CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Di tutto un po' su Cuba

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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 03/04/2019, 17:47

En torno a las ideas de Rodríguez para resolver el problema de la deuda cubana

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Pese al análisis de datos e indicadores de la economía, que no ofrece margen alguno para la satisfacción, el ex ministro de economía castrista, José Luis Rodríguez, cierra su artículo en Cubadebate con un alegato que viene a contradecir todo lo dicho antes. En concreto, y cito textual “en la valoración preliminar de la economía cubana para 2019 puede destacarse que se cuenta con un plan mejor y más realistamente diseñado para enfrentar los desequilibrios macroeconómicos que se agravaron en el pasado año cuando se creció un 1,2% solamente”.

El economista debe saber que esto no es así. Que es falso. Y que la política económica en curso no solo carece de márgenes, sino que tampoco sirve ni “para asumir los riesgos y costos del ajuste que necesita la economía”, y mucho menos ofrece las alternativas viables de solución para los problemas más urgentes. Pero esa política, concluye, “cuenta con un plan mejor y más realistamente diseñado”.

No es cierto. Si lo que se quiere es aumentar la capacidad para captar ingresos en moneda libremente convertible a corto plazo con el objetivo de financiar el nivel de inversiones y aumentar la productividad del trabajo, hay que hacer unos deberes, y además con buena letra, para los que la economía castrista no está preparada, y dudo mucho que pueda hacerlo.

Rodríguez ofrece algunas pistas que vamos a analizar de forma somera. Según su criterio, es urgente y necesario renegociar la deuda de corto plazo en USD, estimada en un importe de 1.500 millones al cierre de 2018 (posiblemente superior dado el oscurantismo que practica en régimen castrista con sus datos de inversión extranjera y deuda). Esta deuda se encuentra formada tanto por deudas comerciales a muy corto plazo, así como por dividendos retenidos por las empresas extranjeras.

La renegociación debe ir dirigida a normalizar los pagos a 360 días, y ello disponiendo de operaciones que permitan su conversión en CUC, mediante tipos de cambio más favorables que la tasa oficial vigente, para inversiones, pago de la fuerza de trabajo u otras obligaciones en el país. Ningún acreedor va a renegociar nada en estas condiciones. Ya se obtuvieron ventajas muy significativas del Club de París y de Londres. Nadie arriesga su dinero a cambio de nada. Y Cuba en este momento, tiene poco, casi nada, que ofrecer. Por eso, en lugar de acudir a los mercados, las autoridades han decidido detraer de las empresas extranjeras, sobre todo de hoteles, las divisas recaudadas, una actuación mucho más agresiva que ha encendido las primeras alarmas de 2019. A nadie le ha gustado.

En segundo lugar, Rodríguez considera necesario “pasar gradualmente a un proceso de titularización de la deuda en moneda convertible, mediante la emisión de bonos y la creación de un mercado financiero, de manera que la misma se pueda descontar en el mismo”. Una actuación ciertamente complicada para un país cuya divisa no cotiza en los mercados mundiales, del que no se tiene una información coherente de los fundamentales de la economía. Por mucho que se orienten a ofrecer las mejores condiciones a los acreedores de esta deuda titulizada (tipos de interés muy elevados), no veo fácil que aparezca demanda para ella. En un contexto de menor crecimiento global como el actual, ningún inversor apuesta por “bonos basura”.

Rodríguez cita una experiencia pasada de titularización de deuda llevadas a cabo por el Banco Central de Cuba en la Bolsa de Londres, lo que posiblemente guarde algún tipo de relación con el viaje de Carlos de Inglaterra y Camila a la isla. Lo cierto es que ver a los comunistas herederos de las doctrinas y enseñanzas de Fidel Castro apostar por las “subprime” en Cuba no deja de ser gracioso a estas alturas. Rodríguez alude a que en 2007 se realizaron dos emisiones de bonos de 150 y 50 millones de euros, con tasas de interés entre 8,5 y 9,0% a dos años vista. Tasas muy elevadas comparadas con la que se establecen en las operaciones de capital, y que pusieron de manifiesto los problemas de credibilidad de la economía castrista para financiarse en los mercados internacionales y el abultado servicio de la deuda que se ve obligado a aceptar. Además, el precio para acceder a poco más de 200 millones de euros es muy elevado, para una cantidad insignificante.

Otra sugerencia de Rodríguez parte de “la creación de un fondo conjunto de inversiones integrado por parte de las remesas que se envían al país asociando a los remitentes, los receptores y el gobierno cubano en un emprendimiento conjunto, pudiendo dirigirse a objetivos específicos tales como construcción de viviendas, o el fomento de pequeños negocios de propiedad cooperativa o privada en la esfera de la producción”. Difícil que se pueda avanzar en esta propuesta, sin un marco jurídico estable de los derechos de propiedad y el reconocimiento pleno a los cubanos para invertir en cualquier activo. Las experiencias de este tipo en países latinoamericanos que menciona Rodríguez se basan en la existencia de estructuras económicas de propiedad privada y mercado, no en regímenes de raíz estalinista, como Cuba.

Otra propuesta consiste en “desarrollar las importaciones en consignación, ante la ausencia de un mercado mayorista que permitan abastecer de equipamiento y materias primas los negocios del sector cooperativo y privado, así como determinados segmentos de propiedad estatal como puede ser el caso del turismo”. En tal caso, “las compras se realizarían directamente en moneda libremente convertible para asegurar la retroalimentación de los abastecimientos de la consignación”. Pero esta actuación tropieza con la política de sustitución de importaciones diseñada por las autoridades, y podría ser incongruente con la misma, para la cual, lo más complicado, sería crear agentes especializados que pudieran llevar adelante su implementación. Liberalizar esta actividad y entregarla a extranjeros no creo que pase por la mente de los planificadores comunistas.

Por último, y con respecto a la inversión extranjera, Rodríguez cree necesario “impulsar la captación de proyectos mediante el apropiado reconocimiento del riesgo del inversor en las negociaciones”. La pregunta es ¿es que no se hace así actualmente?¿Cómo se miden los riesgos asociados a las operaciones muchas de ellas cuestionables?

Además, Rodríguez sabe que apostar por una excesiva concentración de capital extranjero en un solo sector, como el turismo, impulsando “proyectos para inversiones extra hoteleras que no tengan alto costo y rápida recuperación como parques de diversiones, turismo de salud, turismo de naturaleza, turismo cultural y de entretenimiento” podría descapitalizar a otros sectores de la economía que necesitan igualmente el apoyo del exterior y podría acabar generando la necesidad de más importaciones, lo que es contradictorio con las políticas de ahorro externo. Casi un callejón sin salida.

Otras propuestas, como la “venta de bonos de deuda pública con tasas de interés estimulantes en pesos cubanos y a personas naturales, para reducir la presión inflacionaria interna y proveer de fondos adicionales al presupuesto del Estado en el corto plazo”; o “crear asociaciones de pequeñas empresas para actividades productivas entre el sector estatal y el no estatal, apoyadas por entidades financieras” y “aumentar la política de estimulación salarial gradual en sectores que presentan una fuerte erosión y que resultan claves para el desarrollo, tales como la educación y la ciencia”, se debe reconocer que vienen con buena letra, pero una vez más, falla la música general. Rodríguez sabe que actuar de este modo, sin modificar los elementos jurídicos básicos del sistema económico, solo podría generar distorsiones muy graves en los precios relativos, cuya solución a la larga, podría ser mucho más complicada.

Lo anterior indica algo que es evidente, y es que en ausencia de subsidios soviéticos o petróleo venezolano, o cualquier otra fuente externa, los márgenes de la política económica en Cuba son muy estrechos, y que preservar a toda costa, por motivos ideológicos y políticos, un sistema ineficiente, obsoleto e incapaz de atender las necesidades básicas de la población, no tiene razón ni justificación. Nadie tiene por qué justificar un plan que ya no sirve para nada. El giro de 180º es más necesario que nunca.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda carlo » 05/04/2019, 21:00

Crisi economica a Cuba, il governo riduce le pagine dei giornali

A seguito della recessione economica che da mesi ha colpito l'isola di Cuba, il governo ha imposto una riduzione delle pagine dei giornali editi nel Paese, compreso lo storico quotidiano Granma, organo ufficiale del Partito Comunista cubano

Si acuisce la crisi economica che ormai da molti mesi ha colpito l'isola di Cuba e che sta comportando ingenti difficoltà nel reperimento dei beni di prima necessità come carne, uova, farina e medicinali.

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Nella giornata di ieri, il governo del Paese caraibico ha annunciato la prossima riduzione della foliazione dei periodici e quotidiani nazionali, tra cui la celeberrima Granma (l'organo ufficiale del Partito Comunista di Cuba), a causa del calo delle importazioni di carta di giornale. Una misura straordinaria che non veniva presa da quasi trent'anni, da quando cioè in seguito allo scioglimento dell'Unione Sovietica il Paese affrontò una dura recessione economica nota come Período especial. Con la fine delle sovvenzioni da parte di Mosca infatti, negli anni novanta Cuba vide calare in poco tempo circa l'80 per cento delle sue importazioni ed il 34 per cento del suo prodotto interno lordo, andando incontro alla chiusura dei principali complessi industriali con la perdita di milioni di posti di lavoro, i quali vennero solo in seguito ricollocati nel settore agricolo per tamponare le gravi carestie che nel frattempo avevano colpito la nazione.

A cavallo tra la fine degli anni novanta e l'inizio degli anni duemila, gli accordi commerciali stretti con la Cina e con i paesi latinoamericani a guida socialista - Venezuela in primis - sembravano aver definitivamente allontanato i timori di una nuova recessione, ed i rinnovati rapporti di distensione con gli Stati Uniti di Barack Obama facevano ben sperare per il graduale riposizionamento di Cuba all'interno dello status quo geopolitico. Negli ultimi tre anni tuttavia, la crisi politica dell'alleato venezuelano e l'inasprimento delle restrizioni economiche imposte dagli Usa in seguito all'insediamento di Donald Trump alla Casa Bianca hanno reso croniche le fino ad ora sporadiche carenze di beni di consumo, costringendo la popolazione cubana a lunghe code davanti ai negozi, a razionare il cibo quando non addirittura a rivolgersi direttamente al mercato nero. Ad impensierire ulteriormente il governo de L'Avana ci ha pensato nel novembre scorso anche il Presidente brasiliano Jair Bolsonaro, che ha rimpiazzato gli oltre 8mila medici cubani presenti in Brasile, dubitando delle loro effettive capacità.

Interrogato a dicembre in merito alla questione, il Presidente cubano Miguel Diaz-Canel ha dichiarato che per il 2019 il governo avrebbe incrementato le misure di austerità già in vigore e si sarebbe adoperato per tagliare gli sprechi nella burocrazia, auspicando in questo modo una crescita del Pil del 1,5 per cento contro l'1,2 per cento del 2018. Affermazioni sostenute all'epoca anche dal ministro dell'Economia Alejandro Gil Fernandez, che commentando laconicamente "Non possiamo spendere più di quanto guadagniamo" annunciò un aumento delle esportazioni del 6 per cento e una diminuzione delle importazioni dell'11 per cento rispetto al 2018, con particolare attenzione nei confronti del consumo nazionale di carburante, che sarebbe stato ridotto da 91 ad 84 tonnellate annue per milione di pesos. Una previsione quest'ultima che diventa ora alquanto ottimistica, alla luce degli sconvolgimenti politici che in questi giorni stanno interessando l'Algeria - assieme alla Russia il principale fornitore di petrolio di Cuba - e che potrebbero costituire un'ulteriore spina nel fianco per il governo.

Nel frattempo, a pagare le conseguenze di questa situazione è la maggior parte della popolazione cubana, costretta ogni giorno a battersi per poter avere accesso al cibo e ai medicinali, come spiega Niurka Fontana, gelataio de L'Avana: "Non c'è niente al momento, e quando finalmente riforniscono i negozi ci sono code enormi e devi lottare per quel poco che c'è. Ogni giorno è sempre peggio". Georgie Pi, pensionato, invece racconta: "Ormai due mesi fa mi hanno prescritto degli antibiotici renali, ma non li puoi trovare da nessuna parte".
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda carlo » 05/04/2019, 21:03

Cuba permitirá los negocios entre cuentapropistas y extranjeros

La normativa se suma a un paquete de reformas en el sector cuentapropista que “afianzarían la inserción de estos últimos actores en el ámbito económico nacional”


Empresas extranjeras y estatales podrán comerciar con cuentapropistas (TRABAJADORES)

El gobierno de Cuba permitirá que las personas jurídicas, tanto estatales cubanas como extranjeras, puedan contratar productos a los trabajadores privados (cuentapropistas), informó este viernes la agencia estatal Prensa Latina.

“Quedará establecido (…) la posibilidad de que las personas jurídicas, tanto estatales cubanas como extranjeras, puedan contratar productos a las formas de gestión no estatales y que los pagos se realicen en cualquiera de las dos monedas cubanas reconocidas”, refiere el texto.

La normativa se suma a un paquete de reformas en el sector cuentapropista que “afianzarían la inserción de estos últimos actores en el ámbito económico nacional”, dijo Idalmys Álvarez, directora de atención y control de esta esfera en el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS).

Según la directiva, a poco menos de tres meses de entrar en vigor varias resoluciones que actualizaban la política del trabajo privado, fue “aconsejable” autorizar otras disposiciones debido al reclamo de los cuentapropistas o de las entidades.

Otra de las normas a implementarse refiere que los “excedentes de las producciones del encargo estatal, o la inejecución de las entidades que tienen plan, se puedan vender a las formas no estatales mediante cuenta bancaria y en cualquiera de las dos monedas corrientes en el mercado cubano”.

La iniciativa, que se suma a otras como la introducción en el mercado minorista de ciertos insumos en formatos grandes o las llamadas tiendas Zonas +, buscan dotar a los trabajadores por cuenta propia de una opción adicional en relación al acceso a las materias primas.

Álvarez también mencionó otros beneficios que entrarán en vigor en breve, como la no obligatoriedad de los titulares de la actividad de inscribir a familiares del primer y segundo grado de consanguineidad, y primero de afinidad, como trabajador contratado.

De acuerdo con la nota, otra de las facilidades, en virtud de la autonomía territorial, es la de facultar a los Consejos de la Administración Municipales para autorizar el ejercicio de ciertas actividades, actualmente bajo potestad de las demarcaciones provinciales.

Estarán igualmente bajo el criterio de los municipios, la posibilidad de regular los precios y tarifas fijas o máximos cuando las condiciones y características del territorio así lo aconsejen.
Nuevos empleos para el sector cuentapropista

Ahora también quedaron aprobadas cinco nuevas figuras: el traductor e intérprete certificado, el productor-vendedor de productos alimenticios y el operador o arrendador para eventos artísticos, así como el agente de selección de elenco y el auxiliar de producción.

Según la directiva, algunos trabajadores privados manifiestan que todavía existen actividades que pueden integrarse en una sola modalidad. Por eso consideró realizar un estudio integral con todos los organismos responsables de la política porque “deben tomarse decisiones que por lo general repercuten en los regímenes tributarios”.

“Nuestro objetivo como organismo rector es consolidar la gestión de estos actores con un acompañamiento del Estado para que eso se haga de la mejor manera posible. El trabajo por cuenta propia es hoy una opción de empleo y es un complemento de la gestión estatal. Nuestra premisa es que funcione, pero con orden”, sentenció.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 14/04/2019, 15:55

Análisis económico del discurso de Raúl Castro en la Asamblea

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Finalmente, Raúl Castro en su discurso en la Asamblea Nacional, con motivo de la proclamación de la constitución comunista ha reconocido, lo que se viene diciendo desde hace un año más o menos. La economía cubana no da para más. Los motores que la venían sosteniendo se han apagado, y una cierta sensación de sálvese quién pueda, comienza a extenderse en amplios sectores de la sociedad. Las protestas sociales cada vez son mayores y más extendidas, y esto no ha hecho más que empezar.

Castro, vestido de traje azul y corbata roja (se olvidó todo el mundo de la guayabera) ha dicho, según cita Granma, “que enfrentamos dificultades adicionales y que la situación pudiera agravarse en los próximos meses. No se trata de regresar a la fase aguda del período especial de la década de los años 90 del siglo pasado; hoy es otro el panorama en cuanto a la diversificación de la economía, pero tenemos que prepararnos siempre para la peor variante”.

Claro que no se puede regresar al “período especial”, porque ya no estamos en 1994. El reloj del tiempo solo va en una dirección. Eso lo debería saber alguien que tiene tantos años y que ha visto ya tantas cosas en su vida. Pero si algo tiene que tener claro es que las dificultades que afronta la economía cubana no son adicionales, son las mismas de siempre, las que todos los cubanos conocen y han experimentado durante 60 años, y además tienen mucho que ver con las raíces torcidas de la naturaleza del modelo económico impuesto por la fuerza a los cubanos. La realidad es que, aun cuando el panorama es distinto, la situación puede ir a mucho peor, porque no se adoptan las medidas necesarias para salir del círculo vicioso de la economía. Eso es lo más grave.

Ya no se puede esconder o disfrazar el desastre de la gestión de la economía. Se reconoce públicamente, y además, se pide, y vuelvo a citar, “es necesario que estemos alertas y conscientes de que enfrentamos dificultades adicionales y que la situación pudiera agravarse en los próximos meses”. Un mensaje que parece ir más dirigido a los inversores extranjeros locales que al pueblo cubano, que ya conoce de esta situación, porque la ha vivido en muchas otras ocasiones.

Según el dirigente comunista, la receta que quieren poner en marcha es la misma de siempre “es preciso redoblar los esfuerzos por incrementar las producciones nacionales, en particular la de alimentos, revisar todos los gastos para suprimir los no imprescindibles, elevar la eficiencia en el uso de los portadores energéticos, especialmente los combustibles, lo que incluye acabar con el robo existente y asumir el ahorro como una firme línea de conducta de los dirigentes desde la nación hasta la base y los compatriotas en general”. Todo muy básico y muy genérico, sin ir al origen del problema y a las soluciones que son necesarias y urgentes.

Que diga cómo se pueden “redoblar esfuerzos” en una economía en que los agentes económicos carecen de motivaciones para hacer las cosas mejor. El trabajador por cuenta propia o el botero al que suben los impuestos o las penalizaciones, ¿qué esfuerzos va a redoblar?. Que diga públicamente que gastos del presupuesto va a suprimir, tal vez las inversiones en infraestructuras, que son las más bajas de América Latina, o los gastos en educación y sanidad. Porque los gastos del presupuesto militar, los de defensa, policía y seguridad no se reducen, sino que aumentan. Y que diga cómo se puede elevar “la eficiencia de los portadores energéticos” cuando la economía es intensiva en el consumo de derivados del petróleo, que pronto tendrá que comprar a precios internacionales y no subvencionados de Venezuela. Que diga, en definitiva, cómo pueden los cubanos ahorrar en un país con los salarios y pensiones más bajos del mundo, y en el que el poder adquisitivo de la población apenas da para medio pollo por persona al mes.

Lo peor de todo es que no se ha escuchado en el discurso de Raúl Castro ningún reconocimiento de los graves errores cometidos por la llamada “revolución” en la dirección económica del país. Al contrario, en un determinado párrafo de la intervención reivindica y hace suyos, como fuentes de derecho, las atrocidades cometidas por el comunismo contra la sociedad y la economía cubana. Y cito otra vez, textualmente, sus palabras“la revolución fue fuente de derecho, fue ella quien les dio la tierra a los campesinos, la que garantizó el acceso gratuito y universal a la educación, la que puso la salud pública al servicio de los ciudadanos, la que garantizó la igualdad de los cubanos, la que nacionalizó con el respaldo popular las grandes propiedades en manos de compañías extranjeras que explotaban a nuestros compatriotas".

¿Fuente de qué? La revolución trastocó y llevó a la indigencia a centenares de miles de personas que perdieron sus activos, sus planes de ahorro, sus depósitos, sus tierras, sus empresas y negocios, después de una larga vida de trabajo y esfuerzo. Unas decisiones que trasvasaron todo el capital productivo de la nación al estado totalitario comunista, que a partir de ese momento, por medio de la planificación central y la ausencia de mercado en la asignación de recursos, hizo y deshizo a su antojo. Esa es la “fuente de derecho” de la miseria comunista de la economía cubana que ahora quieren sancionar con una constitución que bloquea cualquier cambio hacia la racionalidad y la modernización de la economía. Una miseria económica de la que nunca se podrá recuperar, que no se puede atribuir a bloqueo ni embargo alguno, como reivindica Castro en uno de los apartados más lamentables de su discurso.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 24/04/2019, 19:55

Economía cubana: lo peor no ha llegado aún, Raúl Castro dixit

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El modelo económico no da para más. Las autoridades han entrado en pánico. Es como si la explicación de Thomas Kuhn para las revoluciones científicas, se aplicase de forma contundente a la revolución castrista, que tiene poco de científica, pero mucho de dogmática.

La economía cubana está en bancarrota. Necesita importar bienes y servicios del exterior que no puede pagar, porque su economía controlada por el estado, es incapaz de satisfacer las necesidades de la demanda interna, por ejemplo, la alimentación, pero también el suministro de energía, los bienes intermedios o los bienes de capital. Las autoridades se han dado cuenta que la sustitución de importaciones es inviable a corto plazo, y además, anacrónica. La tasa de cobertura del comercio de bienes (la relación en porcentaje entre las exportaciones y las importaciones) se situó en 23 en 2017 y según estimaciones por debajo del 20, en 2018, siendo de las más bajas del mundo, y por debajo del 42 alcanzado en 2011. En el Cuadro 1 se presentan los datos disponibles y se observa cómo la tasa de cobertura va en caída libre.

Cuadro 1.- La tasa de cobertura del comercio de bienes y mercancías en Cuba

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Fuente: ONEI

Se insiste que el problema no está en la importación de bienes y servicios. Otros países para superar el atraso económico se vieron en la necesidad de realizar compras en el exterior de equipamientos, tecnologías y materias primas. Lo importante es contar con capacidad para obtener recursos del exterior. Bien sea porque se cuenta con sectores competitivos o fuentes de ingresos estables y crecientes. Esto es lo que falla en la economía cubana, básicamente porque desde 1959 vive en un sueño ideológico absurdo que desprecia estas prioridades fundamentales para una economía.

Cuba no puede cumplir con el pago de sus importaciones, porque su capacidad de generación de ingresos en el exterior es limitada, y porque la financiación que puede obtener del exterior (por ejemplo, la factura petrolera de Venezuela viene bajando de forma continua desde 2016) es igualmente escasa. Por ello, debe recurrir al endeudamiento, lo que no siempre resulta fácil ya que el régimen castrista desprecia las normas y procedimientos que aplican los organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional, o el Banco Mundial para la seguridad de las transacciones y movimientos de capital.

El incumplimiento de los compromisos con los importadores, en ausencia de financiación y de créditos frescos, lleva al régimen a reducir sus compras al exterior de forma sistemática. Esa penosa tarea, que tiene un impacto negativo sobre la economía, corresponde al ministro del ramo, que suele empezar reduciendo las compras de bienes intermedios y de capital que representan el 79% de las importaciones. A partir de ahí, las máquinas y piezas de las empresas estatales se rompen y no hay repuestos, no aparece papel en la isla, y escasea el combustible y empiezan los apagones y el caos se empieza a generalizar.

Y si grave es la situación para el cubano de a pie, por muy acostumbrado que esté a pasar necesidades, los productores extranjeros que habían comprometido sus ventas a la isla y que reciben el mensaje, a medio año, que no se van a materializar las operaciones, todavía lo pasan peor. Incluso los acreedores que temen por su deuda también se ven penalizados. A nadie le gusta que le dejen con un pedido sin realización. Como consecuencia de ello, al año siguiente no habrá acuerdo comercial, y el régimen castrista culpará al embargo, pero tendrá que aprovisionarse en otros mercados. Su credibilidad y confianza irá descendiendo por culpa de los impagos y falta de compromiso. Nadie querrá vender, y mucho menos prestar. Es lo que tiene depender del exterior. Ya pueden echar la culpa a EEUU y al embargo o lo que se les antoje.

Las autoridades comunistas saben lo qué tienen que hacer, pero no son capaces de resolver el problema por motivos ideológicos. Si la economía necesita compras del exterior por 5.000 millones de dólares o posiblemente más, la única forma de pagar es exportar más. Pero las ventas al exterior no tienen el comportamiento esperado, porque los motores dejaron de funcionar, o son insuficientes para obtener ingresos. Con una tasa de cobertura en el comercio de bienes en 2018 por debajo de 20, la capacidad de financiación no se puede negociar. Además, falla la previsión de inversión extranjera, el turismo se estanca y las remesas pueden flexionar a la baja en cualquier momento. Es decir, los motores de la economía se colapsan por la falta de alternativa de un modelo económico que ha sido finalmente derrotado.

La derrota llega por el frente externo de la economía, justo en el momento en que los créditos no se vuelvan a conceder a quién es insolvente y no se comprometa a pagar. La deuda externa del régimen comunista se benefició hace unos años de generosos acuerdos de condonación y exención de intereses, así como una reordenación a plazos más largos. Nada se ha sabido desde entonces. Solo que la posición externa es cada vez más complicada, y que los créditos se han ido acumulado volviendo a incrementar el monto de la deuda externa.

Según las autoridades, la deuda impagada con proveedores a corto plazo a renegociar ascendía a 1.500 millones de dólares al cierre de 2018. Un importe que, de ser cierto, no debería estar planteando problemas a la economía si la balanza corriente superase los 1.500 millones de dólares. Lo más normal es que la deuda sea muy superior. Y asumir esa deuda, tarde o temprano, va a exigir decisiones de respaldo financiero con la venta de activos, actualmente en manos del estado, que se tendrán que realizar para afrontar los pagos.

Alguien se ha dormido en los laureles. Hacer depender la economía de la “empresa estatal socialista”, considerada clave en el sistema económico, no da resultado. Los avances en el trabajo por cuenta propia tampoco, por insuficientes. Los números no salen. La empresa estatal comunista no sirve para sacar al país del atolladero. Su dueño es insolvente. Las autoridades han informado la intención de revisar en profundidad las operaciones de importación autorizadas a las empresas estatales para que las sustituyan por compras internas. Es una situación de crisis que recuerda, y mucho, al “período especial”.Es un círculo vicioso del que resulta muy difícil salir.

Las autoridades mienten cuando afirmar que la economía está más diversificada que en los años 90 cuando se produjo el derrumbe del muro de Berlín. Ni siquiera la amenaza de la aplicación del Título III de la ley Helms-Burton está en el origen de los problemas actuales de la economía. Desde hace más de un año, se podía anticipar fácilmente el escenario actual que amenaza con llevarse por delante el régimen comunista. No es extraño que Raúl Castro en un discurso reciente en la Asamblea Nacional pidiera a los cubanos prepararse para tiempos difíciles. Lo peor no ha llegado aún.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda carlo » 26/04/2019, 20:37

Cuba, un vecchio fantasma si aggira per l’isola. E ora bussa di nuovo alla porta

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Lo scorso 10 aprile – non per caso giorno del 150esimo anniversario della Carta Magna di Guáimaro, quella che Carlos Manuel de Céspedes e i suoi seguaci stilarono agli albori della lotta per l’indipendenza – Cuba ha ufficialmente varato una Costituzione tutta nuova, pensata, scritta e approvata via plebiscito per adeguarsi ai tempi che arrivano. E, forte di questa novità, va ora marciando orgogliosa e decisa verso il proprio passato. O per meglio dire, verso l’eterno presente – una lunga linea grigia, senza passato né futuro – nel quale una rivoluzione trasformatasi in arte della sopravvivenza ha da almeno un ventennio e con alti e bassi racchiuso se stessa. Volendo anzi esser ancor più precisi: verso il non breve segmento di questo eterno presente ricordato dagli annali come – Fidel Castro dixit – “periodo especial en tiempos de paz”.

Il periodo speciale fu, come certo ricorderanno tutti coloro che hanno un minimo di conoscenza della Cuba castrista, il decennio (o giù di lì) che seguì il dissolversi dell’impero sovietico, al quale la prima Costituzione della Cuba rivoluzionaria (quella entrata in vigore nel 1976) aveva giurato “eterna amistad”, amicizia eterna. E con più d’una buona ragione, visto che l’economia cubana, finalmente liberatasi dall’invadenza avida del vicino del Nord – e per questo da quel vicino accerchiata e perseguitata – proprio dalla generosità di mamma Urss per un buon 50% dipendeva. Tanto che – come impietose riportano le statistiche e le rimembranze dei cubani che il “periodo speciale” ebbero la ventura di misurarlo a occhio e a stomaco – esattamente del 50% fu il verticale crollo del Pil tra il 1992 e il 1995.

Il “periodo especial en tiempos de paz” è finito, gradualmente, con l’inizio del nuovo millennio e con il sorgere d’una nuova – anche se non costituzionalmente sancita – forma di “eterna amistad”: quella, ideologica e battezzata con petrolio, che ancor oggi – seppur in termini inevitabilmente sempre più precari – lega Cuba al Venezuela “bolivariano”, o a quel che ne resta. Il suo fantasma non ha però mai cessato di aggirarsi come un cupo presentimento tra gli scaffali dei mercati e nei dintorni delle mense – da sempre, periodo speciale o meno, piuttosto mal imbandite – di un Paese il cui modello economico iperstatalista e improduttivo è costretto a vivere, o meglio a sopravvivere, in un perenne stato di crisi.

Ed è proprio nel bel mezzo del discorso con il quale, il 10 aprile, Raúl Castro ha annunciato l’entrata in vigore della nuova Costituzione, che questo fantasma è riapparso, temuto e atteso. Prevedibilmente evocato non per annunciare, ma per negare un proprio ritorno in vita. Rispetto ai primi anni 90, ha detto infatti Raúl, “del tutto diversa è oggi la situazione in quanto a diversificazione dell’economia”. Ma ha subito tetramente aggiunto: “Dobbiamo esser però coscienti del fatto che stiamo affrontando problemi addizionali e che le cose potrebbero aggravarsi nel giro di qualche mese. Dobbiamo essere pronti a fronteggiare la peggior variante”. I cubani hanno, senza troppo sforzo, colto l’antifona: un “periodo speciale 2.0” sta bussando alla porta.



Quali siano questi “problemi addizionali” e quale sia “la peggior variante da affrontare” è, infatti, fin troppo chiaro. Il Venezuela “bolivariano e socialista” – formula dietro la quale si cela la realtà del più inetto, corrotto e autoritario governo nella storia della patria di Simon Bolívar – è precipitato in una crisi economica, politica e morale (della quale Cuba è causa e vittima al tempo stesso) sempre più simile a un cancro incurabile (ma non terminale, il che lascia intravvedere una molto prolungata sofferenza). Ed estremamente difficile è prevedere per quanto tempo potrà continuare a fornire, in cambio di servizi medici che da tempo hanno cessato di funzionare, i 70mila barili di petrolio al giorno (erano 100mila fino al 2016) che per Cuba sono probabilmente un’insostituibile linfa energetica

Negli Stati Uniti, nel contempo, Donald Trump non ha solo brutalmente troncato la “storica svolta” inaugurata da Barack Obama con la riapertura delle relazioni diplomatiche e con la visita all’Avana del marzo 2016. Ma ha anche rispolverato – nel bluff di una tragicomica riedizione della vecchia gunboat diplomacy, la diplomazia delle cannoniere – le parti più ottuse di quella che è probabilmente la più stolta delle leggi mai promulgate in materia di relazioni internazionali dagli Usa. Ovvero: la Helms-Burton, ritardato parto del più anacronistico anticomunismo, che nel 1996 trasformò lo storico e controproducente embargo contro Cuba – fino ad allora un semplice decreto presidenziale – in una legge federale: in quanto tale, cancellabile. Cosa, sic stantibus rebus, pressoché impossibile solo con un voto dei due rami del Congresso

Una legge tanto “stupida” – così la definì, molto efficacemente, l’ex-presidente Jimmy Carter – che in alcune sue parti, inapplicabili perché in contrasto con il diritto internazionale, ha dovuto essere fin qui sistematicamente “sospesa” semestre dopo semestre per decisione presidenziale. E proprio questo è quel che Trump ha ora annunciato: la fine della sospensione del famigerato articolo III, che consente a chiunque di denunciare presso tribunali statunitensi chi “traffica” in beni a suo tempo confiscati dalla rivoluzione cubana

Così stanno le cose. Con la nuova Costituzione la Cuba “rivoluzionaria” guarda avanti (anche se, è appena il caso di ricordarlo, non oltre il “naso” della propria natura totalitaria). Ma è costretta, trascinata dalla logica dei tempi, a camminare all’indietro, verso gli anni più bui della sua storia. Con quali possibili effetti, lo vedremo in un prossimo post.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 29/04/2019, 18:38

carlo ha scritto:Crisi economica a Cuba, il governo riduce le pagine dei giornali

A seguito della recessione economica che da mesi ha colpito l'isola di Cuba, il governo ha imposto una riduzione delle pagine dei giornali editi nel Paese, compreso lo storico quotidiano Granma, organo ufficiale del Partito Comunista cubano

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Azz... questa notizia mi era sfuggita... #-o
Quindi in automatico i cubani dovranno ridurre i "pezzi" del "papel sanitario".... :-D ;-)
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 29/04/2019, 18:58

Remesas a Cuba: ¿mucho o poco?¿Qué hacer?

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Un magnífico trabajo realizado por The Havana Consulting Group ha estimado la cifra de dinero que en la última década ha llegado a Cuba en forma de transferencias, remesas o mercancías enviadas por las familias de la diáspora. El estudio calcula en 57.269 millones de dólares a lo largo del período 2008 a 2019, de los cuales, 29.948 millones de dólares corresponden a dinero en efectivo y el resto, 27.321 millones de dólares a diferentes mercancías enviadas por cubanos residentes en el exterior, principalmente en Estados Unidos. Solo en 2018 entraron a la isla unos 6.500 millones de dólares en estos dos tipos de transacciones, que se reparten casi al 50% entre dinero y mercancías.

El dato permite concluir que las remesas ha sido el principal activo financiero de la economía cubana. Uno de los motores principales que permiten al régimen financiar las importaciones de bienes, materias primas, alimentos o tecnología que necesita la economía. Un hecho que, por otra parte, no es nuevo. Muchos países consiguieron superar el subdesarrollo gracias a la aportación de los nacionales residentes en el exterior. Sin ir más lejos, España, en la década de los años 60 del siglo pasado experimentó un intenso proceso de transformación industrial gracias a las remesas enviadas por los españoles que trabajaban en las factorías alemanas y francesas. Gracias a esos fondos, en España se crearon oportunidades para abrir pequeñas empresas y negocios, e incluso, adquirir viviendas para ser destinadas a residencia o al mercado del alquiler en las zonas turísticas. El dinero del exterior fue un elemento fundamental para el desarrollo español.

En la actualidad, observamos el impacto benéfico de las remesas en todos los países que aspiran a superar el subdesarrollo económico. Un reciente estudio del Banco Mundial permite comprobar que en América Latina y Caribe las remesas de los residentes en el extranjero alcanzaron en 2018 cifras muy destacadas convirtiéndose en motores impulsores de sus economías. México, por ejemplo, recibe 35.659 millones de dólares y se sitúa a gran distancia del resto de países.

Por ejemplo, la República Dominicana, con una población similar a la de Cuba, pero con mucha menos población residente en el exterior, recibió en remesas en 2018 un total de 6.789 millones de dólares, es importante retener esta cifra, que práctica triplica a la obtenida por Cuba. Ecuador, por ejemplo, obtuvo remesas por importe de 3.086 millones de dólares. Pero es que Guatemala recibió 9.573 millones de dólares y El Salvador 5.458 millones, que se presentan en el Cuadro.

Importe de las remesas por países y su evolución (millones de dólares)
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Es importante observar que todos estos países reciben en concepto de remesas mucho más dinero que Cuba, pese a contar con poblaciones inferiores en la diáspora. Hay algo que explica que Cuba recibe menos dinero en remesas (con sus 2.500 millones se sitúa incluso por debajo de Haiti). Cuba se beneficia de las remesas y los envíos de mercancías, pero lo hace en mucha menor medida que otros países. ¿Es quizás culpa de ello el bloqueo o la amenaza de sanciones de EEUU a la isla? No parece que así sea.

La explicación, una vez más, se encuentra en el peculiar sistema económico, por calificarlo de algún modo, que existe en Cuba. La prohibición al ejercicio de derechos de propiedad, unido a la inexistencia de mercado para asignar recursos y el dominio por parte del estado de la economía, hacen que las remesas enviadas a la isla por la diáspora, tengan una finalidad de asistencia social, de cobertura de necesidades inmediatas (como alimentación, ropa, calzado, y en el mejor de los casos, alguna estancia en un hotel y un teléfono celular). Los ecuatorianos, guatemaltecos o dominicanos que envían dinero a sus familias pueden capitalizar esas remesas en forma de activos, por ejemplo, una tierra, un solar, un seguro para la vejez, o construir, una o varias viviendas. De ese modo, con el trabajo en el extranjero se van construyendo un patrimonio que, con el paso del tiempo, se canaliza al mercado para obtener más rentas, con la venta o alquiler. En Cuba esta práctica en imposible, y por ello, la remesa no contribuye a construir el capital patrimonial del país. Todo lo contrario. Es un gasto corriente, básicamente de consumo, que tiende a compensar el bajo nivel de poder adquisitivo de los salarios y la inexistencia de otras rentas, como las del capital o los ahorros.

En tales condiciones, las remesas no sirven para que la economía cubana de un salto adelante y se desarrolle, como ocurrió y ocurre en otros países, y actúan esencialmente como un instrumento de recaudación de divisas para el estado centralista, que las detrae de la circulación por medio de la doble moneda que sigue sin ser eliminada porque es un valioso instrumento para interferir en las remesas que reciben las familias.

Un uso inteligente de las remesas, que ya están alcanzando importes destacados, debería permitir a los cubanos, tanto los que viven en la isla como los que forman parte de la diáspora, construir un patrimonio personal y realizar inversiones en los proyectos emprendedores que se van creando en la isla, así como participación en empresas estatales que podrían ir siendo privatizadas. Las remesas, bien gestionadas, podrían servir para impulsar de forma inmediata la construcción de viviendas en Cuba, de las que tan necesitado se encuentra el país, o desarrollar la agricultura y sobre todo, construir una oferta turística complementaria e innovadora. Se ha perdido esta oportunidad en los últimos diez años, pero el futuro no está escrito.

The Havana Consulting Group estimó que en la actualidad, los ingresos de remesas (en dinero y mercancías) suponen un mayor peso en la economía cubana que el total del intercambio comercial conjunto de Cuba con Venezuela y China, de unos 4.200 millones anuales. Del régimen comunista depende que esa cifra sea superior y además, que tenga los efectos benéficos que han tenido y tienen en otras economías.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 02/05/2019, 17:22

Repartiendo la miseria de la vivienda en Cuba

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Díaz-Canel cree que con acuerdos del consejo de ministros y disposiciones administrativas puede arreglar el desastre de la vivienda en Cuba. Está equivocado. No es un asunto de un reglamento para el “ordenamiento y legalización de viviendas, cuartos, habitaciones, accesorias y locales, y sobre el cambio de uso y traspaso de locales”, como se arregla el problema de la vivienda en Cuba. Hay que adoptar medidas mucho más eficaces y adecuadas. Hay que ser valiente y mirar al futuro con libertad. Este ha sido uno de los errores tradicionales de la burocracia comunista en Cuba: pensar que con disposiciones administrativas se puede hacer funcionar la economía. Gran error.

Ahora se les ha ocurrido hacer propietarios de vivienda, de la noche a la mañana, a "los arrendatarios permanentes de viviendas del fondo estatal, los usufructuarios y ocupantes de cuartos, habitaciones o accesorias, convertidas en viviendas adecuadas o que puedan serlo, y las personas que residen en viviendas y locales terminados o en ejecución por el Estado o la población, sin cumplir las formalidades legales". A todos estos colectivos, del resto de la población nada se dice, se facilita el acceso a la propiedad de vivienda y las gestiones en los registros, con el ánimo de que tengan un patrimonio para conservar y hacer crecer. O algo así. Boberías.


Si de verdad se quiere dar solución real al problema de la vivienda lo que realmente hay que hacer, para empezar, es suprimir el marco jurídico que existe en la actualidad y reestablecer el mismo que existía antes de 1959, cuando en Cuba los cubanos fueron expropiados de sus viviendas por el estado, que pasó a ser el titular de las mismas.

No digo que haya que ir a otra Ley LIBERTAD para el tema de la vivienda. Eso también sería absurdo. Lo que el gobierno debe hacer, y cuanto antes, es fijar un marco jurídico estable para la tenencia de vivienda de todos los cubanos, flexibilizando la oferta y propiciando el nacimiento de un mercado para la demanda, que se regule vía precio. Los cubanos deben tener acceso real a la vivienda y dejar de vivir en habitaciones, cuartuchos, cuarterías y divisiones de divisiones de espacios semi derruidos a los que se accede por escaleras de madera, en lo que fueron las antiguas mansiones de la Habana colonial.

Un desastre como el que existe en Cuba actualmente en materia de vivienda, exige mucho más que parches y vendas, como las contenidas en el decreto castrista. Una vez reconocidos los derechos de propiedad privada, insisto para todos por igual, procede estimular la oferta. Es muy fácil. Libertad de empresa en el sector de construcción, en vez del actual “esfuerzo propio”, y facilitar acuerdos de estas empresas creadas por cubanos, con inversores extranjeros. Básicamente para incentivar la transferencia de capital y tecnología, así como materiales constructivos hasta que aparezcan fabricantes nacionales con capacidad para atender las necesidades del sector. De nada sirve que den flexibilidad y se amplíe la transferencia de propiedad, si no existen las viviendas objeto de las transacciones, tanto las que corresponden a propiedad como las que se encuentran en arrendamiento, rurales o urbanas.

En concreto, se debe establecer una moratoria o incluso, una política de actualización para dar carta de naturaleza a todas las viviendas que se hayan construido ilegalmente, siempre y cuando la violación de las regulaciones urbanísticas y territoriales se puedan penalizar y gravar. Nadie dice que con la reforma que estamos proponiendo se incumplan las normas urbanas y territoriales. Sin embargo, es probable que se tengan que repensar, en la medida que muchas de esas disposiciones constituyen un freno real al crecimiento del sector, sobre todo, para atender las necesidades de la población.

Tampoco parece acertado que se diseñen medidas para beneficiar a determinados colectivos y no al conjunto de la población. De nada sirve que se desarrollen acciones concretas para los colectivos antes citados, cuando el problema afecta a todo el país. Además, la somera enumeración de las categorías beneficiadas por la normativa da una idea del lamentable estado de la vivienda en Cuba. Sin embargo, atender las necesidades de estos segmentos de población, y no las del conjunto, no solo genera peligrosas asimetrías, sino que impide realizar una ejecución eficiente de los gastos públicos, que en el caso de la economía castrista, son mayoritarios, al menos actualmente. Las políticas de vivienda que funcionan son las que se dirigen a todos por igual.

Nadie ha reparado tampoco en las pérdidas que asumirá el estado como consecuencia de adjudicar la propiedad de viviendas que eran suyas, y esto va a generar un agravio con respecto a aquellos ciudadanos que realmente han hecho un esfuerzo para adquirirlas, ya se trate por ejemplo de una ayuda procedente del exterior.

Muchas veces he intentado comprender cómo se establece el precio en las operaciones de compra venta de vivienda en Cuba, cuando los derechos de propiedad han sido conculcados, y donde es difícil estimar oferta y demanda. Si el cálculo se establece partiendo del valor del bien que se trasmite y se otorga, lo que denominan “valor del precio ideal de la vivienda en Cuba”, tal vez la razón de que no se construyan más viene motivado porque ese mecanismo de precio es ineficiente y debe ser sustituido por otro que surja del equilibrio oferta y demanda. Apostando por normativas de entrega de viviendas a la población, los ajustes vía mercado se dificultan más, creando condiciones muy inadecuadas para el desarrollo del mismo. Un ejemplo son los subsidios que afectan a la vivienda, y que en Cuba han actuado durante décadas, distorsionando el valor de mercado de la propiedad. Si el subsidio se estima entre un 60% y 80% del valor, es evidente que la distorsión del precio está garantizada.

Por todo lo expuesto, no estoy de acuerdo que las medidas anunciadas y publicadas en la Gaceta Oficial Ordinaria 33 vayan a servir para flexibilizar la regulación de la vivienda en Cuba, y mucho menos para mejorar la situación de la misma. Se está apostando por una legalización de situaciones de hecho que conculca, en cualquier caso, los derechos originarios que tenían los titulares de las viviendas que, en su momento, fueron confiscadas o expropiadas. Una inscripción en el registro de la propiedad de cualquier activo cuyo titular no es el que realmente figura en el título, no hace más que enmarañar una situación que, a la larga, acabará estallando. Por medio de este tipo de medidas, el régimen castrista vuelve a conculcar los derechos de propiedad, y lo que es peor, sigue sin ofrecer garantías de seguridad jurídica sobre los bienes inmuebles y los derechos que recaigan sobre ellos.

Si de verdad se quiere recuperar en Cuba la disciplina inmobiliaria que el propio régimen destruyó a partir de 1959, hay que volver a aquella situación de partida, y no trastocar con artimañas regulatorias el desastre acaecido desde entonces. El marco jurídico existente en 1959 en materia de derechos de propiedad sobre inmuebles debe servir para construir el futuro, y no otro. Por mucho que el castrismo siga lanzando sus arengas a favor del orden, la disciplina, y control, los que saben para qué sirven los registros públicos son conscientes que existe un respeto a la propiedad privada que trasciende el tiempo y las veleidades políticas. La propiedad permanece, los sistemas políticos cambian. Se ha visto con la Ley LIBERTAD, y se verá también en algún momento con todos los activos de la economía cubana.

Justificar como hace la responsable del ramo medidas como las anunciadas con el objetivo de que hayan “cada día más propietarios, donde antes hubo arrendamiento, siempre que cumplan los requisitos de planificación física y el Ministerio de la construcción” es faltar a la verdad y avanzar hacia procesos de legalización que no están correctamente diseñados porque conculcan la esencia de los derechos de propiedad.

Reconociendo estos derechos al modo castrista, las personas no percibirán que se produce la deseada construcción de un patrimonio y mucho menos “la posibilidad de ampliarlo, de adecuarlo, de acceder a los mecanismos legales para construir”. Pensarán que si a otros se les expropió en su día, por qué a ellos no les podría ocurrir otro tanto. Además, hay una cuestión de fondo, no menos importante, todos los cubanos que van a acceder a una titularidad de viviendas del estado, por medio de este decreto, saben que al final siempre podrá aparecer el legítimo propietario del inmueble o del solar, y exigirá unos derechos que los tribunales no tendrán más remedio que reconocer. Ha ocurrido en otros países comunistas que transitaron como Cuba por la senda de las expropiaciones, y ocurrirá también en Cuba. Han elegido la peor de las vías posibles. Las consecuencias, tarde o temprano, llegarán y entonces vendrán las lamentaciones.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 09/05/2019, 17:48

Un 1º de mayo con poco que celebrar

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La relación del régimen comunista de Cuba con el mundo del trabajo ha sido difícil. Por eso, no hay mucho que celebrar este 1º de mayo, ni en otros anteriores. Esta relación siempre ha hecho referencia a “tiempos adversos, caracterizados por el recrudecimiento de las agresiones, amenazas y mentiras por parte del imperialismo yanqui y sus lacayos”, pero la realidad es bien distinta. No existe ningún motivo externo para afirmar que los trabajadores cubanos se hayan convertido en los grandes derrotados de un régimen que, sin embargo, ha querido presentarse ante el mundo como el “paraíso de los trabajadores”. Nada de eso. Además, desde el principio.

Un poco de historia puede servir para ilustrar lo que se quiere decir. Tras el proceso de transformaciones revolucionarias que trastocaron la economía cubana y su posición en el mundo, una de las pesadillas recurrentes de Fidel Castro fue la baja productividad del trabajo en el sistema económico que él mismo diseñó. Sin entender que este hecho es consecuencia directa de las estructuras revolucionarias, los parches que se fueron poniendo en varias generaciones, lejos de resolver la situación, la han empeorado.

Conviene recordar que fue aquel lejano 2 de agosto de 1961 cuando el régimen en ciernes anunció un cambio en la legislación laboral y de la función de los sindicatos, en un intento de controlar la CTC, para adoptar en Cuba el modelo de relaciones laborales de los países comunistas. Hasta entonces, la mayor parte de las empresas no expropiadas o nacionalizadas mantenían un marco laboral similar al anterior a 1959. Pero este año se produjo el inicio real del desastre cuando todos los trabajadores cubanos pasaron a ser, de un golpe, “empleados del estado”.

A partir de entonces, el problema pasó a ser cómo producir más, a pesar del control absoluto de la economía por los comunistas. Tanto es así que solo un año después, el 3 de marzo de 1962 se creó el primer carnet de trabajo para inscribir en el mismo la historia laboral de cada trabajador, lo que resultaba, en definitiva, en una valoración de su aceptación del nuevo régimen y disposición a participar en las actividades organizadas por el mismo. No tardó mucho el Che Guevara en cuestionar la calidad de la producción, mientras que el racionamiento y la escasez se iban extendiendo a todos los productos.

Cuatro años más tarde, en el congreso de la CTC se hizo público un documento en el que se constataba la baja productividad y el absentismo como los dos principales males del mundo laboral cubano. Y a partir de entonces, el asunto empezó a ser cada vez más grave y referencia obligada para Fidel Castro, que lanzó el tema, poco reflexionado y precipitado, de los “estímulos morales” como solución para aumentar la productividad. De poco serviría, en 1968 la “ofensiva revolucionaria” que supuso la nacionalización de 50.000 pequeños negocios privados, acabó de dar la puntilla al sistema económico, que sobrevivía a duras penas hasta entonces.

A partir de entonces, la carencia de alimentos pasó a ser una preocupación adicional para las autoridades, sin querer entender cuál era el origen de la misma. En agosto de este año, el ministro de trabajo acabó imponiendo, de forma obligatoria, las criticadas tarjetas de trabajo, en las que se reportaría abiertamente el comportamiento y las actitudes políticas de los trabajadores. Los juicios populares en los centros laborales se extendierion como la espuma por todo el país. El fracaso de la “zafra de los 10 millones” fue un salto en el vacío, al movilizar todos los recursos económicos en un objetivo que se sabía inalcanzable, pero que tendría unas conclusiones negativas para el mundo laboral cubano.

Nada podía acabar bien de todo ello, y en mayo de 1970 aprovechando la fiesta del 1º de mes, Castro anunciaba un fuerte ataque al sindicato único, denunciando los problemas de productividad y absentismo como culpables del fracaso en la “zafra”, a la vez que anunciaba una reorganización, escondida bajo el término de “democratizar el sindicato”. Un año después, y con motivo de la misma fecha, Castro anunciaba que a partir de entonces los salarios quedarían establecidos por la contribución de los trabajadores a la producción, rompiendo para siempre con el principio revolucionario de igualdad.

El año 1972 fue denominado “de la emulación socialista” en lo que se interpretó como un acercamiento a la institucionalidad soviética, pero en julio de 1973 Fidel Castro anunció en un discurso que en Cuba se aplicaría a partir de ese momento el principio socialista de “a cada cual según su trabajo; de cada cual según su capacidad”, en lo que se interpretó como una marcha atrás forzada por los acontecimientos. En el congreso de la CTC de noviembre de este año, el régimen volvía a los estímulos materiales y los sindicatos recuperaban parte de la relevancia perdida, con la elección de Lázaro Peña como secretario general, que falleció apenas seis meses después.

A partir de entonces, de mal en peor. La institucionalización del régimen tras la aprobación de la constitución de 1976 de inspiración soviética, fue un fracaso, y provocó el estallido de protesta social en la embajada de Perú y la posterior salida por el Mariel de centenares de miles de cubanos. La primera, desde los tiempos revolucionarios de Camarioca y los “vuelos de la libertad”. En todo caso, el sistema creado por Fidel Castro seguía expulsando población de la isla, pero ya no eran “los ricos, los explotadores y colaboracionistas de Batista” los que se aferraban a las embarcaciones del Mariel para huir del país. Se acababan los argumentos. El fracaso del “paraíso de los trabajadores” se mostraba como una evidencia ante el mundo.

Pero el “período especial” se encargó de hacer el resto, y durante dichos años, los trabajadores cubanos se encontraron presos de las contradicciones de un régimen encerrado en sus postulados ideológicos, que un día decía sí, y otro no, a las mismas medidas y actuaciones. Ahora, sin ayuda soviética, el culpable de todos los males era el bloqueo o el embargo, decretado por Kennedy, del que nadie se había acordado antes del derrumbe del muro de Berlín. En su congreso de 1990, la CTC, por primera vez, tenía que analizar el problema del desempleo en Cuba, que trataba de explicar por la “carencia de materias primas”, y tan solo un mes después, la Instrucción 137 del Tribunal supremo popular insta a la delación de aquellos que tengan un alto nivel de vida, persiguiendo y reprimiendo a los “coleros” y los “macetas”, experiencias de apertura en años difíciles que de este modo, volvían a ser enterrados, lo mismo que los mercados libres campesinos, que Castro consideraba un foco de “corrupción”.
El estallido social no se hizo esperar, y llevó a centenares de miles de cubanos a escapar de la isla en balsas, provocando otro conflicto con EEUU en las aguas del estrecho de Florida, que se trató de resolver reuniendo a los que huían de la isla en la base de Guantánamo.

Este recuento histórico confirma que los trabajadores cubanos no han visto solución para sus aspiraciones en Cuba, y todos los que han podido, han elegido la salida del país en busca de un lugar en que hacer realidad sus sueños. En la actual situación, en que el régimen se encuentra paralizado como consecuencia del final de la ayuda de Venezuela, y el fracaso de las medidas raulistas para mejorar el funcionamiento de la economía, otro estallido social es posible. La cuestión es si la vía de escapar del país será viable en las actuales condiciones. El castrismo sigue empecinado en implementar, sin apoyo democrático, un modelo económico diferente del que llaman “capitalismo salvaje”, que ya no existe en ningún país del mundo, y así les va. Si de verdad se pretende que los trabajadores cubanos ayuden a promover un desarrollo económico y una mejora de la calidad de vida y prosperidad de la nación, hay que restaurar un sistema de relaciones laborales distinto, porque el que existe, no funciona. En caso contrario, en los 1º de mayo castristas siempre habrá poco que celebrar.
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