CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Di tutto un po' su Cuba

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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 30/10/2018, 22:08

Los movimientos de capital son de cubanos

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El régimen comunista no ha sido capaz de cortar de raíz los movimientos de capital que surgen en Cuba de forma espontánea. Parece que los necesita. Sin embargo, la ideología impide a la economía cubana sacar provecho de los mismos. Si el capital foráneo no llega, o lo hace de forma limitada, a pesar de la apuesta por la inversión extranjera desde la Ley 118, ahora resulta que el capital cubano empieza a salir de la isla, en grandes cantidades. Esa es la conclusión de un estudio de la consultora The Havana Consulting Group, que concluye que “los emprendedores cubanos sacaron en 2017 de su país alrededor de 2.390 millones de dólares nueve veces más que el capital extranjero invertido en la zona Especial de Desarrollo del Mariel (ZEDM) y una cifra similar a la que el Gobierno comunista dice que necesita para revitalizar la economía de la isla”.

Además, esta forma de sacar capital de Cuba nada tiene que ver con el funcionamiento habitual de las instituciones financieras que operan en el resto del mundo. Se trata de una “fuga de capital", motivada por la "falta de oportunidades" con que cuentan los trabajadores por cuenta propia para "invertir y expandir sus negocios" en la isla y que se materializa con dinero en el bolsillo, en pequeñas cantidades, por miles de cubanos que viajan al exterior, desde que el régimen flexibilizó la salida del país. Dicho de otro modo, el estado comunista no tiene control alguno sobre esos movimientos de capital, que lejos de estimular el crecimiento interno, suponen una pérdida de riqueza para la economía nacional, como consecuencia del permanente bloqueo del régimen a los cubanos.

El estudio explica cómo se distribuyen esos fondos que “salen del país”, y así, “líneas aéreas ($426 millones) que transportan a los cubanos a los destinos donde compran la mercancía, tiendas y almacenes ($1,008 millones) donde hacen las compras para después enviarlas a Cuba, agencias que empacan los productos ($58 millones) y las que se encargan de la logística ($52 millones) para el envío de la mercancía a la isla” se reparten el grueso del pastel, como consecuencia de la inexistencia en Cuba de mercados mayoristas, redes de distribución y de logística capaces de atender la demanda creciente y cualificada de los nuevos emprendedores.

Otra parte, no menos importante “queda en manos de hoteles, hostales, dueños de apartamentos, casas, restaurantes y taxis ($472 millones), que brindan hospedaje, alimentación y transporte a los cubanos durante el tiempo de estancia en estos países para hacer sus gestiones de compras. Por último, un monto aproximado de $366 millones de dólares que los cubanos invierten en el exterior en pequeños negocios y en bienes raíces”, siendo esta una cantidad de difícil determinación, pero que ante la imposibilidad que tienen los cubanos de invertir en su propio país, lo tienen que hacer en el exterior.


Hasta ahora se sabía que los miembros pertenecientes al conglomerado de empresas del estado y el ejército, sus hijos y familiares, salían al exterior y realizaban compras de artículos de lujo que estaban vetadas en Cuba para la mayoría de la población, pero ahora ha cambiado el escenario, y según este estudio, son miles los cubanos que están saliendo al extranjero llevando dinero encima porque en Cuba no pueden disfrutar de los bienes y servicios que desean, y a los que pueden acceder con su trabajo. Este trabajo del HCG que se viene realizando en los últimos años ha ido fotografiando un proceso que, de invertir la tendencia, sería altamente beneficioso para la economía cubana superando así su estrangulamiento externo de falta de divisas.

La cuestión es cuándo despertarán las autoridades comunistas y tratarán de controlar estos movimientos individuales de capital, porque de ocurrir dicha situación, entonces muchos de los pequeños negocios de la isla quedarían desabastecidos y las consecuencias serían mucho peores. Al final ocurre lo que tiene que ocurrir. La mayor parte del dinero que llega a Cuba son remesas familiares para mantener a hijos o nietos que malviven en la isla, y las salidas de capital de cubanos emprendedores que se aprovisionan de productos en el exterior o que desean construir pequeños patrimonios.

Es una situación absolutamente anacrónica que pone de manifiesto la absurda ideología castrista a dónde ha llevado a los cubanos y su economía. Ni saldo comercial positivo, ni entradas de turismo en aumento como se esperaba ni mucho menos inversión de capitalistas internacionales. Los cubanos, con remesas y beneficios de los pequeños negocios, son los que están moviendo el sector externo de la economía. Y los dirigentes comunistas perdiendo la oportunidad de rentabilizar esos flujos en beneficio de la economía nacional. Luego dirán que la culpa es del embargo.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 04/11/2018, 15:34

La FIHAV de La Habana, el bloqueo, el embargo y el no se qué

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Si el régimen comunista de La Habana quiere seguir adelante con el argumento del embargo o del bloqueo, lo tiene cada vez más difícil.

A ver cómo justifican algo así cuando se acaba de conocer que alrededor de unos 2.500 empresarios de más de 60 países asistirán en Cuba a la feria FIHAV, en su edición 36ª, considerada como el "certamen comercial más importante de la isla que cuenta con una amplia participación de los principales socios e inversores de la isla". Siempre nos quedará alguien como Malmierca, que ha dicho al respecto, que la abundante presencia internacional en la FIHAV es "una demostración más de que el mundo está con nosotros y de que el bloqueo (embargo) aísla a Estados Unidos". Para qué comentar más.


No me extraña que el propio Díaz-Canel, se tome unos minutos de su valioso tiempo para inaugurar la feria, e incluso que aproveche la ocasión para explicar a los allí reunidos que Cuba sigue sufriendo las duras consecuencias de un injusto bloqueo de EEUU. Más de uno de los asistentes se va a quedar sorprendido cuando comprueben que en el hotel de lujo de La Habana donde está alojado puede encontrar todo tipo de productos fabricados en aquel país del norte. Y desde luego, los asistentes son empresarios y seguro que tendrán ganas de que se hable de otras cosas, que es lo normal en una feria de comercio.

Cierto es que ni Fidel ni Raúl solían prodigarse por este tipo de eventos. La repugnancia que sentían ambos hacia el mundo de la empresa y de los negocios tenía este tipo de consecuencias. Sin embargo, Díaz-Canel anda buscando un lavado de imagen para su régimen en el que mezcla condonaciones de deudas con proyectos de inversiones a largo plazo, la necesaria búsqueda de socios financieros ahora que ni Venezuela ni Brasil están en condiciones de regalar nada y, al mismo tiempo, enjuagando un lenguaje que sirva de acomodo a la vieja guardia comunista, de la que él es un miembro distinguido, y que no le deja mover ficha sin autorización. Será interesante ver qué dice, si es que finalmente acude al certamen.

La realidad es que FIHAV no tiene nada que ver con el embargo o el bloqueo. Se trata de una feria comercial multisectorial, que se celebra todos los años de manera ininterrumpida desde 1983, antes del derrumbe del muro de Berlín y cuando el régimen comunista todavía recibía generosas donaciones de la URSS para sus planes. La feria se celebra a 25 kilómetros al sureste de La Habana en un recinto que cuenta con 25 pabellones emplazados en un área de 600.000 m2, de los cuales 25.000 m2 corresponden a zonas de exhibición o muestras. Evidentemente, para cualquier observador, nada que ver con embargos o con bloqueos.

Allí se firma todo tipo de contratos de colaboración y de negocios entre empresas estatales y extranjeras. Obviamente, los trabajadores por cuenta propia, que tienen pequeños negocios, o los agricultores con tierras cedidas en arrendamiento, o los artistas independientes, e incluso alguna cooperativa no agraria, tienen absolutamente prohibido participar en el certamen, y eso si que es un bloqueo del régimen a los propios cubanos.


El régimen de Díaz-Canel no quiere que esos agentes económicos, que están siendo los verdaderos protagonistas del débil crecimiento de la economía cubana, un 1,1% según ha confirmado la CEPAL, se puedan beneficiar del contacto, la relación y la transferencia tecnológica con los extranjeros. Las inversiones solo deben servir a los intereses del estado comunista y sus empresas. En total, serán casi 350 empresas “cubanas” distribuidas en un gran pabellón central de unos 5.000 metros cuadrados donde "se mostrarán los bienes y servicios nacionales", como dijo el presidente de la Cámara de Comercio de la isla, Orlando Hernández Guillén. Otra forma de practicar el más cruel e ineficiente de los bloqueos o embargos, los llamen como quieran.

Además, las informaciones que se han facilitado a los medios sobre FIHAV suponen una clara contradicción con la “campaña comunista desplegada en Naciones Unidas contra el embargo", porque a ver si una nación sometida a este tipo de prácticas podría contar con la participación de 2.500 empresarios extranjeros (se espera incluso a algunos de EEUU), alrededor de 30 cámaras e instituciones promotoras del comercio, unas 20 delegaciones oficiales de alto nivel y otros visitantes cubanos y extranjeros, con España a la cabeza, que vuelve a ser el país con mayor representación con la participación de 113 empresas, casi todas ellas pymes, en tres pabellones, uno de ellos dedicado exclusivamente al País Vasco que envía 30 corporaciones a la feria anual cubana. No es extraño, teniendo en cuenta que los días 22 y 23 de noviembre se producirá la visita del presidente Sánchez, tal y como acordó con Díaz-Canel en Naciones Unidas.

El régimen comunista se juega mucho con estos certámenes. Más aún en la coyuntura actual en la que perdidos los apoyos de Brasil y de Venezuela, en parte, necesita urgentemente recursos financieros para satisfacer el pago de las deudas y evitar que los intereses vuelvan a incrementarlas de manera importante. Eso también es bloqueo, carecer de una política ordenada para acudir a los mercados financieros internacionales, aceptando las reglas del juego, en búsqueda de finanzas. La capacidad para atraer inversión extranjera no depende solo del interés internacional, sino de aquello que se pueda aportar al proceso. La escasez crónica de divisas del régimen comunista impide ofrecer algo más que una caduca cartera de proyectos, en la que nadie está realmente interesado.

El salón, en línea con otros foros similares, celebrará encuentros empresariales, rondas de negocios, seminarios, conferencias y otras actividades, todo ello con el objetivo de atraer capital extranjero, que ha pasado a ser una cuestión clave para la supervivencia del régimen comunista. Cualquiera que recuerde a Fidel Castro sabe que en su tiempo, algo así habría sido imposible. Ahora las exigencias de los nuevos tiempos van por otro camino, y sin embargo, sigue siendo una lástima el empeño oficial en hablar de bloqueo o de embargo de EEUU, cuando no es tal.

Para los responsables del régimen comunista, el argumento sigue válido, para justificar esa “batalla continua en foros de Naciones Unidas”, donde se ofrecen espectáculos vergonzosos de lo que jamás debería ser el modus operandi de un cuerpo diplomático. Ellos van a seguir con la batalla en Naciones Unidas, porque la notoriedad les sale gratis, y además, todavía hay gente que aplaude este tipo de espectáculos. A veces incluso, la misma gente que va a formalizar negocios en la FIHAV con las empresas estatales comunistas. Este es el mundo de la globalización del siglo XXI. Al que no le guste, que no juegue, pero así son las cosas.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 07/11/2018, 18:49

¿Sirve para algo la FIHAV?

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La FIHAV 2018 ya abrió sus puertas con bombo y platillo. Los dirigentes comunistas disfrutan con este tipo de fiestas, aunque luego no tengan dinero con qué pagarlas. La realidad es que nadie duda que la economía cubana necesita aumentar sus exportaciones de productos si quiere corregir el grave déficit en sus cuentas externas.

El problema es que desde el máximo de 2011, cuando se alcanzó la cifra de 5.870 millones de pesos, la cifra de ventas en el exterior no ha hecho más que descender, hasta quedar situada en 2017 en 2.402 millones de pesos, una caída nominal del 59%, que posiblemente pueda ser superior si se tienen en cuenta los precios de exportación que no han sido favorables en estos años.


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Cuba: Evolución de las exportaciones de productos (miles millones CUP)

En el Gráfico, con datos de la ONEI, se observa que las exportaciones de bienes se han desplomado, y su porcentaje en el PIB de la economía se ha dejado más de la mitad, pasando de un 6,5% al insignificante 2,2% en el mismo período. En suma, el balance del intercambio de bienes es fuertemente negativo, se sitúa en alrededor de 7.700 millones de pesos en 2017, y lo que es peor, en el período mencionado ha registrado un promedio de 8.336 millones de pesos, con una tasa de cobertura (la relación en porcentaje de las exportaciones sobre las importaciones) del 23,6% en 2017, una de las más bajas del mundo.


La estadística oficial compensa estos pésimos resultados del comercio exterior con los ingresos obtenidos por servicios, que se calculan con unos procedimientos cuestionados a nivel internacional, siendo lo peor que no han superado, en ninguno de los años considerados, la cifra de 12.200 millones de pesos. Con ello, la balanza corriente presenta una evolución errática que en absoluto contribuye a corregir los desequilibrios externos. Es evidente que algo está funcionando mal, y tiene que arreglarse.

Durante los años de generosas subvenciones comunistas procedentes de la extinta URSS, y de comercio “pajarera” con los socios del CAME, las empresas estatales cubanas olvidaron su orientación exportadora, limitándose a cumplir los objetivos de la planificación central, que casi siempre se quedaban cortos para atender las necesidades de la demanda interna. El derrumbe del socialismo real hizo ver al régimen comunista que sin unas exportaciones sólidas bien dirigidas a mercados competitivos, sería imposible contar con divisas para acceder a los bienes y servicios que no se producen en la economía. Y entonces, era demasiado tarde. A Cuba le faltaba para ello un factor fundamental para ser más competitiva, la productividad.

Cuba es un ejemplo evidente de las dificultades para que una economía abierta al exterior incremente su cuota de exportaciones de las principales áreas con las que se comercia, a pesar de las referencias de la competitividad de precios. En palabras de Paul Krugman, “la productividad no lo es todo, pero a largo plazo lo es casi todo”, una lección que los responsables de la economía de Cuba no han aprendido.

Si la economía cubana quiere exportar más, debe olvidarse de fiestas y ferias y dedicarse a aumentar la productividad. Para ello, debería seguir las recomendaciones de la OCDE, una organización con la que el régimen de La Habana no quiere tener relaciones ni contactos, pero que podría ayudar, y mucho, a reestablecer el equilibrio interno y externo que necesita la economía para mejorar la calidad de vida de todos los cubanos.

Básicamente, Cuba tendría que invertir en I+D, difundir la innovación, aumentar la transparencia en el diseño de sistemas de patentes para evitar que actúen como barreras de entrada, promover medidas competitivas que favorezcan la entrada de empresas en todos los mercados y permitan a las empresas crecer, ofrecer una mejor protección a los trabajadores frente a los riesgos en el mercado de trabajo, y estimular la movilidad ascendente de los trabajadores reduciendo el desajuste entre ocupaciones. En su diseño actual de política económica, tan solo el estado puede invertir en Cuba, por cuanto es el dueño de la mayoría de los activos productivos del país, ¿puede el régimen comunista de La Habana asumir estas funciones? ¿Está incrementando realmente el capital productivo en la proporción que realmente necesitan las empresas para producir más y mejor?

Lo dudo. Los datos de la participación de la formación bruta de capital fijo en el PIB no aumentan del 9%, uno de los porcentajes más bajos del mundo, lo que indica la escasa atención del régimen a las inversiones productivas del país. Las prioridades se orientan hacia el gasto corriente, superfluo y destinado a sostener unas gratuidades que ya no cubren las necesidades básicas de la población. El olvido de la industria, por ejemplo, supone que Cuba tenga una elevada dependencia de manufacturas básicas y de equipos y tecnologías del exterior, que no puede pagar porque la desfavorable relación real de intercambio supone una espada de Damocles sobre la economía nacional.

Y lo cierto es que la industria es el sector con mayor nivel de productividad y además, el que mejores perspectivas puede ofrecer para una economía que quiera exportar con competitividad. Sería necesario promover una política industrial renovada, alejada de clichés estalinistas, como los llamados “lineamientos”, y estrategias insostenibles a 30 años, que no contribuyen a adoptar las decisiones que, necesariamente, se tienen que adoptar para mejorar la actividad industrial.

Cerrar el paso a los cubanos a la iniciativa empresarial libre, o apostar por diseños autárquicos enfermizos cuyo único objetivo es sustituir las importaciones por producción nacional, no tiene el menor sentido en la globalización. Lo mejor es olvidar cualquier ensayo de retorno a un proteccionismo que no va a servir para incrementar la productividad, sino todo lo contrario.

Además, aunque Cuba posee unos bajos costes salariales, lo que podría otorgar a la economía competitividad vía precios en los mercados internacionales, tampoco es recomendable apostar por esa estrategia, que tiene un recorrido limitado en cuanto los trabajadores demanden mayores salarios por una productividad en aumento. Tengo mis serias dudas que el tipo de cambio que finalmente resulte del peso cubano con el dólar pueda ayudar a mejorar la competitividad exterior de la economía.

Entonces, ¿qué se tiene que hacer? Creo que la única forma posible de lograr un aumento de la productividad y la capacidad exportadora consiste en promover el estímulo de la profesionalidad y la eficiencia en las empresas, la mejora de la calidad de los productos, el desarrollo de los canales de comercialización, en suma, lo que en ningún momento se ha pensado hacer y se está haciendo en la economía cubana. Y todo eso es mucho más importante que “los FIHAV y las ferias y fiestas”. Si se quiere realmente impulsar las exportaciones cubanas, y creo que existe espacio para ello, hay que producir mejor y saber vender lo que se produce, hay que cualificar a la población laboral, introducir tecnologías modernas y hacer las cosas bien y no más baratas.

Estamos hablando de cuestiones que rara vez merecen la atención de las autoridades comunistas, entretenidos en inaugurar “ferias para extranjeros”, pero que son fundamentales para el funcionamiento eficiente de una economía, como la mejora de la profesionalidad, la eficiencia y la productividad. Si se desea, hay tiempo para ello. Solo es necesario saber a dónde quiere ir, y cómo hacerlo.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 14/11/2018, 20:18

En torno a los efectos económicos del "largo" viaje de Díaz-Canel

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Largo viaje de once días el que acaba de emprender Díaz Canel rumbo a una serie de países, como Rusia, China, Vietnam, Corea del Norte y Laos. El socialismo del siglo XXI en América Latina no da para más, y la búsqueda de fuentes financieras y socios comprometidos con la “revolución” está en la agenda del dirigente castrista. La cuestión es si tendrá éxito o no. Que fuera el mismo Raúl Castro a despedirlo al aeropuerto de Rancho Boyeros da una idea bastante concreta del interés del viaje. El sistema está cerrado, bajo llave.

Los analistas y observadores de la política castrista se han sorprendido de este viaje. No suele ser frecuente que los dirigentes comunistas de Cuba salgan al exterior. Fidel lo hizo en contadas ocasiones, Raúl prácticamente ninguna. Al margen del temor a una orden de detención internacional cursada por Interpol, los hermanos Castro tenían poco que hacer fuera de la isla de su propiedad. Como buenos dictadores, su ámbito más próximo colmaba sus aspiraciones. Para qué iban a salir del país si todo lo que deseaban estaba al alcance de sus manos.

La cosa ahora ha cambiado. Díaz-Canel da la sensación de una hiperactividad contagiosa, en un intento por demostrar que está ahí, y que algo tiene que ver con el poder. Durante las últimas semanas, su agenda en la isla ha sido descomunal, acercándose a todos los sectores y organizaciones sociales. Ahora toca salir al exterior con objetivos concretos basados en lo que llaman en Cubadebate “asuntos bilaterales internacionales de interés común”.

Si suponemos que el viaje tiene un marcado contenido económico, los datos disponibles ofrecen algunas evidencias. Según la información oficial de ONEI, las exportaciones cubanas a estos cinco países alcanzan en 2017 391 millones de pesos, lo que representa alrededor del 16% de las ventas totales del país en el exterior. China se destaca en primera posición, con 364 millones que supone casi el 94% del total, Corea del Norte o Laos por ejemplo no recibieron exportaciones cubanas en 2017. Además, con respecto a 2012, la dinámica de las ventas de Cuba en estos países no se puede considerar favorable, en aquel año, la cifra alcanzó 562 millones de pesos, por lo que en el último lustro se ha producido un descenso del 30% en las exportaciones cubanas a los cinco países y la culpa obviamente no es del "bloqueo". Difícil lo tiene Díaz-Canel con este balance para que le concedan financiación.

Porque las importaciones de estos países, lo que compra Cuba, parece otra cosa. En efecto, estos cinco países vendieron a Cuba en 2017 por valor de 2.353 millones de pesos, que representan el 23% del total de las importaciones. Un peso claramente superior en el comercio, donde China ocupa una clara posición de liderazgo. Además, con relación a 2012, las compras que hace Cuba a estos países han aumentado un 40%, a pesar del "bloqueo y del embargo", un dato que contrasta con la disminución que en el mismo período experimentan las importaciones totales de la Isla, que fue un 27%.

Por lo tanto, las compras hacia estos países han aumentado, en concreto con Rusia un 65%, con Vietnam un 47% más, y con China, a pesar de sus abultadas cifras, también ha aumentado un 34% sus importaciones a Cuba. A resultas de lo anterior, la economía de la isla mantiene un considerable y abultado déficit comercial con estos países, en concreto de los 1.123 millones de pesos de 2012 se ha pasado a 1.962 millones en 2017, prácticamente el doble. No es extraño, a la vista de esos datos, que Raúl Castro haya ido al aeropuerto a despedir a Díaz-Canel y desearle suerte en sus gestiones. Le hará falta.

Desarrollar el comercio entre dos países requiere apostar por un cierto equilibrio en las cuentas a medio plazo, lo que en su caso, cuando no existe, obliga a practicar generosas políticas de aseguramiento de las operaciones por parte del país que vende más de lo que compra, como ocurre con los 5 de este viaje. La notable descompensación en el comercio de bienes entre Cuba y los 5 tiene que ser corregida de alguna manera, porque la economía exige equilibrios. En ausencia de mecanismos adecuados para el ajuste en el ámbito financiero, lo normal es que déficits tan abultados de año en año acaben generando endeudamientos descontrolados de los que no se tiene información oficial, pero que de buen seguro, irán bien calculados en la carpeta que acompaña a Díaz-Canel en sus visitas.

Y aunque la prensa oficial del régimen haya glosado con la tradicional propaganda los acuerdos y convenios que se espera que se firmen en esta ronda de contactos del viaje, como la "declaración conjunta entre Rusia y Cuba sobre los temas de la agenda internacional", o la visita a la primera feria internacional de importación de China en Shanghai (de la que podría obtener información para aplicarla en la Fihav el año próximo) y los acuerdos en las áreas del comercio, las energías renovables, el turismo, la tecnología y la cooperación en el marco de la iniciativa de la Franja y la Ruta de la Seda con el gigante asiático; o la visita a ciudad Ho Chi Minh, donde radican importantes empresas vietnamitas con presencia en Cuba, para firmar un nuevo acuerdo comercial bilateral entre los gobiernos de ambos países.

A pesar de todo, considero que el balance final no va a dar excesivos motivos de alegría. Va a ser difícil que este viaje sirva para compensar las enormes pérdidas que para el régimen comunista de Cuba se derivan de la pérdida de los contratos en Brasil (y la exigencia inmediata del pago de deudas por la nueva administración presidencial) y de la disminución del fuelle de Venezuela, cada vez más sin futuro. Los turistas pueden venir tal vez de Rusia o de China, pero nunca serán los que en mayor número lleguen a la isla. Según datos oficiales de ONEI, los procedentes de Rusia rara vez superan el 7% del total en los mejores años, y los de China menos del 2%. Es evidente que los mercados de suministro están más cerca.

Por lo tanto, creo que este viaje no tendrá grandes beneficios para el régimen comunista de La Habana, a pesar de las expectativas abiertas. En Vietnam deberían informarle de los efectos positivos del Doi Moi, y su impacto dinamizador sobre una economía de hambrunas estructurales que se despojó de la herencia ideológica comunista. En Corea del Norte, donde las relaciones económicas con Cuba son insignificantes, tan solo la foto con Kim Jong-un podrá quedar para la posteridad. En China o Rusia ya están hartos de no cobrar a tiempo, y es posible que le aprieten las clavijas. Hasta los socios más atentos, pierden la paciencia en algún momento.



En todo caso, cada país tiene derecho a decidir con quién quiere relacionarse (Cuba siempre lo ha hecho con sus pares ideológicos) y qué tipo de relaciones desea mantener. Díaz-Canel ha entrado fuerte con este largo viaje hacia el incierto Laos, que constituye una novedad para la diplomacia castrista. Lo dicho, el círculo de relaciones del socialismo del siglo XXI toca a su fin, y hay que identificar nuevos socios dispuestos a aceptar deudas incobrables y otras majaderías. La cuestión es ganar tiempo como sea para no implementar las únicas medidas que pueden mejorar la productividad de la economía cubana y permitir la superación de su actual marasmo, clavada en ese fatídico 1,1% de crecimiento del PIB que le atribuye la CEPAL. No veo a "Kim" el de Corea del Norte, comprando médicos, maestros o entrenadores cubanos. No es Evo Morales. Tal vez, a Díaz-Canel no le han asesorado bien.
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