CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 26/05/2019, 12:32

Guajiro. ha scritto:La proactividad comunista es inútil para atraer la inversión extranjera en la agricultura cubana

El que se lanza a invertir en la producción agrícola o ganadera no está dispuesto a que los frutos del trabajo se vayan a un socio que no mueve un solo dedo, y que solo está ahí para recoger beneficios y frenar la acumulación de riqueza....

I verdeoliva sono convinti che "Loro" sono intelligenti... ::idea mentre gli altri (investitori) sono solo dei bobos... ::fuma
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 04/06/2019, 17:05

La llegada de internet a los hogares de los cubanos y las "mulas tecnológicas"

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Dentro de aproximadamente dos meses, los cubanos podrán disfrutar de internet desde sus casas por primera vez en la historia. Hasta ahora, lo tenían prohibido. Debían utilizar los ordenadores en los trabajos, en su caso, o situarse en las zonas wifi de los parques públicos para conectarse a la red. En poco tiempo, lo podrán hacer desde las casas. Ello es debido a la entrada en vigor de dos resoluciones del ministerio de comunicaciones, publicadas en la Gaceta oficial extraordinaria, relativas al espectro radioeléctrico. Granma se hace eco de la información. También Cubadebate. Es la noticia del día. Este espectro radioeléctrico es, para las autoridades comunistas, “un recurso limitado, inalienable, imprescriptible e inembargable, cuya propiedad exclusiva es ejercida por el Estado Cubano”. Más para el estado.

Por primera vez en la historia, los cubanos, como personas naturales, podrán tener acceso a redes privadas de datos y el empleo de sistemas inalámbricos de alta velocidad en las bandas de frecuencias de 2.4 GHz y 5 GHz y además hacerlo sin necesidad de autorización. Solo se les exige que no tengan afán de lucro y que cumplan con no exceder de 100 mW de potencia radiada efectiva.

Un avance destacado para Cuba, sin duda. Un país en el que nada se hace sin autorización, y donde el retraso en la informatización era perceptible sin necesidad de escarbar mucho. En el resto de países del mundo, donde nadie tiene que autorizar nada estamos cerca de tecnologías mucho más avanzadas, a las puertas del 5G, y llevamos más de 20 años disfrutando de la conexión a internet. Pero ya se sabe que en Cuba, nada es igual por mucho que se intente la comparación.

La llegada de internet a los hogares en Cuba debería servir para incrementar el nivel de informatización de la sociedad y desarrollar un gran mercado tecnológico. Si esto se consiguiera, valdría la pena. Me temo que no van por ahí los tiros. Sin embargo, el resto de objetivos que plantea el régimen y que reseña Granma, como “la soberanía del país, evitar interferencias en el espectro radioeléctrico y a la prevención de efectos nocivos de radiaciones no ionizantes”, ya veremos. En el momento en que Cuba acceda a la sociedad digital global, todo este tipo de planteamientos comunistas trasnochados, se vendrán abajo. Sobre todo en un país en que la aspiración de los jóvenes es salir al exterior y vivir en otro sitio. Las nuevas tecnologías aumentarán los canales de comunicación entre los cubanos y el resto del mundo, y para muchos, la enorme brecha que existe actualmente quedará completamente al descubierto. Ya veremos en qué acaba todo.

Las redes privadas deberán conectarse obligatoriamente con el monopolio de Etecsa, operador del estado que proporcionará suculentos ingresos a las arcas públicas a través de los costes del servicio que se establezcan. Además, se habilita el establecimiento, por medio de licencia de operación, de antenas en exteriores por personas naturales y sus redes privadas para enlazarse con las redes públicas. Las autorizaciones son para cualquier cosa. Por ejemplo, el uso de la antena exterior exige autorización por valor de 10 pesos CUP con vigencia de cinco años, mientras que la licencia de red será por dos años. También exige autorización la licencia de operación de redes privadas de datos, alámbricas y/o inalámbricas, para personas naturales en exteriores al domicilio que pueden conectarse entre sí a través de la red pública Etecsa, y ello sin atravesar la vía pública. De hecho para llegar a personas que pertenezcan a la red privada en otra manzana puede hacer uso de la conexión inalámbrica con antena exterior siempre que no exceda su potencia radiada efectiva de los 100 mW.

Eso si. Para poder tramitar la licencia de redes privadas inalámbricas con antena exterior, las personas naturales deberán ser propietarias del inmueble, que suelen ser del estado. Cuando se trate de trabajadores por cuenta propia, para instalar redes en los locales donde ejercen las actividades aprobadas, deberán contar con autorización previa del arrendador, propietario o usufructuario del inmueble, generalmente el estado otra vez. Tanta presencia del estado ya se sabe. O te portas bien, u olvídate del internet.

Lo más interesante de todo es cómo han dejado de lado la creación de un mercado nacional para el desarrollo de la informática doméstica y las tecnologías. De hecho, las normas indican que aquellos que deseen importar al país un equipo de red deberán contar con la autorización previa del Ministerio, para lo cual tendrán que formular una solicitud de Autorización Técnica en el portal web del Mincom, correo electrónico o personalmente en las direcciones territoriales de la unidad presupuestada técnica de control del espectro radioeléctrico, en un periodo de 30 días hábiles.

Es como si el régimen asumiera que no desea crear un mercado nacional para estos equipos de red, y que la única posibilidad es traerlos de fuera. Se insiste que las personas naturales podrán importar los equipos de tecnología inalámbrica que no tengan carácter comercial siempre que la potencia no supere 100 mW o ajustable. Solicitud que se puede realizar antes de la entrada al país o posteriormente, si el equipo es retenido por la autoridad aduanera. Igualmente, este procedimiento permite que un residente extranjero pueda hacer la importación del equipo.

Como siempre, los comunistas castristas construyen un castillo de naipes que ya se verá si no cae antes de lo que esperan. Varias cuestiones se tienen que resolver antes. Con un salario medio de 767 CUP ¿qué familia está en condiciones de instalar una red de internet en casa, alámbrica o inalámbrica, con equipo informático o con teléfono? ¿De dónde se espera que salga el dinero para hacer frente a los pagos que tienen estos servicios, por muy bajos que se establezcan por el monopolio de Etecsa? ¿Acaso de préstamos de los bancos? Lo dudo ¿Cómo se puede esperar el desarrollo de este tipo de instalaciones domésticas de internet cuando la principal preocupación son el pan, los huevos o la carne, que alcanzan precios imposibles y desaparecen de los mercados?

Y yendo más lejos aún, ¿existen empresas especializadas, trabajadores por cuenta propia, especializados en la comercialización/instalación de estos equipos y/ o servicios? ¿Lo va a hacer el estado? Me temo que no. De hecho, la preferencia que el régimen otorga a la “importación” y las facilidades que conceden a la tecnología procedente del exterior, dice realmente muy poco de la ambición del régimen castrista para crear un mercado nacional tecnológico. Parece que ha decidido financiar la informatización de los hogares en Cuba con el acceso a las remesas de la diáspora y los equipos procedentes del exterior. En vez de apostar por un mercado nacional para el desarrollo de la informatización de los hogares y empresas cubanas, el régimen está pensando en "mulas tecnológicas". Así cualquiera.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 09/06/2019, 12:31

A ese cubano "extranjero" que piensa invertir en Cuba

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En una extensa entrevista en Cubadebate, cuya lectura recomiendo, la directora de inversión extranjera castrista, Débora Rivas ofrece argumentos para justificar la afirmación de su ministro Malmierca hace unos días según la cual “con la nueva ley 118, los cubanos residentes en el exterior pueden invertir en Cuba”. Según criterio de la directora, no existe limitación alguna para hacerlo, salvo el cumplimiento de la ley y la adecuación del proyecto a las prioridades del régimen. Casi nada.

La inversión extranjera es un asunto delicado. No está para titulares ni propaganda castrista al uso. Ahora el régimen se vuelca con los cubanos residentes en el exterior para que inviertan en la isla. ¿Tendrán éxito? Lo dudo.

La posibilidad de que ciudadanos cubanos con negocios en Hialeah, New Jersey, Madrid, Roma o Estocolmo, se dediquen a realizar inversiones en Cuba me produce risa. Sin embargo, lo peor de todo, y lo que no deja de ser lamentable, es que la propia ley que regula todo esto califica a ese cubano, nacido en Santiago de las Vegas, en Jatibonico o San Juan y Martínez, como “extranjero” por el mero hecho de que así lo hayan establecido.

Para el régimen castrista “es inversionista extranjero la persona natural o jurídica, con domicilio y capital en el extranjero, que participa como accionista en una empresa mixta o participe en una empresa de capital totalmente extranjero o figure como parte de un contrato de asociación económica internacional”. Así, cualquiera. Ni se especifica la ciudadanía o el origen del inversor, aunque para la ley debe quedar claro que su domicilio y capital están fuera de Cuba. Lógico. ¿Cabría cualquier otra cosa? Evidentemente, no. Es decir, el cubano nativo, residiendo en el extranjero, que piense invertir en Cuba ya sabe que lo hará como extranjero en su propio país. Una vergüenza, ¿no les parece?

En España, cuando un español residente en Alemania o Francia invierte en un negocio en España, aun cuando mantenga su hacienda en aquellos países, crea una empresa española en su país de origen y en España es español. Por ejemplo, los españoles que emigraron a Cuba a comienzos de siglo XX ganaron dinero y volvieron como “indianos”, obsequiando con esas viviendas formidables que edificaron en la costa del Garraf o en Asturias, siempre fueron españoles en su tierra, aunque muchos se hicieron cubanos por la Ley Grau del 50%.

Así que el régimen castrista ha ideado una fórmula para atraer la inversión de cubanos “extranjeros”, calificándolos como “no residentes permanentes en Cuba”, cuyo capital y sus negocios radican fuera del país, de modo que la financiación necesaria para su proyecto no se va a encontrar en la isla, sino que tendrá que venir de fuera. Ni doble nacionalidad, ni garantías jurídicas para los cubanos que residen en el extranjero a ser tratados como cubanos. Algo inaudito en el mundo.

Las condiciones que establece la Ley castrista de inversiones extranjeras así como su Reglamento, el Decreto 325 de 2014 y el resto de las normas complementarias, son una vergüenza y una afrenta para los nacidos en Cuba, cuando les pase por la cabeza la idea de invertir en su tierra. Que sepan que el régimen comunista nunca los considerará cubanos, y los verá igual que a los “pepes” españoles, o los italianos de turno. Ciertamente, lamentable. Un escarnio.

Y luego viene la operación a realizar. Estos cubanos que piensen invertir en Cuba han de saber que al hacerlo, la única opción que se les permite es tener como socio al régimen comunista que los expulsó del país a un oscuro y lamentable exilio, en el que, sin embargo, con trabajo, esfuerzo y ahorro (lo que no tenían en Cuba) pudieron reconstruir sus vidas.

Bueno, ahora el régimen ha abierto el abanico y permite invertir en “personas naturales o jurídicas cubanas que residen permanentemente en el país y que cuentan con inversiones (TCP o cooperativas, fundamentalmente) y/o; aquellos cubanos que salen temporalmente al exterior, ya sea a trabajar o de vacaciones, e ingresan capital por esa vía y lo invierten en sus negocios aquí”. Un reducido número de opciones y todo muy regulado y controlado. La cuestión es que nadie podrá invertir libremente en un negocio de un trabajador por cuenta propia (un paladar o una cafetería) o en la explotación de un agricultor arrendatario no asociado a cooperativa, y mucho menos contratar libremente a los trabajadores. Esto no se permite ni se permitirá. Al invertir en Cuba, ese cubano “extranjero” tiene que aceptar como socio principal al castrismo, el mismo régimen político que lo obligó al exilio, y además, asumir que ese socio va a controlar el 51% del negocio, sea cual sea la fórmula que elija.

Las numerosas instituciones del régimen creadas para captar dinero foráneo se encargarán de recordar continuamente quién manda, por ejemplo, obligando a invertir en aquellas políticas de interés público establecidas en el país. El cubano “extranjero” que vaya a invertir en Cuba no podrá hacerlo en lo que desee, sino en lo que le deje su socio comunista a través de esa infumable “cartera de oportunidades de negocios” que se ha venido publicando año a año desde el 2014, y que no se vacía. Por algo será.

En concreto, ese cubano no podrá invertir en la compra de viviendas, o en un pequeño negocio franquiciado para que su familia salga adelante (no los podrá contratar libremente), tampoco podrá hacerlo en educación o sanidad (está prohibido), en el comercio al por mayor o en la compra de tierras para producir más alimentos. No. Tendrá que hacer su inversión en lo que le diga el régimen, a saber “producción eléctrica con fuentes renovables de energía, las industrias ligera, agroalimentaria, farmacéutica y biotecnológica, la construcción, el turismo”, en “525 proyectos priorizados por los comunistas”. Ya se sabe. Las autoridades se muestran indulgentes y declaran que aceptan la propuesta de proyectos no incluidos en la cartera, “pero siempre que se correspondan con las políticas sectoriales aprobadas” es decir, olvídense de la libertad de empresa en Cuba.

Y luego en caso de que se decidan a invertir, tómense su tiempo. La burocracia es infernal. Se estima que 7 de cada 10 proyectos abandonan antes de llegar a término porque no pueden soportar eso que llaman “análisis integral del proyecto propuesto y el capital a desembolsar” basado en una “norma del ministerio, la Resolución 207/2018, que explica cómo se presentan los estudios de pre factibilidad que deben formar parte de la propuesta y expediente del negocio”. Háganme caso, echen un vistazo a la norma y verán. Además, en Cuba no hay dinero, así que el régimen espera que el inversor aporte el 100% de los recursos financieros. Los bancos en la isla no podrán aportar ni un centavo.

En cuanto a las garantías al inversor, la Ley 118 introduce algunas, pero una cosa es el papel y otra bien distinta es el negocio y la actividad empresarial. En la economía cubana, por desgracia, no existen muchos sectores que permitan abrigar expectativas favorables para invertir a corto y medio plazo. Así que volvemos al principio, para invertir en actividades ruinosas de poco recorrido, mejor quedarse en casa.

Y finalmente, está el tema de los bienes y activos confiscados. Los cubanos que salieron rumbo al exilio, desarrollaron proyectos empresariales exitosos en los países en que se establecieron y pueden invertir en Cuba ahora como extranjeros, deben saber que si el régimen les ofrece hacerlo en bienes confiscados a partir de 1959 a ciudadanos de EEUU, se les aplicará la Ley LIBERTAD en los mismos términos que a cualquier otra entidad. El estado de la economía castrista alcanza unas dimensiones tan lamentables que no sería extraño que un inversor cubano “extranjero” pudiera acabar invirtiendo en bienes de su propiedad, anteriores a 1959, sin llegar a tener reconocido la titularidad del derecho de propiedad confiscado por el régimen comunista. De verdad, pienso que si esto pudiera llegar a ocurrir, apaga y que el último en salir cierre bien la puerta. Ya me entienden.

Un consejo a ese inversor de origen cubano residentes en cualquier parte del mundo que quiera desarrollar un proyecto en Cuba, como “extranjero”, que se lo piense dos veces.
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