuntura actual en la que perdidos los apoyos de Brasil y de Venezuela, en parte, necesita urgentemente recursos financieros para satisfacer el pago de las deudas y evitar que los intereses vuelvan a incrementarlas de manera importante. Eso también es bloqueo, carecer de una política ordenada para acudir a los mercados financieros internacionales, aceptando las reglas del juego, en búsqueda de finanzas. La capacidad para atraer inversión extranjera no depende solo del interés internacional, sino de aquello que se pueda aportar al proceso. La escasez crónica de divisas del régimen comunista impide ofrecer algo más que una caduca cartera de proyectos, en la que nadie está realmente interesado.

El salón, en línea con otros foros similares, celebrará encuentros empresariales, rondas de negocios, seminarios, conferencias y otras actividades, todo ello con el objetivo de atraer capital extranjero, que ha pasado a ser una cuestión clave para la supervivencia del régimen comunista. Cualquiera que recuerde a Fidel Castro sabe que en su tiempo, algo así habría sido imposible. Ahora las exigencias de los nuevos tiempos van por otro camino, y sin embargo, sigue siendo una lástima el empeño oficial en hablar de bloqueo o de embargo de EEUU, cuando no es tal.

Para los responsables del régimen comunista, el argumento sigue válido, para justificar esa “batalla continua en foros de Naciones Unidas”, donde se ofrecen espectáculos vergonzosos de lo que jamás debería ser el modus operandi de un cuerpo diplomático. Ellos van a seguir con la batalla en Naciones Unidas, porque la notoriedad les sale gratis, y además, todavía hay gente que aplaude este tipo de espectáculos. A veces incluso, la misma gente que va a formalizar negocios en la FIHAV con las empresas estatales comunistas. Este es el mundo de la globalización del siglo XXI. Al que no le guste, que no juegue, pero así son las cosas.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 07/11/2018, 18:49

¿Sirve para algo la FIHAV?

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La FIHAV 2018 ya abrió sus puertas con bombo y platillo. Los dirigentes comunistas disfrutan con este tipo de fiestas, aunque luego no tengan dinero con qué pagarlas. La realidad es que nadie duda que la economía cubana necesita aumentar sus exportaciones de productos si quiere corregir el grave déficit en sus cuentas externas.

El problema es que desde el máximo de 2011, cuando se alcanzó la cifra de 5.870 millones de pesos, la cifra de ventas en el exterior no ha hecho más que descender, hasta quedar situada en 2017 en 2.402 millones de pesos, una caída nominal del 59%, que posiblemente pueda ser superior si se tienen en cuenta los precios de exportación que no han sido favorables en estos años.


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Cuba: Evolución de las exportaciones de productos (miles millones CUP)

En el Gráfico, con datos de la ONEI, se observa que las exportaciones de bienes se han desplomado, y su porcentaje en el PIB de la economía se ha dejado más de la mitad, pasando de un 6,5% al insignificante 2,2% en el mismo período. En suma, el balance del intercambio de bienes es fuertemente negativo, se sitúa en alrededor de 7.700 millones de pesos en 2017, y lo que es peor, en el período mencionado ha registrado un promedio de 8.336 millones de pesos, con una tasa de cobertura (la relación en porcentaje de las exportaciones sobre las importaciones) del 23,6% en 2017, una de las más bajas del mundo.


La estadística oficial compensa estos pésimos resultados del comercio exterior con los ingresos obtenidos por servicios, que se calculan con unos procedimientos cuestionados a nivel internacional, siendo lo peor que no han superado, en ninguno de los años considerados, la cifra de 12.200 millones de pesos. Con ello, la balanza corriente presenta una evolución errática que en absoluto contribuye a corregir los desequilibrios externos. Es evidente que algo está funcionando mal, y tiene que arreglarse.

Durante los años de generosas subvenciones comunistas procedentes de la extinta URSS, y de comercio “pajarera” con los socios del CAME, las empresas estatales cubanas olvidaron su orientación exportadora, limitándose a cumplir los objetivos de la planificación central, que casi siempre se quedaban cortos para atender las necesidades de la demanda interna. El derrumbe del socialismo real hizo ver al régimen comunista que sin unas exportaciones sólidas bien dirigidas a mercados competitivos, sería imposible contar con divisas para acceder a los bienes y servicios que no se producen en la economía. Y entonces, era demasiado tarde. A Cuba le faltaba para ello un factor fundamental para ser más competitiva, la productividad.

Cuba es un ejemplo evidente de las dificultades para que una economía abierta al exterior incremente su cuota de exportaciones de las principales áreas con las que se comercia, a pesar de las referencias de la competitividad de precios. En palabras de Paul Krugman, “la productividad no lo es todo, pero a largo plazo lo es casi todo”, una lección que los responsables de la economía de Cuba no han aprendido.

Si la economía cubana quiere exportar más, debe olvidarse de fiestas y ferias y dedicarse a aumentar la productividad. Para ello, debería seguir las recomendaciones de la OCDE, una organización con la que el régimen de La Habana no quiere tener relaciones ni contactos, pero que podría ayudar, y mucho, a reestablecer el equilibrio interno y externo que necesita la economía para mejorar la calidad de vida de todos los cubanos.

Básicamente, Cuba tendría que invertir en I+D, difundir la innovación, aumentar la transparencia en el diseño de sistemas de patentes para evitar que actúen como barreras de entrada, promover medidas competitivas que favorezcan la entrada de empresas en todos los mercados y permitan a las empresas crecer, ofrecer una mejor protección a los trabajadores frente a los riesgos en el mercado de trabajo, y estimular la movilidad ascendente de los trabajadores reduciendo el desajuste entre ocupaciones. En su diseño actual de política económica, tan solo el estado puede invertir en Cuba, por cuanto es el dueño de la mayoría de los activos productivos del país, ¿puede el régimen comunista de La Habana asumir estas funciones? ¿Está incrementando realmente el capital productivo en la proporción que realmente necesitan las empresas para producir más y mejor?

Lo dudo. Los datos de la participación de la formación bruta de capital fijo en el PIB no aumentan del 9%, uno de los porcentajes más bajos del mundo, lo que indica la escasa atención del régimen a las inversiones productivas del país. Las prioridades se orientan hacia el gasto corriente, superfluo y destinado a sostener unas gratuidades que ya no cubren las necesidades básicas de la población. El olvido de la industria, por ejemplo, supone que Cuba tenga una elevada dependencia de manufacturas básicas y de equipos y tecnologías del exterior, que no puede pagar porque la desfavorable relación real de intercambio supone una espada de Damocles sobre la economía nacional.

Y lo cierto es que la industria es el sector con mayor nivel de productividad y además, el que mejores perspectivas puede ofrecer para una economía que quiera exportar con competitividad. Sería necesario promover una política industrial renovada, alejada de clichés estalinistas, como los llamados “lineamientos”, y estrategias insostenibles a 30 años, que no contribuyen a adoptar las decisiones que, necesariamente, se tienen que adoptar para mejorar la actividad industrial.

Cerrar el paso a los cubanos a la iniciativa empresarial libre, o apostar por diseños autárquicos enfermizos cuyo único objetivo es sustituir las importaciones por producción nacional, no tiene el menor sentido en la globalización. Lo mejor es olvidar cualquier ensayo de retorno a un proteccionismo que no va a servir para incrementar la productividad, sino todo lo contrario.

Además, aunque Cuba posee unos bajos costes salariales, lo que podría otorgar a la economía competitividad vía precios en los mercados internacionales, tampoco es recomendable apostar por esa estrategia, que tiene un recorrido limitado en cuanto los trabajadores demanden mayores salarios por una productividad en aumento. Tengo mis serias dudas que el tipo de cambio que finalmente resulte del peso cubano con el dólar pueda ayudar a mejorar la competitividad exterior de la economía.

Entonces, ¿qué se tiene que hacer? Creo que la única forma posible de lograr un aumento de la productividad y la capacidad exportadora consiste en promover el estímulo de la profesionalidad y la eficiencia en las empresas, la mejora de la calidad de los productos, el desarrollo de los canales de comercialización, en suma, lo que en ningún momento se ha pensado hacer y se está haciendo en la economía cubana. Y todo eso es mucho más importante que “los FIHAV y las ferias y fiestas”. Si se quiere realmente impulsar las exportaciones cubanas, y creo que existe espacio para ello, hay que producir mejor y saber vender lo que se produce, hay que cualificar a la población laboral, introducir tecnologías modernas y hacer las cosas bien y no más baratas.

Estamos hablando de cuestiones que rara vez merecen la atención de las autoridades comunistas, entretenidos en inaugurar “ferias para extranjeros”, pero que son fundamentales para el funcionamiento eficiente de una economía, como la mejora de la profesionalidad, la eficiencia y la productividad. Si se desea, hay tiempo para ello. Solo es necesario saber a dónde quiere ir, y cómo hacerlo.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 14/11/2018, 20:18

En torno a los efectos económicos del "largo" viaje de Díaz-Canel

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Largo viaje de once días el que acaba de emprender Díaz Canel rumbo a una serie de países, como Rusia, China, Vietnam, Corea del Norte y Laos. El socialismo del siglo XXI en América Latina no da para más, y la búsqueda de fuentes financieras y socios comprometidos con la “revolución” está en la agenda del dirigente castrista. La cuestión es si tendrá éxito o no. Que fuera el mismo Raúl Castro a despedirlo al aeropuerto de Rancho Boyeros da una idea bastante concreta del interés del viaje. El sistema está cerrado, bajo llave.

Los analistas y observadores de la política castrista se han sorprendido de este viaje. No suele ser frecuente que los dirigentes comunistas de Cuba salgan al exterior. Fidel lo hizo en contadas ocasiones, Raúl prácticamente ninguna. Al margen del temor a una orden de detención internacional cursada por Interpol, los hermanos Castro tenían poco que hacer fuera de la isla de su propiedad. Como buenos dictadores, su ámbito más próximo colmaba sus aspiraciones. Para qué iban a salir del país si todo lo que deseaban estaba al alcance de sus manos.

La cosa ahora ha cambiado. Díaz-Canel da la sensación de una hiperactividad contagiosa, en un intento por demostrar que está ahí, y que algo tiene que ver con el poder. Durante las últimas semanas, su agenda en la isla ha sido descomunal, acercándose a todos los sectores y organizaciones sociales. Ahora toca salir al exterior con objetivos concretos basados en lo que llaman en Cubadebate “asuntos bilaterales internacionales de interés común”.

Si suponemos que el viaje tiene un marcado contenido económico, los datos disponibles ofrecen algunas evidencias. Según la información oficial de ONEI, las exportaciones cubanas a estos cinco países alcanzan en 2017 391 millones de pesos, lo que representa alrededor del 16% de las ventas totales del país en el exterior. China se destaca en primera posición, con 364 millones que supone casi el 94% del total, Corea del Norte o Laos por ejemplo no recibieron exportaciones cubanas en 2017. Además, con respecto a 2012, la dinámica de las ventas de Cuba en estos países no se puede considerar favorable, en aquel año, la cifra alcanzó 562 millones de pesos, por lo que en el último lustro se ha producido un descenso del 30% en las exportaciones cubanas a los cinco países y la culpa obviamente no es del "bloqueo". Difícil lo tiene Díaz-Canel con este balance para que le concedan financiación.

Porque las importaciones de estos países, lo que compra Cuba, parece otra cosa. En efecto, estos cinco países vendieron a Cuba en 2017 por valor de 2.353 millones de pesos, que representan el 23% del total de las importaciones. Un peso claramente superior en el comercio, donde China ocupa una clara posición de liderazgo. Además, con relación a 2012, las compras que hace Cuba a estos países han aumentado un 40%, a pesar del "bloqueo y del embargo", un dato que contrasta con la disminución que en el mismo período experimentan las importaciones totales de la Isla, que fue un 27%.

Por lo tanto, las compras hacia estos países han aumentado, en concreto con Rusia un 65%, con Vietnam un 47% más, y con China, a pesar de sus abultadas cifras, también ha aumentado un 34% sus importaciones a Cuba. A resultas de lo anterior, la economía de la isla mantiene un considerable y abultado déficit comercial con estos países, en concreto de los 1.123 millones de pesos de 2012 se ha pasado a 1.962 millones en 2017, prácticamente el doble. No es extraño, a la vista de esos datos, que Raúl Castro haya ido al aeropuerto a despedir a Díaz-Canel y desearle suerte en sus gestiones. Le hará falta.

Desarrollar el comercio entre dos países requiere apostar por un cierto equilibrio en las cuentas a medio plazo, lo que en su caso, cuando no existe, obliga a practicar generosas políticas de aseguramiento de las operaciones por parte del país que vende más de lo que compra, como ocurre con los 5 de este viaje. La notable descompensación en el comercio de bienes entre Cuba y los 5 tiene que ser corregida de alguna manera, porque la economía exige equilibrios. En ausencia de mecanismos adecuados para el ajuste en el ámbito financiero, lo normal es que déficits tan abultados de año en año acaben generando endeudamientos descontrolados de los que no se tiene información oficial, pero que de buen seguro, irán bien calculados en la carpeta que acompaña a Díaz-Canel en sus visitas.

Y aunque la prensa oficial del régimen haya glosado con la tradicional propaganda los acuerdos y convenios que se espera que se firmen en esta ronda de contactos del viaje, como la "declaración conjunta entre Rusia y Cuba sobre los temas de la agenda internacional", o la visita a la primera feria internacional de importación de China en Shanghai (de la que podría obtener información para aplicarla en la Fihav el año próximo) y los acuerdos en las áreas del comercio, las energías renovables, el turismo, la tecnología y la cooperación en el marco de la iniciativa de la Franja y la Ruta de la Seda con el gigante asiático; o la visita a ciudad Ho Chi Minh, donde radican importantes empresas vietnamitas con presencia en Cuba, para firmar un nuevo acuerdo comercial bilateral entre los gobiernos de ambos países.

A pesar de todo, considero que el balance final no va a dar excesivos motivos de alegría. Va a ser difícil que este viaje sirva para compensar las enormes pérdidas que para el régimen comunista de Cuba se derivan de la pérdida de los contratos en Brasil (y la exigencia inmediata del pago de deudas por la nueva administración presidencial) y de la disminución del fuelle de Venezuela, cada vez más sin futuro. Los turistas pueden venir tal vez de Rusia o de China, pero nunca serán los que en mayor número lleguen a la isla. Según datos oficiales de ONEI, los procedentes de Rusia rara vez superan el 7% del total en los mejores años, y los de China menos del 2%. Es evidente que los mercados de suministro están más cerca.

Por lo tanto, creo que este viaje no tendrá grandes beneficios para el régimen comunista de La Habana, a pesar de las expectativas abiertas. En Vietnam deberían informarle de los efectos positivos del Doi Moi, y su impacto dinamizador sobre una economía de hambrunas estructurales que se despojó de la herencia ideológica comunista. En Corea del Norte, donde las relaciones económicas con Cuba son insignificantes, tan solo la foto con Kim Jong-un podrá quedar para la posteridad. En China o Rusia ya están hartos de no cobrar a tiempo, y es posible que le aprieten las clavijas. Hasta los socios más atentos, pierden la paciencia en algún momento.



En todo caso, cada país tiene derecho a decidir con quién quiere relacionarse (Cuba siempre lo ha hecho con sus pares ideológicos) y qué tipo de relaciones desea mantener. Díaz-Canel ha entrado fuerte con este largo viaje hacia el incierto Laos, que constituye una novedad para la diplomacia castrista. Lo dicho, el círculo de relaciones del socialismo del siglo XXI toca a su fin, y hay que identificar nuevos socios dispuestos a aceptar deudas incobrables y otras majaderías. La cuestión es ganar tiempo como sea para no implementar las únicas medidas que pueden mejorar la productividad de la economía cubana y permitir la superación de su actual marasmo, clavada en ese fatídico 1,1% de crecimiento del PIB que le atribuye la CEPAL. No veo a "Kim" el de Corea del Norte, comprando médicos, maestros o entrenadores cubanos. No es Evo Morales. Tal vez, a Díaz-Canel no le han asesorado bien.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 05/12/2018, 21:30

El ViMariel: otro fracaso a la vista

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Los medios de propaganda del régimen castrista anuncian a bombo y platillo, el comienzo de la construcción del parque industrial de ViMariel, primer concesionario con capital 100% vietnamita en la Zona Especial de Desarrollo Mariel, enclave logístico situado a 45 kilómetros de La Habana.

La llegada del capital vietnamita al Mariel es interesante. Por medio de esta iniciativa, que forma parte del conjunto de actividades previstas dentro de la sesión de la Comisión Intergubernamental Cuba-Vietnam, se encarga a la empresa ViMariel el desarrollo del proyecto. Esta ViMariel es una sociedad mixta, típica de las que forman parte de la red de capital extranjero en Cuba, constituida entre los gobiernos de los dos países, y filial en el caso de Vietnam de otra empresa, la Corporación Viglacera S.A., que cuenta con amplia experiencia en el desarrollo y operación de parques industriales.

La entidad ha sido autorizada por el régimen a proyectar, invertir, construir, administrar y explotar la infraestructura y un Parque Industrial en un área de aproximadamente 157 hectáreas localizadas en el sector A de la Zona del Mariel. De acuerdo con declaraciones oficiales, la empresa prevé la instalación de empresas internacionales vinculados a las construcciones, a partir de entidades propias u otras asociadas, centrada en los materiales de la construcción, la industria pesada, la de envases y embalajes, las manufacturas en función del uso de aseo persona y del hogar, la industria biofarmacéutica, así como la actividad logística, producción de vidrio plano y bloques de vidrio, entre otros.

Según declaran las autoridades del régimen, se espera que ViMariel SA consiga desarrollar un programa que multiplique las actividades de inversión extranjera directa en el Mariel.

Pues yo creo que se equivocan. Y que en el curso de no muy largo tiempo se podrá comprobar que este tipo de iniciativas rara vez suelen dar éxito cuando se diseñan con criterios ideológicos directivos que tratan de marginar y aislar el papel de los agentes privados, en concreto, de los cubanos.

De nada sirve este derroche de recursos económicos si lo único que se espera son inversores extranjeros en busca de algún proyecto dirigido a los mercados internacionales, toda vez que la capacidad adquisitiva de los cubanos no despega. En concreto, este parque empresarial no permitirá a los cubanos instalarse y promover sus propias iniciativas empresariales. ¿En qué cabeza puede fraguarse una idea de estas características? Tal parece que el régimen castrista desprecie a sus ciudadanos, los mantenga alejados de la prosperidad económica y les impida ser iguales, qué curioso, que los extranjeros.

En las actuales condiciones, los cubanos no tienen autorización de su gobierno para crear empresas industriales e instalarlas en el parque de ViMariel. Las iniciativas de trabajo por cuenta propia, las únicas que se permiten, no caben dentro de lo que se denomina como sector industrial. No conviene olvidar que la manufactura es la actividad económica que experimenta mayores aumentos de productividad, y con ello de empleo, beneficios, renta y riqueza. Al excluir a los cubanos de esta actividad, el régimen les impide desarrollar bajo la iniciativa privada emprendedora, este tipo de negocios. Tampoco permite a los cubanos poner en marcha una joint venture con un inversor extranjero porque este tipo de operaciones solo se pueden realizar por las empresas estatales dependientes del régimen. Esta torpe decisión ideológica supone que esta iniciativa no pueda aprovechar plenamente el desarrollo de la actividad económica.

Pero es que si los cubanos de a pie no podrán participar en las actividades del parque industrial, la pregunta que hay que plantearse es ¿cuántos inversores extranjeros pueden tener interés en desarrollar iniciativas con el gobierno castrista en lo que se oferta en este parque? Aunque la concesión se ha planteado para 50 años, los vietnamitas tienen poco, por no decir ningún, interés en ofrecer instalaciones en este parque del Mariel a empresas ¿asiáticas?, tal vez otras corporaciones de Vietnam? Lo razonable sería tratar de localizar empresas de América Latina, eventualmente interesadas en ubicarse en el Mariel. La pregunta sigue siendo la misma, ¿para qué? Un mercado interno de muy bajo poder adquisitivo, con salarios medios de 24 dólares al mes, y con una cifra de turistas estancada que no supera los registros del pasado año, ofrece escaso atractivo al capital extranjero regional. Cabe pensar solo un instante en los costes asociados a una inversión trasnacional procedente de la lejana Asia, y se tendrá de manera inmediata una conclusión: las empresas potencialmente interesadas en este parque van a ser muy pocas. No le auguro un gran futuro.

Es un poco la historia del primer lustro de vida del tristemente célebre Zona Especial de Desarrollo del Mariel, creada en 2013. Ya dijimos, en su día, que las ZEDs habían sido una estrategia oportuna en los dragones asiáticos en la década de los 80 del siglo pasado, no tienen mucho sentido en el escenario actual de globalización y de plena vigencia de la cuarta revolución industrial. Esa manía obsesiva del régimen castrista por no superar el paso de la historia, y continuar anclados en 1959, es un desastre para la economía cubana, porque le impide progresar y adapatarse a los tiempos que corren. El Mariel es un buen ejemplo de ese fracaso anunciado, y la ViMariel viene detrás.

Los castristas se empeñan en querer hacer las cosas sin contar con la energía, el talento, la libertad emprendedora y los derechos de propiedad privada de todos los cubanos, y así les va.

De fracaso en fracaso, porque la economía tiene unas reglas, y si se quiere realmente fomentar el desarrollo económico sostenible a través de la atracción de inversión extranjera, la innovación tecnológica y la concentración industrial, los primeros que tienen que participar de este proceso son los ciudadanos cubanos, libre y voluntariamente, sin interferencias ni controles absolutos de su gobierno. Eso está fracasado, y cuanto antes se deje atrás mejor. Los vietnamitas lo saben. Ellos lo han hecho en su país con el Doi Moi.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 14/12/2018, 17:11

El engaño de la cuenta bancaria fiscal

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En Granma se publicò el primero -se supone- de una serie de artículos destinados a “vender” la llamada cuenta bancaria fiscal, que es una de las novedades más importantes de las medidas aplicadas a los trabajadores por cuenta propia desde comienzos de este mes.

Y lo primero que se tiene que decir es que este instrumento, tal como se ha planteado por las autoridades, ni servirá para cumplir sus fines, ni se establece en el momento más adecuado, y su puesta en marcha se asocia más a una visión comunista y controladora de la actividad económica, que a una disposición destinada, como dicen en Granma, a “mejorar el perfeccionamiento del trabajo por cuenta propia”.

Los comunistas castristas están empeñados, después de la “marcha atrás” que han debido aplicar en algunas de las nuevas medidas económicas que acaban de entrar en vigor (pero que fueron publicadas en julio pasado), en hacer pedagogía, más que otra cosa, propaganda de las mismas, para que “no solo los involucrados directamente, sino la población en general, asuman el estudio y conocimiento de esas disposiciones legales”, todo ello para evitar “equivocaciones, comentarios poco fundamentados y rechazo de plano”, es decir, más de lo mismo. Se equivocan. La actividad privada independiente, por muy sometida a control y represión que esté, tiene su propia dinámica, y es un potro fuerte, difícil de domesticar. Lo veremos.

Las cuentas bancarias fiscales se convierten, desde esta perspectiva, en uno de los instrumentos que el régimen ha dispuesto para domar a los potros. Y como ocurre casi siempre en el castrismo, las medidas no pueden ser más burdas e ineficaces. Básicamente, se trata de imponer la obligatoriedad a las personas que ejercen un trabajo por cuenta propia para aperturar una cuenta, y realizar todas sus operaciones económicas con ella en “las actividades de servicios gastronómicos en restaurantes, en cafeterías, y de bar y recreación, los arrendadores de vivienda, habitaciones y espacios, así como los que ejercen servicios de construcción, reparación y mantenimiento de inmuebles y de transporte de pasajeros en medio automotor con capacidad desde 4 hasta 14 pasajeros en la provincia de La Habana”.

El problema con este tipo de práctica se encuentra en las raíces torcidas del propio régimen. Todavía hay cubanos que se acuerdan de aquellos alegatos del llamado Che Guevara contra los bancos privados, que fueron todos confiscados sin el pago de la expropiación a sus legítimos propietarios. Muchos cubanos recuerdan como sus ahorros fueron confiscados de la noche a la mañana en lo que fue el primer y triste corralito de América Latina, por cierto, responsabilidad del argentino. El temor a los bancos hizo que los cubanos desconfiaran durante varias generaciones en entidades que pasaron a ser brazos armados de la actividad represora y de control estatal, sin aportar evidencias para lograr un sistema bancario y financiero equivalente al de otros países. Los datos son elocuentes. A comienzos de 2010, un estudio confirmaba que el 80% de los trabajadores cubanos cobraban sus honorarios en metálico, y solo un 12% contaban con una cuenta corriente en algún banco. Probablemente, los datos más bajos del mundo.

En pleno apogeo del llamado “período especial” la actividad económica privada encontró amplios espacios para su desarrollo, ante la incapacidad del régimen comunista para afrontar las consecuencias de la pérdida del subsidio soviético, y las transacciones se realizaron al margen de una banca inoperante, poco eficiente y sometida a control por el estado. Los datos de crecimiento de la cantidad de dinero en circulación en la economía cubana en aquellos años superaron en porcentaje anual los dos dígitos. La economía sumergida, al margen de la oficial, funcionaba de forma eficiente permitiendo un notable desarrollo de las actividades privadas, y lo que era más importante, satisfaciendo las necesidades de los cubanos y permitiendo ejercer la libre elección. Y todo ello, sin necesidad de bancos. Luego llegó Chávez con el petróleo y Fidel Castro recentralizó todo aquel proceso de crecimiento, insultando a los emprendedores privados y convirtiéndolos una vez más en sujetos de represión: los llamados de manera despectiva, "macetas" desaparecieron para siempre de la escena económica.

Más de 20 años después, y tras la apertura económica iniciada de forma tímida por Raúl Castro, el régimen vuelve a las andadas para controlar la actividad privada, pero esta vez se cuida muy mucho de eliminar a los trabajadores por cuenta propia. Los necesita. Para que la economía no entre en recesión, para que se cree empleo, para obtener ingresos tributarios, y sobre todo, para que los cubanos tengan algo que llevarse a la mesa todos los días y no se produzca un estallido social. Y así se lanzan a implementar una serie de medidas para controlar y limitar el crecimiento de la actividad privada, entre ellas, la cuenta bancaria fiscal.

El régimen reconoce que esta disposición administrativa está creando “dudas y hasta rechazos entre los contribuyentes”, y se ha lanzado desde los medios comunistas y con la participación de funcionarios y altos cargos, a disponer una propaganda que trate de contrarrestar esa pésima opinión que existe entre los emprendedores cubanos.

Muchos se hacen la pregunta para la que nadie tiene la respuesta, ¿por qué los trabajadores por cuenta propia tienen que abrir una cuenta bancaria fiscal?¿por qué no se puede abrir una cuenta normal en una institución crediticia, o dos, e incluso tres, si las cosas van bien, y en cambio tiene obligatoriamente que abrirse esta cuenta corriente bancaria que funciona solamente a los efectos del control de las operaciones tributarias, con los términos, límites, alcance y condiciones dispuestos de manera específica.

¿Por qué no tienen que abrir una cuenta similar los trabajadores, en general, y así se dan pasos decisivos hacia la modernización bancaria con el uso de tarjetas ? ¿Por qué no se establece que las cooperativas lo hagan y se aplica solamente a los trabajadores por cuenta propia? ¿A qué es debida esta asimetría?

El régimen insiste que se trata de un mecanismo de ordenamiento y facilitación de operaciones en el trabajo por cuenta propia, pero los emprendedores cubanos no lo creen así, e interpretan la cuenta bancaria fiscal como una excepcionalidad. Somos muchos los que pensamos que en un estado democrático y de derecho, tribunales de justicia independientes resolverían favorablemente cualquier recurso presentado por un particular contra una medida tan discriminante. En Cuba, esta actuación de los tribunales populares sería impensable, así que la posición de cautela, temor y desconfianza se mantiene, e incluso acrecienta.

Lo cierto es que desde el año 2011, el régimen comunista había dispuesto varias normas para que los trabajadores por cuenta propia tuvieran una cuenta corriente bancaria para sus operaciones, pero el límite de ingresos brutos anuales iguales o superiores a 50.000 pesos cubanos, dejaba a la mayoría fuera del alcance de la norma.

Siete años después, y asumiendo que la actividad de los trabajadores por cuenta propia se encuentra consolidada, se extiende el uso de la cuenta bancaria fiscal a todos. Detrás de este postulado hay algo tan erróneo como creer en esa eventual “consolidación” de la actividad privada. Lejos de la realidad, como ocurre en la economía castrista, nadie se ha detenido a pensar que el emprendedor privado no va a estar siempre ahí, dispuesto a operar sin obtener las ganancias que compensen su esfuerzo. Este tipo de motivaciones no se entienden en el marco de la planificación central comunista.

El segundo argumento es que por medio de las cuentas bancarias fiscales se “facilitan las operaciones y relaciones financieras entre los distintos agentes económicos, como ocurre en cualquier parte del mundo”, otro postulado que parte de un error que es creer que en Cuba todos los agentes económicos operan en el sistema bancario, lo que tampoco es cierto.

Tiempo habrá de comprobar cómo los emprendedores se adaptan a estas normas. E incluso qué experiencias cabe obtener para el resto de actividades aprobadas para ejercer el trabajo por cuenta, a las que se irá exigiendo la cuenta bancaria fiscal progresivamente hasta que todos la tengan, incluso los paseadores de perros o los peladores de fruta.

Nadie cuestiona la necesidad de una ordenación de las relaciones económicas, ni la exigencia de contabilidad general e interna para los nuevos emprendedores. Ellos mejor que nadie saben de la importancia de estar al tanto de sus cuentas, para no quebrar y sortear las dificultades que existen en una economía donde no se favorece su desarrollo, sino todo lo contrario. Ni siquiera para dar una mayor seguridad a las operaciones económicas y ayudar a que el sector se consolide. No es por medio de este tipo de imposiciones bancarias y fiscales como crece la economía privada de un país, sino todo lo contrario.

Lo que se cuestiona es la imposición de una determinada cuenta y sobre todo, el régimen de depósito previo de cantidades, que va a suponer un gran esfuerzo para muchos de los trabajadores por cuenta propia que viven al día.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 12/01/2019, 15:48

Más presión fiscal sobre los productores agropecuarios: malas noticias

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La bola pica y se extiende. No contentos con asfixiar fiscalmente a los trabajadores por cuenta propia, lo que les impide hacer crecer sus pequeños negocios, contratar más trabajadores y generar crecimiento y prosperidad, los comunistas anuncian a través de Granma, su diario oficial, una nueva vuelta de tuerca fiscal, esta vez dirigida contra los productores individuales agropecuarios, no pertenecientes al sector de la caña. Una nueva obligación tributaria vinculada a la llamada “Ley 113”, que va a provocar efectos muy negativos sobre los productores, que en definitiva, se trasladarán a los consumidores. Tiempo al tiempo.

En definitiva, Granma anuncia la “novedad” que para 2019 los trabajadores agropecuarios individuales, bien sea asociados o no al sector cooperativo, tendrán que empezar a pagar impuestos de acuerdo con la declaración jurada por los ingresos obtenidos en el presente año. Hasta la fecha, estos agricultores pagaban solo la retención del 5%, por las ventas a entidades que acopian sus manufacturas. Sin embargo, las autoridades, en su voracidad fiscal, entienden que este impuesto toca a su fin, y que ahora, justo en el peor momento en que escasean nuevamente alimentos y productos básicos, los agricultores deben pagar más, y hacerlo todos, sin excepción.

Así que desde el 8 de enero hasta el 30 de abril los productores individuales agropecuarios cubanos se verán sometidos al nuevo sistema tributario que les acecha, y solo se acepta una pequeña bonificación por pronto pago, si presentan la declaración jurada y pagan el impuesto antes del 28 de febrero. En Granma explican que esta nueva normativa fiscal lleva en preparación los últimos 12 meses, y que se había facilitado información a los productores para que estuvieran preparados para afrontar el nuevo escenario fiscal. No parece que esto haya servido para algo, toda vez que la situación de la oferta agropecuaria en Cuba deja mucho que desear, con cifras en claro descenso en la mayoría de producciones. Además, la preocupación de muchos cubanos por saber qué van a llevar a la cesta de alimentos, se encuentra bastante extendida, como anuncian informaciones procedentes de la isla. En todo caso, es conocido que más presión fiscal no suele ir acompañada de aumento de la oferta, sino de todo lo contrario, así que ya veremos si los “funcionarios e inspectores del gobierno encargados de explicar los cambios en la normativa” son capaces de remontar las deprimidas cifras de producción agraria, y sobre todo, las que se esperan.

En todo caso, no sería una mala idea que la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, que dice defender y representar los intereses de los productores agropecuarios, enfrentara este nuevo sistema tributario y que, al igual que los valientes boteros de La Habana plante cara a Díaz Canel. Tal y como están las cosas, igual dan marcha atrás, por mucha necesidad de ingresos que tenga el gobierno para financiar sus absurdos “gastos sociales”.

Y unos consejos para terminar. Los comunistas que dirigen la economía cubana deberían saber, de una vez por todas, que no se estimula un sector productivo por medio de la política fiscal, y de una serie de incentivos y de majaderas “escalas progresivas diferenciadas con el resto de los contribuyentes”. Nada de eso es así. Más bien todo lo contrario. La fiscalidad, sobre todo si es injusta y no democrática, distorsiona las decisiones que toman los productores, sobre todo cuando acompaña medidas que son sobrevenidas, y no sirve para potenciar la eficiencia y la productividad, ni tampoco, estimular el crecimiento de la producción. Es decir, que con este tipo de actuaciones, lo que va a ocurrir en los próximos meses es que se va a reducir la oferta de alimentos y al final, el régimen tendrá que salir a comprar urgentemente productos agropecuarios en el exterior, probablemente en EEUU y además, pagarlos al contado con liquidez y divisas que no tiene. La historia se volverá a repetir una vez más. Por desgracia.

Lo que hay que hacer es olvidarse de los impuestos, sobre todo cuando una economía es débil y lucha por abrirse camino, como ocurre en el sector agropecuario cubano. Esta fiscalidad antidemocrática que se practica en Cuba, no sirve para aumentar los ingresos. Año tras año se observa en la liquidación del presupuesto. Todo lo contrario. Tampoco es justo comparar el productor de malanga o ñame, que lucha por mejorar los rendimientos en su pequeña parcela, con el del productor de caña de azúcar, porque se trata de cosas tan distintas, que deben ser sometidas a un tratamiento igualmente distinto. En todo caso, la falta de caña para los ingenios a la que hacía referencia Machado Ventura hace días, puede tener mucho que ver con este escenario de confusión tributaria.

En numerosas ocasiones, se ha señalado que no hay justificación alguna para establecer impuestos, tasas y contribuciones en un país que no es democrático, como Cuba. Precisamente, la diferencia entre las dictaduras y las democracias reside ahí, en el hecho que los ciudadanos, cuando pueden ejercer libremente su voto y elegir sus gobernantes desde la pluralidad y el respeto a los derechos humanos, ceden de manera voluntaria a los gobiernos parte de sus ingresos para que logren objetivos colectivos de bienestar social, distribución de la renta o crecimiento sostenible. En las dictaduras, como la castrista, donde el ciudadano carece de derechos políticos, la fiscalidad es un instrumento más al servicio de la represión gubernamental y un arma de los dirigentes para impedir que los derechos humanos económicos florezcan. Ni generalidad ni equidad son aspectos que funcionan correctamente en los sistemas tributarios cuando no existe libertad ni democracia.

La economía cubana, su sector agropecuario, podría ser un potente estímulo al desarrollo económico y social de la isla. Pero se encuentra atrasado, débil y es incapaz de producir lo suficiente para alimentar a toda la población. Nada que ver con lo ocurrido antes de 1959. Con más fiscalidad, estos aspectos negativos tienden a aumentar. Lo veremos en próximos meses.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 29/01/2019, 18:48

A propósito del fracaso de la inversión extranjera en Cuba en 2018

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Las autoridades comunistas de Cuba, entre ellas el propio ministro del ramo Malmierca, han reconocido el papel clave de la inversión extranjera para el desarrollo de la economía. Y como las cifras no acaban de ir bien, al final siempre se acaba culpando de todo al “bloqueo de EEUU”. Eso siempre, por supuesto, no puede faltar en cualquier diagnóstico.

Sin embargo, en las últimas comparecencias informativas, el ministro ha señalado, entre otros factores que limitan la llegada de capital extranjero a Cuba, “la presencia de la dualidad monetaria y cambiaria, y la liquidez financiera, la falta de preparación del personal y las deficiencias en los estudios de factibilidad”. Casi nada. Ya podemos empezar a hablar.

La dualidad monetaria, el absurdo tributario creado por Fidel Castro en pleno período especial, cuando los cubanos perdieron toda la credibilidad en su moneda nacional y se dedicaron a atesorar y utilizar el dólar de EEUU en todas las transacciones sigue en vigor y nadie sabe qué hacer. Fue Fidel Castro quién creó ese engendro para recaudar con el cambio de divisas a la nueva moneda, y su hermano Raúl aseguró, al comienzo de su mandato, que la dualidad monetaria sería eliminada, pero se marchó a su retiro dorado, dejando a Díaz-Canel y sigue extiendo la circulación de las dos monedas, CUP y CUC, además a un cambio estable que apenas ha sido modificado desde hace 25 años. Asombroso.

Coincido con Marrero que mientras exista dualidad monetaria muchos inversores extranjeros no van a tener confianza en la economía cubana, básicamente porque el CUC sirve para muy poco fuera de las fronteras de la isla, y el CUP peor aún, para nada, ya que carece de cotización en los Mercados Forex de divisas. Poner en orden esta situación es algo en lo que las autoridades llevan casi una década, sin acabar de corregir el desastre, al que ahora Marrero reconoce daños sobre la inversión extranjera.

Solo con una moneda firme y estable, creíble, que responda a los fundamentales de la economía y que refleje de manera adecuada las relaciones económicas entre las variables micro y macro económicas, se podrá alcanzar una solución para este problema, que amenaza con eternizarse, perjudicando a todo el mundo. Revertir la dualidad no es factible, porque ha llovido mucho en estos 25 años.

Encontrar una tasa de conversión que provoque los menores daños posibles sobre el nivel de renta y los precios, no es tarea fácil, pero urgente, sobre todo para reconducir procesos relacionados con el capital extranjero, entre otras cosas. No lo digo yo, lo afirma Marrero, y algo tendrá que decir en los consejos de ministros de Díaz-Canel. Vamos a ver en qué acaba todo. La urgencia es prioridad.

En cuanto a la liquidez financiera, el otro factor que limita la inversión extranjera, de acuerdo con Marrero, la situación puede ser incluso peor. Cabe pensar cómo se puede soportar un nivel de liquidez interna, cuando todos los recursos están concentrados en manos del estado, que ejerce un control absoluto sobre la actividad bancaria y financiera, llegando a obligar a los bancos a comprar los títulos de la deuda con los que se financia un déficit abultado, cuyas dimensiones empiezan a ser desconocidas y alarmantes. Los cubanos no confían en los bancos, la tasa de utilización bancaria para pagos y depósitos es de las más bajas del mundo, y como consecuencia de ello, el coeficiente de reserva no actúa como mecanismo de creación monetaria en la economía.

En Cuba, la liquidez interna se la devora el aparato estatal improductivo e ineficiente, para atender las necesidades del sector presupuestado, como de las empresas estatales de su propiedad. El espacio que ocupan en la economía los trabajadores por cuenta propia y otros agentes privados es tan reducido que, pese a generar una mayor productividad, apenas tienen peso en el conjunto de la liquidez. Si la economía no crece, y lleva registrando ritmos muy bajos durante demasiados años, la generación de recursos se limita y se concentra, cada vez más, en las manos improductivas del estado.

Por otra parte, la fuente de liquidez externa se encuentra muy restringida por un comercio exterior de mercancías deficitario que apenas se compensa con la venta de servicios profesionales y la llegada de remesas. El sector externo no es capaz de aportar la liquidez que necesita la economía y los estrangulamientos son continuos. Estos aspectos influyen de forma muy negativa en las decisiones de inversión extranjera, ya que el empresario no quiere tener restricciones a la hora de repatriar sus beneficios e incluso, reinvertir los fondos cuando se considere conveniente. En Cuba, todas estas prácticas que en otros países se encuentran ampliamente liberalizadas, están constreñidas por la acción discrecional del Banco Central, que actúa bajo la obediencia del gobierno, sin apenas autonomía. El cuadro no puede ser peor.

De la falta de preparación del personal y las deficiencias en los estudios de factibilidad, para qué hablar. Un país en el que prácticamente el 70% dela población está empleada en el sector estatal, parece mentira que no cuente con personal cualificado para la gestión de las inversiones extranjeras. En todo caso, si no cuenta con él, que lo forme, ¿no estamos ante uno de los sistemas educativos y formativos mejores del mundo? Pues adelante, manos a la obra.

La Zona Especial de Desarrollo del Mariel (ZEDM), cinco años después de su puesta en funcionamiento, es un ejemplo del fracaso de las políticas públicas castristas para atraer capital extranjero. Los proyectos que se interesan por esta Zona van a cuentagotas, responden a actividades de escasa relación con el resto de la economía cubana y no han servido para compensar los ingentes esfuerzos económicos realizados por el régimen y su socio brasilero para poner en marcha esta iniciativa. Todavía faltan viales y redes de comunicación, incluso apenas acaba de entrar en funcionamiento una terminal ferroviaria para el traslado de trabajadores que prestan servicios en las escasas actividades autorizadas en el área industrial y logística, materiales de la construcción y desarrollo del turismo. No existen datos del número de trabajadores empleados en la Zona, así como del impacto económico de la misma. Tan solo que en 2018 se captaron 474 millones de dólares, la cifra más elevada de todos los años. Actualmente operan 17 proyectos.

De igual modo, la denominada “cartera de oportunidades para la inversión extranjera” ha sido otro fracaso estrepitoso de la política de atracción de capital extranjero. Ya lo dijimos en su día, cuando el régimen lanzó a bombo y platillo el instrumento, y lo volvemos a reiterar ahora. El empresario extranjero que es dueño de su dinero no quiere que ningún gobierno le diga donde puede y debe poner su dinero. Por más proyectos que se incluyan en la cartera, y creo que ya va por unos 525 proyectos, su eficacia para atraer al inversor, será nula.

Los esfuerzos por desplegar una “ventanilla única” para todos los negocios fuera de la ZEDM, destinada a acortar los procesos de negociación, eliminar trabas y mecanismos que hacían engorroso el proceso de aprobación del proyecto de inversión, sin perder de vista los requisitos exigidos en la negociación, tampoco están dando los resultados esperados, porque las cifras de inversión extranjera están muy lejos de las planificadas. Todo ello debería apuntar a una revisión en profundidad de la actual política.

Sinceramente, de nada sirve que el ministro Marrero insista en que la inversión extranjera es fundamental para dinamizar la economía cubana, y pida que no existan “miedos ni prejuicios hacia la apertura con el capital foráneo”, si estas trabas no se corrigen. Y mucho me temo que ninguna de las tres expuestas anteriormente tienen solución dentro del modelo económico castrista, y que hará mucho más falta que un “cambio de mentalidad” para ordenar los procesos inversores extranjeros, de acuerdo con el espíritu de la Ley 118 que lleva ya en vigor 4 años y va para 5, y que solo ha servido para atraer 5.500 millones de dólares, más o menos lo que se esperaba conseguir por año, en 4. Un desastre, por donde quiera que se mire.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 03/02/2019, 15:05

Una economía que no mejora sus cifras, y que va a peor

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El programa televisivo Mesa Redonda se dedicó al análisis de la situación. y previsiones de la economía. Y en vez de contar con un cuadro macroeconómico cerrado, los espectadores debieron conformarse con explicaciones parciales y fragmentarias ofrecidas por el ministro del ramo, Alejandro Gil Fernández, al que compete la endiablada planificación de la economía castrista, que rara vez acierta en sus previsiones.

Ante los espectadores del programa, el ministro afirmó, una vez más, que el crecimiento de la economía nacional de un 1,2% durante el año 2018 como cifra prácticamente cerrada. Además, calificó la cifra como “un resultado meritorio”. Las dos cosas, en mi opinión, no son ciertas. Ni acabará siendo el 1,2% sino mucho menos, y es un fracaso rotundo de las políticas económicas en curso, que supone la exigencia de un giro de 180º en la línea seguida por los comunistas cubanos.

No es que se trate de un crecimiento insuficiente, es que además, es desequilibrado, porque genera distorsiones en los procesos de toma de decisiones de los agentes económicos, sobre todo los estatales, y tiene lugar en un contexto en que, por mucho que lo intenten justificar, es favorable1. Por comparación, la República Dominicana, con una población similar y situada en la misma zona del planeta, registró un crecimiento superior al 6,3% en 2018. Las cifras lo dicen, algo funciona mal, y cada vez peor, en la maquinaria obsoleta de la economía castrista.

Lo malo de los dirigentes comunistas es que nunca aceptan el fracaso, y siempre encuentran en otros la responsabilidad de su incompetencia. El ministro aprovechó el espacio de la Mesa Redonda para enunciar, entre otros, “las circunstancias complejas, debido a diversos factores como el azote del huracán Irma”, que se tradujo en 13 mil millones de pesos perdidos, o ”al bloqueo impuesto por los Estados Unidos”, el eterno discurso.

En suma, el responsable de la planificación central de la economía castrista reconoció la imposibilidad de “alcanzar la meta del Plan de la Economía, que era crecer un 2 por ciento”. Razones más que objetivas para presentar su dimisión e irse a casa. Y ello, porque en este contexto, como él afirma, “ni se lograron los niveles previstos de ingresos por las exportaciones y como consecuencia de ello tampoco se pudo importar todo lo que estaba en el Plan y eso afectó a determinadas actividades”.

La dependencia externa de la economía cubana, y su escasa competitividad en la economía mundial, está en el origen de este fracaso anticipado. Décadas de subvenciones soviéticas gratuitas y de petróleo venezolano a bajo precio, han creado, junto al predominio de la empresa estatal burocrática, unas condiciones fatales para la expansión del comercio exterior. A todo ello, se une el cerrojazo de Fidel Castro a comienzos de siglo a la industria azucarera, base para la financiación de la economía. Todo un despropósito histórico, cuyas consecuencias se están pagando ya.

A resultas de ese profundo desequilibrio externo, el ministro dijo que “las inversiones se quedaron un 15% por debajo de lo esperado”, es decir, la clave del desarrollo de las infraestructuras que necesita el país, vuelve a quedar paralizada, y Cuba sigue siendo uno de los países del mundo con más bajo porcentaje de formación bruta de capital fijo en el PIB.

Con estos dos parámetros, el ministro se lanzó a realizar previsiones, “para el curso venidero, en el que será imprescindible obtener una mayor renta de las inversiones que se realizaron”. Muy bien, la cuestión es cómo conseguir esa mayor renta en un sistema económico que, a nivel constitucional, hace alarde de penalizar y castigar la acumulación de capital. O los comunistas se aclaran, lo que parece difícil a estas alturas, o los resultados del año 2019 pueden acabar siendo mucho peores.

Y en este punto, es cuando el ministro dejó de ver los árboles del bosque y se dedicó a saltar de rama en rama, sin tener una idea clara de lo que decía, ni por qué. Por ejemplo, él consideró “un tema preocupante el gasto de combustible y el desvío ilícito del mismo”. No creo que el gasto de combustible deba preocupar al responsable de la economía más de lo justo, porque de hecho es posible que un mayor crecimiento económico, lo que es bueno para la economía, esté relacionado con un mayor gasto de combustible que, eso sí, se tiene que pagar. Y mucho menos, con lo que él calificó como “desvío ilícito del mismo”, que muchos cubanos saben lo que es, y no es otra cosa que luchar contra el muro de indiferencia y el bloqueo interno que el régimen aplica a los ciudadanos para lograr que su existencia sea lo más angustiosa posible. Si en lugar de realizar cálculos absurdos sobre “un nivel de combustible en el Plan y su índice de intensidad energética” se dedicaran a buscar recursos con los que financiar mayores importaciones de petróleo dejarían de perder el tiempo en majaderías y ayudarían más y mejor a la economía a funcionar. Pero este no parece el problema.

La intensidad energética es un invento de los comunistas cuya interpretación deja mucho que desear. Al parecer es un indicador del Plan Estatal que mide “la cantidad de toneladas de combustible que se utilizan para producir un millón de pesos de Producto Interno Bruto (PIB)”. Es petróleo como factor de producción, al mismo nivel que el trabajo, el capital, la tierra, o sus distintas versiones. Nadie puede entender muy bien cuál es la base micro o macroeconómica para medir la elasticidad de demanda de energía de la economía con este modelo. Al parecer, “en el Plan de 2018 estaba previsto gastar 91,2 toneladas de combustible por cada millón de pesos del PIB. Se pretende terminar 2018 en 89. Para el año próximo se pronostica un 84,5”. Y para concluir dice que “debemos aumentar el control porque con menos combustible tendremos que hacer más”. Este tipo de planteamiento recuerda mucho al adoptado por los países desarrollados en las sendas crisis energéticas de 1973 y 1979 provocadas por la OPEP, pero actualmente no se presentan esas mismas condiciones e, incluso, el petróleo ha estado bajando de precio en los mercados mundiales. Nada que el ministro de economía castrista no sepa.

Es entonces cuando llega el momento estelar de la noche y se anuncia a los cubanos que este fin de año no han tenido abastecimiento de pan, que para el “2019 la meta de crecimiento económico trazada en Cuba es de 1,5%”, nada más y nada menos que la tercera parte de lo que debe crecer la economía para salir del estado de postración y subdesarrollo en que se encuentra. Y los responsables económicos castristas se quedan tan tranquilos.

Al parecer, han llegado a la conclusión, errónea, que este resultado se puede lograr gracias a la interacción de “tres elementos cualitativos que marcarán el devenir de la progresión en la mayor de las Antillas:
1- El crecimiento estará ajustado a nuestros recursos
2- Sin incrementar el endeudamiento externo del país
3- Sin renunciar al desarrollo
Pues bien, ya de antemano podemos afirmar que nada de eso se va a conseguir y que, en los primeros tres meses de 2019, la situación de la economía cubana va a ser muy grave, y cabe esperar cualquier efecto derivado de ese proceso.

¿Por qué decimos esto?

Primero, porque no se puede aceptar un crecimiento tan escaso. No estoy de acuerdo con el ministro comunista que se podría alcanzar una tasa de crecimiento superior, “pero ello estaría basada en incrementar el endeudamiento”. ¿De qué endeudamiento estamos hablando? Tal vez el ministro piense en el improductivo, en el gasto corriente que de año en año revienta las cifras del gasto público sin mejorar las infraestructuras. El sabe bien de qué estamos hablando. Si no se controla el gasto improductivo del sector estatal, es evidente que habrá endeudamiento. Pero si se fomenta el crecimiento de la actividad privada, la situación puede ser distinta.

El crecimiento en las divisas que necesita la economía cubana exige un replanteamiento de la oferta productiva interna, para exportar más y mejor, una vez satisfechas las necesidades internas de la población. Pero si se mejoran los ingresos del exterior, entonces se podrá importar más productos, sin necesidad de deudas crecientes. Los prestamistas están dispuestos a prestar a quiénes se someten a las normas internacionales de los mercados de capitales. Quien no honra los préstamos o los cancela o exige su condonación, tiene que buscar financiación por vías más heterodoxas.

Cuba tiene que mejorar su credibilidad y reputación internacional para obtener financiación para su desarrollo en infraestructuras y empresas, pero nadie le prestará para gasto público corriente. Esa historia ya es del pasado. Por supuesto que los préstamos se devuelven con intereses, por ello resulta fundamental crecer más, y hacerlo de forma sostenida, para poder devolver los intereses en los plazos establecidos y obtener más financiación. El ministro de economía comunista debería saber que esa es la clave del éxito de China o Vietnam. Nada cae del cielo gratis, y nadie hipotecar el futuro de la nación, sino poner en funcionamiento la economía de 11 millones de cubanos.

Y por eso, habría que preguntar al ministro cómo piensa incrementar la inversión en la economía en un 20% en 2019 con respecto al 2018 para alcanzar un total superior a más de 11.300 millones de pesos, algo menos del 10% del PIB, cuando la media de América Latina está por encima del 22%. En vez de tanto compromiso en el cumplimiento del Plan, el ministro lo tiene más fácil, dar por finalizada la etapa de la planificación estatal comunista, y abrir plenamente la economía al mercado y la libertad. Ya verá los cambios, y además, rápido.

La receta para crecer del ministro comunista cubano es un grave error, y puede acarrear problemas muy graves. Es falso que en las condiciones actuales, la economía cubana cuente con las presuntas “potencialidades para crecer” que dice el ministro, y lo que es peor aún, hacerlo “ajustando los recursos disponibles, sin aumentar el endeudamiento externo y sin renunciar al desarrollo”, simplemente es imposible, y lo único que va a provocar son tensiones y desequilibrios mayores que podrán terminar en un estallido social.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 01/03/2019, 15:42

A propósito de la “soberanía alimentaria” de Díaz-Canel

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Granma se hace eco de unas declaraciones de Díaz Canel durante la presentación del "Balance Anual del Ministerio de la Agricultura", en las que planteó “la necesidad de continuar trabajando para alcanzar la soberanía alimentaria que permita una mayor seguridad nacional”.

De acuerdo, lo reconozco: es un problema fundamental que no espera más. Póngase a trabajar. Pero, hágalo bien. En este post quiero indicar que ninguna de las propuestas de Díaz-Canel recogidas en la nota de Granma va a resolver el problema. ¿Por qué digo esto? Porque ninguna va a la raíz del problema de la insuficiencia de la agricultura cubana para dar de comer a toda la población. Vean si no.

Primero, Díaz-Canel “abogó por una mayor sensibilidad de los cuadros ante los problemas”. No, si sensibilidad tienen. Me consta que les sobra. A nadie le gusta ver cómo se pudre en el campo la cosecha porque un burócrata de turno de Acopio no da una orden de recogida. En el ministerio, se desentienden. ¿Para qué? Se preguntan, si luego volverán las colas o los precios altos, si el enriquecimiento está prohibido, lo mismo que generar recursos y empleo. Para qué molestarse. La agricultura cubana lleva 60 años funcionando sin estabilidad.

Segundo, se refirió también a la "investigación científica vinculada, por ejemplo, a la obtención de semillas de calidad” y puso de ejemplo el arroz y sus variedades cubanas. La verdad, no se de qué arroz habla el dirigente comunista. Según datos oficiales de ONEI desde 2012 a 2017 la producción de arroz en Cuba se ha reducido en un 37%, nada más y nada menos que 236.867 toneladas. A lo mejor el tiene otros datos. La mejora no se ve.

Tercero, hizo referencia a “las potencialidades de la agricultura de precisión, que permite ahorrar fertilizantes y plaguicidas, o la agroecología, que es más sana y responde al concepto de desarrollo sostenible; y del extensionismo agrícola, innovación cubana por definición”. Sin duda muy interesante: esa "agricultura de precisión" me recuerda a cuando Fidel Castro, durante el período especial, y ante la falta generalizada de piensos para alimentar a los pollos, entregó a todas las familias cubanas aquellos célebres pollitos, para que los cuidaran en casa, cuyo destino es desconocido. Díaz-Canel sigue la línea del comandante: majaderías comunistas.

En cuarto lugar, comentó, “la necesidad de trabajar más las tecnologías para la conservación de las producciones, sobre todo en los picos de cosechas”. Un sector, el frío industrial, que Cuba, por sus características climáticas, debería priorizar en la cartera de proyectos de la inversión extranjera, pero que brilla por su ausencia de forma inexplicable, así como la notable mortalidad de empresas que se han intentado establecer en este sector fundamental para la economía.

Y no se pierdan lo mejor. En un momento de su alocución, Díaz-Canel señaló la "obligación" que tienen las entidades agropecuarias de “establecer encadenamientos productivos con la inversión extranjera, las exportaciones, la sustitución de importaciones y todos los actores de la economía cubana”. Ni más ni menos, como si este resultado estratégico empresarial fuera el resultado de un mandato presidencial. Cierto es que prohibirlo sería una aberración, pero si la economía cubana busca esos encadenamientos, hará falta mucho más que un discurso de Díaz-Canel para lograrlo.

Luego hizo referencia a la importancia de “defender la producción nacional de renglones imprescindibles como pollo, pienso animal, maíz, carne de cerdo y de res”, pero vuelvo de nuevo a insistir que las estadísticas oficiales de ONEI son contundentes y no le dan la razón, ni tampoco motivo alguno para celebrar nada.

Díaz-Canel pasó revista igualmente al estado de Acopio, que según él, se encuentra en una fase de “perfeccionamiento del sistema” y “del papel que esta entidad tiene que desempeñar en la recogida de la mayor cantidad de producciones posibles, para que sea el Estado quien las comercialice y puedan controlarse los precios”, en un claro alegato en contra de la participación privada en la actividad logística de la economía cubana, según él, “para evitar intermediarios y la especulación”. Lo mismo de siempre.

Mención especial hizo al eterno “programa de autoabastecimiento local que debe incentivar la diversificación de la producción agropecuaria”, esa iniciativa marginal e improductiva, de cultivar en los pequeños jardines o las terrazas de los edificios para conseguir qué comer. También se refirió al perfeccionamiento del sistema de créditos para los productores, sin indicar cómo es posible que se articule un mercado de estas características cuando lo prohíbe la constitución misma; y hasta apuntó alguna cosa sobre “las inversiones de la agricultura vinculadas, sobre todo, a los sistemas de riego, porque es una de las cuestiones que más impide avanzar”.

Granma alude a que hubo debate. No se si debo calificarlo así. Ustedes juzguen. Machado Ventura dijo, subrayando lo ya expuesto por Díaz-Canel, que “los productores tienen que cambiar la mentalidad con relación a la siembra destinada al alimento animal” con relación al elevado coste de los piensos que importa la economía. Por su parte, Valdés Mesa habló del “pago a los productores por sus cosechas, así como a la atención constante que estos deben recibir de los cuadros del sistema de la Agricultura”. Finalmente, Rodríguez Rollero, titular de agricultura, incidió “en el programa de autoabastecimiento local”, para referirse al “movimiento de la Agricultura Urbana, Suburbana y Familiar, que tiene establecida “la entrega mensual de 30 libras de granos, frutas y hortalizas per cápita. Para lograr esa meta, se necesitan 154.000 toneladas mensuales y en los últimos meses hemos llegado a 95.000”. Es decir, otro indicador por debajo de lo planificado. Qué manera de jugar con los números. Como siempre.

Pasen ustedes revista punto por punto a lo dicho en esta reunión, y llegarán a la misma conclusión que yo. Otra pérdida de tiempo de burócratas aburridos. Además, sin evaluar el efecto negativo de las reformas en curso sobre la agricultura, como el arrendamiento de tierras que no consigue el despegue de la producción; y mucho menos, cuestionar el marco jurídico de derechos de propiedad privada, para fomentar el incremento de la superficie de tierras hasta alcanzar las economías de escala por parte de emprendedores agropecuarios. ¡Qué va! Eso no es revolucionario. Si no, vean lo que piensa Díaz-Canel de la logística privada en la distribución agroalimentaria: es cosa de intermediarios y especuladores. No veo mucho futuro para la agricultura cubana: las colas seguirán, los altos precios volverán en cualquier momento, y la cesta de alimentación seguirá siendo precaria. Un desastre.
¡¡¡¡ A Cuba todo es posible ...... nada está seguro !!!!
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