CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Di tutto un po' su Cuba

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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 26/05/2019, 12:32

Guajiro. ha scritto:La proactividad comunista es inútil para atraer la inversión extranjera en la agricultura cubana

El que se lanza a invertir en la producción agrícola o ganadera no está dispuesto a que los frutos del trabajo se vayan a un socio que no mueve un solo dedo, y que solo está ahí para recoger beneficios y frenar la acumulación de riqueza....

I verdeoliva sono convinti che "Loro" sono intelligenti... ::idea mentre gli altri (investitori) sono solo dei bobos... ::fuma
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 04/06/2019, 17:05

La llegada de internet a los hogares de los cubanos y las "mulas tecnológicas"

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Dentro de aproximadamente dos meses, los cubanos podrán disfrutar de internet desde sus casas por primera vez en la historia. Hasta ahora, lo tenían prohibido. Debían utilizar los ordenadores en los trabajos, en su caso, o situarse en las zonas wifi de los parques públicos para conectarse a la red. En poco tiempo, lo podrán hacer desde las casas. Ello es debido a la entrada en vigor de dos resoluciones del ministerio de comunicaciones, publicadas en la Gaceta oficial extraordinaria, relativas al espectro radioeléctrico. Granma se hace eco de la información. También Cubadebate. Es la noticia del día. Este espectro radioeléctrico es, para las autoridades comunistas, “un recurso limitado, inalienable, imprescriptible e inembargable, cuya propiedad exclusiva es ejercida por el Estado Cubano”. Más para el estado.

Por primera vez en la historia, los cubanos, como personas naturales, podrán tener acceso a redes privadas de datos y el empleo de sistemas inalámbricos de alta velocidad en las bandas de frecuencias de 2.4 GHz y 5 GHz y además hacerlo sin necesidad de autorización. Solo se les exige que no tengan afán de lucro y que cumplan con no exceder de 100 mW de potencia radiada efectiva.

Un avance destacado para Cuba, sin duda. Un país en el que nada se hace sin autorización, y donde el retraso en la informatización era perceptible sin necesidad de escarbar mucho. En el resto de países del mundo, donde nadie tiene que autorizar nada estamos cerca de tecnologías mucho más avanzadas, a las puertas del 5G, y llevamos más de 20 años disfrutando de la conexión a internet. Pero ya se sabe que en Cuba, nada es igual por mucho que se intente la comparación.

La llegada de internet a los hogares en Cuba debería servir para incrementar el nivel de informatización de la sociedad y desarrollar un gran mercado tecnológico. Si esto se consiguiera, valdría la pena. Me temo que no van por ahí los tiros. Sin embargo, el resto de objetivos que plantea el régimen y que reseña Granma, como “la soberanía del país, evitar interferencias en el espectro radioeléctrico y a la prevención de efectos nocivos de radiaciones no ionizantes”, ya veremos. En el momento en que Cuba acceda a la sociedad digital global, todo este tipo de planteamientos comunistas trasnochados, se vendrán abajo. Sobre todo en un país en que la aspiración de los jóvenes es salir al exterior y vivir en otro sitio. Las nuevas tecnologías aumentarán los canales de comunicación entre los cubanos y el resto del mundo, y para muchos, la enorme brecha que existe actualmente quedará completamente al descubierto. Ya veremos en qué acaba todo.

Las redes privadas deberán conectarse obligatoriamente con el monopolio de Etecsa, operador del estado que proporcionará suculentos ingresos a las arcas públicas a través de los costes del servicio que se establezcan. Además, se habilita el establecimiento, por medio de licencia de operación, de antenas en exteriores por personas naturales y sus redes privadas para enlazarse con las redes públicas. Las autorizaciones son para cualquier cosa. Por ejemplo, el uso de la antena exterior exige autorización por valor de 10 pesos CUP con vigencia de cinco años, mientras que la licencia de red será por dos años. También exige autorización la licencia de operación de redes privadas de datos, alámbricas y/o inalámbricas, para personas naturales en exteriores al domicilio que pueden conectarse entre sí a través de la red pública Etecsa, y ello sin atravesar la vía pública. De hecho para llegar a personas que pertenezcan a la red privada en otra manzana puede hacer uso de la conexión inalámbrica con antena exterior siempre que no exceda su potencia radiada efectiva de los 100 mW.

Eso si. Para poder tramitar la licencia de redes privadas inalámbricas con antena exterior, las personas naturales deberán ser propietarias del inmueble, que suelen ser del estado. Cuando se trate de trabajadores por cuenta propia, para instalar redes en los locales donde ejercen las actividades aprobadas, deberán contar con autorización previa del arrendador, propietario o usufructuario del inmueble, generalmente el estado otra vez. Tanta presencia del estado ya se sabe. O te portas bien, u olvídate del internet.

Lo más interesante de todo es cómo han dejado de lado la creación de un mercado nacional para el desarrollo de la informática doméstica y las tecnologías. De hecho, las normas indican que aquellos que deseen importar al país un equipo de red deberán contar con la autorización previa del Ministerio, para lo cual tendrán que formular una solicitud de Autorización Técnica en el portal web del Mincom, correo electrónico o personalmente en las direcciones territoriales de la unidad presupuestada técnica de control del espectro radioeléctrico, en un periodo de 30 días hábiles.

Es como si el régimen asumiera que no desea crear un mercado nacional para estos equipos de red, y que la única posibilidad es traerlos de fuera. Se insiste que las personas naturales podrán importar los equipos de tecnología inalámbrica que no tengan carácter comercial siempre que la potencia no supere 100 mW o ajustable. Solicitud que se puede realizar antes de la entrada al país o posteriormente, si el equipo es retenido por la autoridad aduanera. Igualmente, este procedimiento permite que un residente extranjero pueda hacer la importación del equipo.

Como siempre, los comunistas castristas construyen un castillo de naipes que ya se verá si no cae antes de lo que esperan. Varias cuestiones se tienen que resolver antes. Con un salario medio de 767 CUP ¿qué familia está en condiciones de instalar una red de internet en casa, alámbrica o inalámbrica, con equipo informático o con teléfono? ¿De dónde se espera que salga el dinero para hacer frente a los pagos que tienen estos servicios, por muy bajos que se establezcan por el monopolio de Etecsa? ¿Acaso de préstamos de los bancos? Lo dudo ¿Cómo se puede esperar el desarrollo de este tipo de instalaciones domésticas de internet cuando la principal preocupación son el pan, los huevos o la carne, que alcanzan precios imposibles y desaparecen de los mercados?

Y yendo más lejos aún, ¿existen empresas especializadas, trabajadores por cuenta propia, especializados en la comercialización/instalación de estos equipos y/ o servicios? ¿Lo va a hacer el estado? Me temo que no. De hecho, la preferencia que el régimen otorga a la “importación” y las facilidades que conceden a la tecnología procedente del exterior, dice realmente muy poco de la ambición del régimen castrista para crear un mercado nacional tecnológico. Parece que ha decidido financiar la informatización de los hogares en Cuba con el acceso a las remesas de la diáspora y los equipos procedentes del exterior. En vez de apostar por un mercado nacional para el desarrollo de la informatización de los hogares y empresas cubanas, el régimen está pensando en "mulas tecnológicas". Así cualquiera.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 09/06/2019, 12:31

A ese cubano "extranjero" que piensa invertir en Cuba

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En una extensa entrevista en Cubadebate, cuya lectura recomiendo, la directora de inversión extranjera castrista, Débora Rivas ofrece argumentos para justificar la afirmación de su ministro Malmierca hace unos días según la cual “con la nueva ley 118, los cubanos residentes en el exterior pueden invertir en Cuba”. Según criterio de la directora, no existe limitación alguna para hacerlo, salvo el cumplimiento de la ley y la adecuación del proyecto a las prioridades del régimen. Casi nada.

La inversión extranjera es un asunto delicado. No está para titulares ni propaganda castrista al uso. Ahora el régimen se vuelca con los cubanos residentes en el exterior para que inviertan en la isla. ¿Tendrán éxito? Lo dudo.

La posibilidad de que ciudadanos cubanos con negocios en Hialeah, New Jersey, Madrid, Roma o Estocolmo, se dediquen a realizar inversiones en Cuba me produce risa. Sin embargo, lo peor de todo, y lo que no deja de ser lamentable, es que la propia ley que regula todo esto califica a ese cubano, nacido en Santiago de las Vegas, en Jatibonico o San Juan y Martínez, como “extranjero” por el mero hecho de que así lo hayan establecido.

Para el régimen castrista “es inversionista extranjero la persona natural o jurídica, con domicilio y capital en el extranjero, que participa como accionista en una empresa mixta o participe en una empresa de capital totalmente extranjero o figure como parte de un contrato de asociación económica internacional”. Así, cualquiera. Ni se especifica la ciudadanía o el origen del inversor, aunque para la ley debe quedar claro que su domicilio y capital están fuera de Cuba. Lógico. ¿Cabría cualquier otra cosa? Evidentemente, no. Es decir, el cubano nativo, residiendo en el extranjero, que piense invertir en Cuba ya sabe que lo hará como extranjero en su propio país. Una vergüenza, ¿no les parece?

En España, cuando un español residente en Alemania o Francia invierte en un negocio en España, aun cuando mantenga su hacienda en aquellos países, crea una empresa española en su país de origen y en España es español. Por ejemplo, los españoles que emigraron a Cuba a comienzos de siglo XX ganaron dinero y volvieron como “indianos”, obsequiando con esas viviendas formidables que edificaron en la costa del Garraf o en Asturias, siempre fueron españoles en su tierra, aunque muchos se hicieron cubanos por la Ley Grau del 50%.

Así que el régimen castrista ha ideado una fórmula para atraer la inversión de cubanos “extranjeros”, calificándolos como “no residentes permanentes en Cuba”, cuyo capital y sus negocios radican fuera del país, de modo que la financiación necesaria para su proyecto no se va a encontrar en la isla, sino que tendrá que venir de fuera. Ni doble nacionalidad, ni garantías jurídicas para los cubanos que residen en el extranjero a ser tratados como cubanos. Algo inaudito en el mundo.

Las condiciones que establece la Ley castrista de inversiones extranjeras así como su Reglamento, el Decreto 325 de 2014 y el resto de las normas complementarias, son una vergüenza y una afrenta para los nacidos en Cuba, cuando les pase por la cabeza la idea de invertir en su tierra. Que sepan que el régimen comunista nunca los considerará cubanos, y los verá igual que a los “pepes” españoles, o los italianos de turno. Ciertamente, lamentable. Un escarnio.

Y luego viene la operación a realizar. Estos cubanos que piensen invertir en Cuba han de saber que al hacerlo, la única opción que se les permite es tener como socio al régimen comunista que los expulsó del país a un oscuro y lamentable exilio, en el que, sin embargo, con trabajo, esfuerzo y ahorro (lo que no tenían en Cuba) pudieron reconstruir sus vidas.

Bueno, ahora el régimen ha abierto el abanico y permite invertir en “personas naturales o jurídicas cubanas que residen permanentemente en el país y que cuentan con inversiones (TCP o cooperativas, fundamentalmente) y/o; aquellos cubanos que salen temporalmente al exterior, ya sea a trabajar o de vacaciones, e ingresan capital por esa vía y lo invierten en sus negocios aquí”. Un reducido número de opciones y todo muy regulado y controlado. La cuestión es que nadie podrá invertir libremente en un negocio de un trabajador por cuenta propia (un paladar o una cafetería) o en la explotación de un agricultor arrendatario no asociado a cooperativa, y mucho menos contratar libremente a los trabajadores. Esto no se permite ni se permitirá. Al invertir en Cuba, ese cubano “extranjero” tiene que aceptar como socio principal al castrismo, el mismo régimen político que lo obligó al exilio, y además, asumir que ese socio va a controlar el 51% del negocio, sea cual sea la fórmula que elija.

Las numerosas instituciones del régimen creadas para captar dinero foráneo se encargarán de recordar continuamente quién manda, por ejemplo, obligando a invertir en aquellas políticas de interés público establecidas en el país. El cubano “extranjero” que vaya a invertir en Cuba no podrá hacerlo en lo que desee, sino en lo que le deje su socio comunista a través de esa infumable “cartera de oportunidades de negocios” que se ha venido publicando año a año desde el 2014, y que no se vacía. Por algo será.

En concreto, ese cubano no podrá invertir en la compra de viviendas, o en un pequeño negocio franquiciado para que su familia salga adelante (no los podrá contratar libremente), tampoco podrá hacerlo en educación o sanidad (está prohibido), en el comercio al por mayor o en la compra de tierras para producir más alimentos. No. Tendrá que hacer su inversión en lo que le diga el régimen, a saber “producción eléctrica con fuentes renovables de energía, las industrias ligera, agroalimentaria, farmacéutica y biotecnológica, la construcción, el turismo”, en “525 proyectos priorizados por los comunistas”. Ya se sabe. Las autoridades se muestran indulgentes y declaran que aceptan la propuesta de proyectos no incluidos en la cartera, “pero siempre que se correspondan con las políticas sectoriales aprobadas” es decir, olvídense de la libertad de empresa en Cuba.

Y luego en caso de que se decidan a invertir, tómense su tiempo. La burocracia es infernal. Se estima que 7 de cada 10 proyectos abandonan antes de llegar a término porque no pueden soportar eso que llaman “análisis integral del proyecto propuesto y el capital a desembolsar” basado en una “norma del ministerio, la Resolución 207/2018, que explica cómo se presentan los estudios de pre factibilidad que deben formar parte de la propuesta y expediente del negocio”. Háganme caso, echen un vistazo a la norma y verán. Además, en Cuba no hay dinero, así que el régimen espera que el inversor aporte el 100% de los recursos financieros. Los bancos en la isla no podrán aportar ni un centavo.

En cuanto a las garantías al inversor, la Ley 118 introduce algunas, pero una cosa es el papel y otra bien distinta es el negocio y la actividad empresarial. En la economía cubana, por desgracia, no existen muchos sectores que permitan abrigar expectativas favorables para invertir a corto y medio plazo. Así que volvemos al principio, para invertir en actividades ruinosas de poco recorrido, mejor quedarse en casa.

Y finalmente, está el tema de los bienes y activos confiscados. Los cubanos que salieron rumbo al exilio, desarrollaron proyectos empresariales exitosos en los países en que se establecieron y pueden invertir en Cuba ahora como extranjeros, deben saber que si el régimen les ofrece hacerlo en bienes confiscados a partir de 1959 a ciudadanos de EEUU, se les aplicará la Ley LIBERTAD en los mismos términos que a cualquier otra entidad. El estado de la economía castrista alcanza unas dimensiones tan lamentables que no sería extraño que un inversor cubano “extranjero” pudiera acabar invirtiendo en bienes de su propiedad, anteriores a 1959, sin llegar a tener reconocido la titularidad del derecho de propiedad confiscado por el régimen comunista. De verdad, pienso que si esto pudiera llegar a ocurrir, apaga y que el último en salir cierre bien la puerta. Ya me entienden.

Un consejo a ese inversor de origen cubano residentes en cualquier parte del mundo que quiera desarrollar un proyecto en Cuba, como “extranjero”, que se lo piense dos veces.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 03/07/2019, 21:02

Cuba necesita un turismo privado más competitivo y eficiente

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No cabe duda que la actividad turística en Cuba ha experimentado un auge creciente en los últimos años, con un aumento significativo del número de viajeros y de los ingresos por turismo. Los primeros pasaron de 2,8 millones en 2012 a 4,7 millones en 2018, un 52,5% de aumento; los ingresos lo hicieron de 2.613 millones CUC a 3.300 millones CUC en 2017, un aumento del 26% (el dato de 2018 desciende a 2.191 millones CUC).

Ahora bien, hay que señalar que este ciclo expansivo del turismo cubano no se va a mantener por siempre; de hecho, como ya se ha señalado, los ingresos flexionaron a la baja entre 2017 y 2018, y los últimos datos recientes no permiten abrigar expectativas favorables para el año 2019, en curso, en el que la cifra de 5 millones probablemente no se alcanzará. Las autoridades deberían reaccionar a este escenario y plantearse si después de años continuados de crecimiento en el número de viajeros y en los ingresos, no se requiere adoptar algunas medidas para evitar o alejar estos primeros signos de agotamiento que muestran las estadísticas de ONEI.

El descenso a corto plazo en los ingresos turísticos no es una buena noticia, y es importante tener en cuenta que se produjo antes de la adopción por la Administración Trump de las recientes medidas contra el turismo de cruceros o de viajes persona a persona. En cualquier caso, el modelo basado en la planificación central del turismo y el elevado grado de control que ejerce el estado por medio de conglomerados empresariales vinculados a la seguridad del estado o el ejército, muestra síntomas de agotamiento, y puede estar llegando a su punto final. Tal vez se necesite un nuevo impulso para no perder lo conquistado. La necesidad de cambios parece más urgente si se tiene en cuenta que las previsiones para la temporada alta de este año apuntan a un resultado inferior al del año pasado.

El turismo mundial se resiente, como consecuencia del menor crecimiento económico que confirman organismos como el FMI o el Banco Mundial, y sin embargo, las autoridades de la isla no han reaccionado a estos cambios que combinan una demanda más débil, sobre todo de los principales mercados del turismo cubano, con un aumento de la competencia de otros destinos que tratan de aprovechar las ventajas que se derivan de este sector. El turismo cubano se enfrenta así a la necesidad de cambiar las reglas de juego, reconocer y aceptar que el modelo en curso no es el más adecuado para continuar avanzando, y que se necesitan mucho más que campañas de marketing para consolidar el turismo en Cuba para los próximos años.

La pregunta es, en tales condiciones, ¿qué se tiene que hacer para que el turismo en Cuba no se vea frenado bruscamente por la nueva coyuntura?

En primer lugar analizar bien el mercado y detectar las tendencias globales. Cuba no compite con otros países del Caribe. El turismo es un fenómeno global y no se puede planificar el modelo con una visión geográfica parcial y limitada. Asistimos a un proceso en el que una eventual recuperación de los destinos turísticos del norte de África, tras los años de inestabilidad, no solo perjudica al turismo español, sino que puede actuar de forma negativa sobre la demanda de viajeros europeos al Caribe.

La competencia de la isla no se encuentra en República Dominicana o Cancún, que lo es, sino en plazas tan alejadas como Turquía o Egipto, que se están recuperando con fuerza durante este año gracias a unos precios competitivos y la acción de los eficientes tour operadores. Si las autoridades de la isla no perciben estos procesos y tendencias globales cometerán graves errores en la planificación de la actividad. Por ejemplo, pensar de forma obsesiva en el turismo de cruceros de EEUU es contradictorio. Los mercados de turismo son globales. Las líneas aéreas que transportan a los viajeros y las infraestructuras aeroportuarias son fundamentales en el nuevo escenario, lo mismo que unas buenas relaciones con los gestores del mercado. Y esto conduce a las prioridades de inversión pública a realizar.

En segundo lugar, las autoridades castristas tienen que reflexionar sobre la entrada del sector privado en el turismo cubano. Hasta la fecha, este proceso ha sido regulado, controlado e intervenido de forma directa por medio de un abrumador proceso de autorizaciones a trabajadores por cuenta propia. Y si bien es cierto que en la gastronomía, restauración y alojamiento, transporte ya existe una participación destacada de los agentes privados, no tiene sentido que el estado continúe manteniendo un peso directo en este sector. El estado no se debe dedicar al turismo, a servir comidas o limpiar habitaciones. Su papel es bien distinto. Esas funciones se tienen que gestionar por el sector privado, que lo hace de forma más eficiente. Esto nos lleva a proponer la necesidad, urgente, de afrontar un proceso de reconversión del sector que permita dar entrada a los operadores privados en la dirección y gestión del negocio, con la retirada del estado castrista de aquellas posiciones de control que mantiene.

El régimen tiene una oportunidad histórica para acometer este proceso, y además, realizar la operación dentro de un marco que suponga dar carpetazo a prácticas abusivas, las expropiaciones y confiscaciones, que toca cerrar de forma definitiva para que se restaure la justicia en la economía de la isla. Las demandas de los legítimos propietarios a las empresas extranjeras que operan con el régimen en la actividad turística, cualquiera que sea su desenlace, deberían servir para constituir la base de un sector turístico privado potente, en el que el estado pase a ocupar las funciones que le corresponden, básicamente coordinación y dirección. Mediante estas operaciones de venta, se podrían obtener unos ingresos con los que financiar actividades en materia de infraestructuras, necesarios para que el sector continúe su dinámica positiva.

El estado debería encargarse, en colaboración con los agentes privados del turismo en Cuba de impulsar un conjunto de actividades, entre las que se incluyen una política de promoción turística mayor y mejor, como destino. Igualmente, una mejora continua de la oferta dirigida a que el viajero que llega a la isla incremente el gasto, apostando por nuevas fórmulas del producto turístico por desarrollar, y aplicando una política en materia impositiva que refuerce la competitividad del sector en la economía. Cuba tiene que redefinir su modelo turístico si quiere aprovechar las potencialidades del turismo mundial, que superado el actual bache, volverá a crecer, con la entrada de chinos e indios como viajeros. El estado castrista ya cumplió su fin de ciclo. Ahora toca a los empresarios privados cubanos liderar el sector. Urge el cambio para no perder las oportunidades.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 08/07/2019, 23:32

Algunas precisiones sobre la "Mesa Redonda" de Randy Alonso

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Qué pena de pérdida de tiempo! ¡Qué lástima de “Mesa Redonda” con Randy asintiendo a todo lo que iba escuchando de la larga perorata de los ministros asistentes y de Díaz-Canel? Ni una sola pregunta crítica, ni tampoco comentario editorial independiente que pudiera cuestionar las afirmaciones que se vertieron en dicho espacio, que se supone informativo. A los ciudadanos se les dice lo que hay que hacer, y nadie puede cuestionar la orden suprema. Los regímenes autocráticos funcionan de este modo. Todo fueron aplausos y beneplácitos hacia el sistema político en que la opinión alternativa simplemente es reprimida.

Y la realidad es que existe un modelo alternativo para la economía cubana. Aunque no se comunique a los ciudadanos. El secuestro de esas ideas es una lástima, pero estoy convencido que los cubanos las conocen, tienen muchas referencias de las mismas, de su éxito para prosperar y las echan en falta. Y por ello son conscientes que los “parches” no van a servir para que la maltrecha nave de la economía remonte el curso. Cuando escucho a los participantes en esta “Mesa Redonda” me vienen a la mente recuerdos ya lejanos, como aquella campaña de la zafra de los 10 millones que se iban a alcanzar a cualquier coste, movilizando todos los recursos de la llamada “revolución” para ello.

El fracaso fue rotundo, y lo peor es que la economía cubana quedó tocada y tardó más de un lustro en recuperarse del esfuerzo realizado pese a las generosas subvenciones soviéticas. La verdad es que en aquel momento, la presentación del objetivo, que se sabía inalcanzable por Fidel Castro, era mucho más motivadora que los actuales mensajes grises de los ministros de Díaz-Canel. La sensación que he tenido al final del programa, tras escucharlos a todos, es que no se creen lo que piensan y están haciendo, pero callan lo que es objetivo: las medidas adoptadas van a servir de poco para reanimar al paciente gravemente enfermo: la economía cubana.

No sé cuando se darán cuenta que una economía es otra cosa. Una economía es un espacio temporal y general en el que los agentes que operan en la misma toman decisiones informadas, basadas en datos objetivos, que tratan de promover el máximo bienestar. Y cuando logran este objetivo, de forma simultánea, consiguen las mejores condiciones para todos. Nadie tiene que dirigir a nadie. Los agentes económicos toman millones de decisiones que se relacionan entre sí, sin que nadie tenga que planificar, dirigir o controlar nada.

Cualquier intento de poner límites o barreras a este proceso espontáneo acaba siendo un fracaso. Los recursos existentes en una economía se asignan de forma eficiente sin que nadie tenga que decidir por los demás. No existe una preeminencia en la toma de decisiones entre iguales. Cierto es que las preferencias y gustos condicionan la libre elección, lo mismo que las rentas disponibles que se obtienen de la prestación del servicio de trabajo en el mercado laboral. Todos los precios y mercados se encuentran relacionados. Hay un flujo circular de la renta que describe el proceso de intercambio de bienes y servicios acompañado de la dinámica monetaria que incorporan los precios. El estado, un agente más, se integra en el flujo circular por medio de sus políticas de asignación, estabilidad y distribución.

Las autoridades cubanas muestran un gran desconocimiento del funcionamiento de una economía. Con respecto al aumento de salarios en el sector presupuestado, la ministra de trabajo explicó sus dudas sobre la forma de calcular la productividad en las actividades de este sector, como una clase en una escuela o una operación en un quirófano. La ministra dice que no sabe medir la productividad en estos servicios y por tanto, considera que la misma no va a tener influencia en la determinación de los nuevos salarios que se incrementan para los profesionales que laboran en este sector, alrededor de 1,5 millones de personas. Imprudente afirmación, cuando se van a movilizar 7.500 millones de pesos para pagar esos salarios más elevados, casi un 8% del PIB de la economía.

Pues bien, hay que aclarar a la ministra que los servicios también se miden en términos de productividad y en las economías avanzadas donde los servicios ocupan una parte cada vez más relevante del PIB, el valor de los servicios es fundamental. Además, de todos los servicios, tanto los privados de mercado, como los públicos, del sector presupuestado.

En una economía moderna, no tiene sentido establecer esa distinción, porque el valor de la productividad es el mismo. Podría recomendarle más de media docena de publicaciones científicas en las que podría comprobar cómo aspectos relacionados con la calidad, la mejora continua, la participación de los consumidores en el proceso, las quejas y sugerencias, las reclamaciones, la reingeniería de los procesos, entre otros, condicionan la productividad de los servicios, tanto privados como públicos. Y vaya si tienen importancia y condicionan los salarios que se pagan a los profesionales.

Pronto se verá que aumentar los salarios no beneficia al sector presupuestado, ni tampoco a la economía. Es pan para hoy y hambre para mañana. De algún sitio del presupuesto deberá salir el monto destinado al pago de estos salarios más elevados (salvo un descontrol absoluto del déficit), sin respaldo de productividad se incrementarán los costes unitarios de producción, y ello se trasladará al resto de la economía, afectando al resto de formas de propiedad, dado el peso que tiene el sector presupuestado en la economía. Los incrementos de precios se producirán seguro, y no vendrán de la demanda, ese es el gran error, porque el aumento salarial es muy escaso, y no da para grandes alardes de gasto. Sin embargo, se van a producir y a la larga erosionarán las rentas del resto de los agentes, y si se practican medidas de regulación y controles de precios, o precios topados, la situación será la misma de siempre, incluso peor, racionamiento general.

Me gustaría equivocarme, pero no puedo tener buenas perspectivas para la economía cubana en los próximos meses. Quienes culpan a las medidas de Estados Unidos de parte de la responsabilidad de la situación actual de la economía, tampoco quieren reconocer el origen de los problemas. El victimismo castrista cada vez tiene menos espacio. Los problemas se encuentran en el bloqueo interno y la incapacidad de adoptar medidas para que la economía cubana retorne al mercado y los derechos de propiedad, única salida de la crisis y atraso en que se encuentra. Si de verdad se quiere que todos participen en el devenir de la economía, sin esas “actitudes irresponsables o vanidades” que mencionó Díaz-Canel en la mesa redonda de Randy, lo que se tiene que hacer es facilitar ese marco para que los cubanos puedan actuar libremente y tomar decisiones eficaces. La contabilidad en una economía es necesaria, pero no suficiente. La libertad, tarde o temprano, se debe abrir camino.
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Re: CUBA Y LA ECONOMÍA CASTRISTA

Messaggioda Guajiro. » 15/07/2019, 17:32

¿Criptomonedas en Cuba? No, gracias

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Un poco de seriedad, ministro. Me pensaba que era una broma de mi interlocutor, pero resultó que no. Cuando escuché íntegramente el aburrido espacio de la “Mesa Redonda de Randy” en la que nunca hay una opinión contraria a la de los dirigentes que acuden a dar sus arengas a los televidentes, pude comprobar aquello de lo que no podía dar crédito.

Después, los medios de comunicación empezaron a hacerse eco de la noticia. No es para menos. Resultó que el ministro de economía de Cuba, si, tal como lo oyen, no se trata de ninguna broma o choteo al más puro estilo cubano, dijo en la Mesa Redonda que “estamos planteando estudiar la aplicación de la criptomoneda en las relaciones comerciales nacionales e internacionales (...). Hay que ver cómo se pueden incorporar medidas de este tipo que nos permitan avanzar buscándole solución a los problemas”. Y se quedó tan tranquilo.

Como en Cuba nadie puede cuestionar este tipo de majaderías y boberías, tenemos que recurrir a los espacios de libertad de las redes sociales para hacer llegar a los ciudadanos cubanos un mensaje alternativo que ponga en cuestión afirmaciones de este tipo.

“Criptomoneda, ¿para qué?” Habría dicho probablemente Fidel Castro, parafraseando su frase de 1960 cuando en pleno fervor revolucionario, no hizo caso alguno a aquellos que le reclamaban la convocatoria de unas elecciones democráticas, que nunca llegaron. El ministro Gil, delante de Díaz-Canel y otras dos ministras, habló de una criptomoneda cubana, por lo que es de suponer que cuenta con el apoyo de su máximo dirigente político, Díaz-Canel. Inconcebible.

Vaya por delante que Cuba, su economía y sociedad en las actuales condiciones, no está para este tipo de enredos y pérdidas de tiempo “estudiando y analizando”. Si el ministro estuviera bien asesorado, debería saber que una criptomoneda.o dinero digital, como el Bitcoin, es un medio que se apoya en las innovaciones tecnológicas más avanzadas de la cuarta revolución industrial, y que se intercambia de forma electrónica para realizar todo tipo de transacciones, generalmente de alto valor cuantitativo. El apoyo y la solvencia de la criptomoneda se encuentra en las modernas tecnologías digitales, los ordenadores, internet y los sistemas de valor almacenados digitalmente.

Yo le pregunta al ministro Gil, ¿tiene Cuba actualmente algo de eso? ¿Lo puede tener en un plazo razonable? ¿Está preparada? ¿El grado de informatización y digitalización de la sociedad cubana justifica una acción de estas características? Mucho me temo que no. Que lo “cripto”, la codificación o encriptación matemática utilizada para crear, almacenar y transferir la moneda digital, puede incluso estar lejos de las posibilidades reales de la economía cubana en décadas, y del estado de la tecnología de la isla. No veo al castrismo creando una criptomoneda más, que se sume a las cerca de 30 que existen actualmente, con mayor o menor éxito a nivel mundial. Sinceramente, no lo veo.


En vez de anunciar que se está estudiando este tipo de boberías, creo que el ministro de un país que se encuentra al borde de la bancarrota, ha perdido una gran ocasión para explicar en la “Mesa Redonda” cómo piensa eliminar la perjudicial dualidad monetaria que golpea a la economía cubana día tras día, y que lleva más de un cuarto de siglo paralizando las potencialidades productivas del país. Eso si que es críptico, nadie sabe por qué ha durado tantos años la dualidad monetaria, y por qué tienen tanto miedo a hacer los deberes. Es precisamente en este ámbito donde el ministro tiene espacio para trabajar en lo que es absolutamente necesario para la economía, y no lo superfluo.

Si lo que pretende el ministro Gil es “animar la producción nacional, diversificar e incrementar las exportaciones, e sustituir importaciones”, no es por medio de una criptomoneda cuabana como lo va a conseguir, sino con más productividad, credibilidad, esfuerzo, talento y motivación, variables que se tienen que poner a funcionar cuanto antes en la maltrecha economía cubana a partir de un nuevo marco jurídico respetable para el ejercicio de los derechos de propiedad por todos los cubanos.

Al ministro hay que explicarle que si realmente quiere impulsar la economía, la puesta en práctica de criptomonedas ni es solución, ni tampoco es viable, en las actuales condiciones de atraso tecnológico y digital de la economía cubana. Tal vez, el ministro esté pensando en usar las criptomonedas como medio para sortear los controles de capitales y acceder a mercados financieros internacionales, al margen de los grandes operadores con los que Cuba ya no puede obtener más crédito. Realmente, la situación de deuda de Cuba es tan desesperada que cualquier cosa es posible.

Si cree, de veras, que esto es posible y que por medio de una criptomoneda va a poder hacer algo contra las posibles sanciones de EEUU a la economía cubana, es que no tiene muy claro lo que está pasando actualmente en la economía mundial y por ello, mi consejo es que no se meta en líos. No veo a los hoteleros españoles o los mineros de Canadá y Holanda operando con criptomonedas. Insisto, este tipo de propuestas, lanzadas por un ministro de economía, lejos de ayudar a resolver los problemas, plantean serias dudas sobre la capacidad de los dirigentes del país para superar las graves dificultades. El silencio cómplice de Díaz-Canel, los delata.


Al final, resultó que era verdad. En la “Mesa Redonda de Randy” el ministro Gil habló de las criptomonedas, como instrumento para impulsar la economía cubana y estudiar su aplicación en las relaciones comerciales nacionales e internacionales. No era efecto del choteo cubano. La diferencia entre una democracia moderna y un sistema autocrático, como el castrista, es que en el primer caso habría personas dispuestas a cuestionar las afirmaciones y declaraciones del ministro, plantear escenarios alternativos y viables. En Cuba eso no es posible.

De forma imprudente, anunciar una criptomoneda por parte del ministro de economía de un país, dice muy poco de sus prácticas y credibilidad. Alguien se lo debería haber dicho. De ese modo, los ciudadanos televidentes podrían tener las dos o más aristas del problema, y no solamente la que impone el poder político. En Cuba, lo único que hubo fue lo mismo de siempre: el aplauso y la sonrisa complaciente de Randy y los ministros y viceministros. Y así les va.
¡¡¡¡ A Cuba todo es posible ...... nada está seguro !!!!
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